¿Emociones? ¿Cuán consciente eres de ellas? ¿En qué emoción estás ahora mismo? ¿Qué te permite esa emoción? ¿A qué acciones te acerca? ¿A qué resultado? ¿De qué te aleja? ¿En qué emoción están las de las personas que te rodean?

Las emociones son como un carro de caballos: puedes dejar que el carro de caballos tire de ti, por lo tanto, son las emociones las que te controlan; puedes coger el carro de caballos y guardarlo en el establo. Con esto, reprimes o evitas tus emociones; o puedes conducirlo, y entonces, eres tú el que gestiona lo que siente.

La emoción de preocupación, es quizá la  forma más habitual que nos lleva a experimentar ansiedad y miedo en nuestra cultura. La preocupación es el mecanismo que te mantiene inmovilizado ante algo que está en el futuro y sobre lo que normalmente, careces de control.

En  el extremo opuesto de la preocupación tenemos la reflexión constructiva acerca de un problema  que nos permite dar con la solución adecuada y con ello convertirlo en reto.

La pregunta es: ¿ES MÁS GRANDE QUE YO? Si percibes que una situación, es más grande que tú, es decir, que no cuentas con los recursos suficientes para afrontarla, o que no sabes como gestionar, entonces, sientes ansiedad o sientes miedo. El miedo y la ansiedad, tienen dos respuestas habituales: la paralización o inmovilización (no reaccionas) o la conducta de evitación: evitas aquella situación, persona, lugar… que te genera estas emociones.

Toda preocupación se asienta en el estado de alerta ante un peligro potencial. Nosotros tenemos un cerebro hecho para sobrevivir. Somos más emocionales que racionales. Digamos, que si el cerebro fuese un iceberg, la lógica o la razón sería la punta del iceberg. Primero decide tu cerebro emocional y después el racional lo procesa y lo explica.

Nuestro cerebro funciona a partir de las emociones, y aunque podemos razonar muchas de las cosas que nos pasan, tenemos mecanismos de defensa, miedos, creencias que nos limitan para conseguir lo que queremos y que nos condicionan a nivel emocional para superar nuestros miedos. Aquí tienes un plan para resolverlo , pero te cuesta llevarlo a la práctica dale un vistazo a esto, te puede interesar participar!

 

El neurocientífico Paul D. MacLean  en si libro The Triune Brain in Evolution (El Cerebro Triuno en Evolución), nos explica como el cerebro consta de tres partes: el Complejo Reptiliano, el Sistema Límbico y el Neocórtex.

El Complejo Reptiliano, nuestro cerebro más primitivo, sería el responsable de que tengamos comportamientos y pensamientos instintivos para sobrevivir. Es el que actuaría en situaciones límite, donde no necesitas pensar, sino reaccionar rápidamente, como cuando ves que alguien te puede robar y sales corriendo o cuando retiras tu mano porque te vas a quemar.

En el Sistema Límbico  está el origen de tus emociones. Su premisa es huir del dolor y acercarse al placer. En él se encuentra la amígdala, que son dos estructuras que se sitúan detrás de nuestros ojos, y donde quedan registradas la carga emocional de cada una de las cosas que vivimos. Por otro lado, la información de los recuerdos quedaría registrada en otra estructura llamada Hipotálamo. Éste asocia los recuerdos, con las emociones. Por ejemplo: si escuchas una canción que te recuerda a una persona especial, tu hipotálamo diría: recuerdo (canción) y tu amígdala diría: emoción (nostalgia, melancolía, alegría, tristeza…)

Por último el Neocórtex o corteza cerebral sólo se encuentra en los mamíferos más evolucionados, y en los humanos y es el responsable de hablar, razonar, de la percepción y de la abstracción.

Por lo tanto, tu cerebro primitivo o Complejo Reptiliano decide, tu Sistema Límbico o emocional siente, y el nuevo cerebro o Neocórtex, piensa.

Si quieres superar tus miedos, tu ansiedad, o aquello que no te deja seguir adelante, tendrás que traerlo al plano consciente, comprobar cómo te influye y decidir luego cómo actuar. Recuerda que si no sabes como comenzar tu sólo, siempre puedes pedir ayuda profesional. A medida que lo vayas haciendo, te darás cuenta que cuando cambias tu forma de ver las cosas, las cosas cambiarán. Y de cómo la coherencia entre lo que deseas y lo que consigues es cada vez mayor.

¿Para qué es importante aprender a gestionar tus emociones?

Para poder ser tú el que conduzca tu carro de caballos. Porque si bien no sabemos con exactitud dónde se almacenan la actitud, la conciencia, las creencias, las decisiones o la experiencia, sí sabemos que se pueden cambiar. Y que cuando las cambias, lo que ves, sientes, piensas o decides hacer, también cambia.

En muchas ocasiones, hablar de emoción, especialmente en el entorno laboral, sigue siendo algo tabú, prohibido e incómodo. Estamos más acostumbrados a manejarnos en entornos que pretenden ser asépticos, que aspiran a quirúrgicamente extirpar el lado emocional de las situaciones. Pretenden y aspiran, que no logran. Tales intenciones nunca prosperan.

Científicamente se ha demostrado que las emociones no son de humo, que las emociones son del cerebro y que las emociones están y que no hablar de ellas, no reconocerlas, no las hace desaparecer. Y también se sabe que una emoción no se evapora sino que si no se acepta y se trata de reprimirla, saltará por los aires en un grado superlativo.

En mi experiencia he aprendido, vivido y logrado que es posible cambiar la emoción.  Sabemos que para hacer determinadas acciones hay que estar en determinada emoción. Que hay una relación entre emoción y acción y por tanto, resultado. Y que el coaching es una excelente herramienta para este tipo de cambios. Para pasar de una emoción a otra que sí nos acerque al objetivo.

Lo que es posible desde una determinada emoción es imposible desde la emoción contraria o inversa. Y, por lo tanto, que si queremos alcanzar el reto deseado se hace imprescindible conectar con la emoción adecuada que permite el cambio necesario. Cambio, crecimiento, aprendizaje y resultados son el material de trabajo nuestro de cada día y que no suceden o no son posibles, las emociones involucradas.

Esta es una relación básica entre emoción y acción.

Después de leerla. ¿En qué emoción estás? Reconócela, acéptala sin juicios. ¿En cuál necesitas estar para alcanzar el objetivo?

Y ahora, ¿qué vas a hacer para generar esa emoción? Sí,  esa es tarea tuya. Si pensamos que la mayor responsabilidad de una persona es generar el contexto adecuado para que las cosas sucedan, en mi opinión el contexto emocional que la persona genere tiene un peso específico y es preciso abordarlo en profundidad.

RETO Nº 1 : PARA ENAMORARTE DE LA VIDA

“Los grandes viajes empiezan con un primer paso” Lao Tse.

Apunta durante una semana aquello que te produce bienestar o placer. Programa varias alarmas a lo largo de la semana para acordarte del reto.

Agradece. Escríbelo y comparte. O haz fotos que refejen esos momentos especiales y crea un collage. O grábate en un vídeo contando en voz alta esos momentos que te hacen feliz. El resultado podría ser algo así como esta imagen del inicio.

Sube tu resultado en tus redes sociales: Facebook, Twitter o Instagram… para inspirar a otros.

¿Cuál es tu propio reto ahora?

 

 

Con amor y gratitud, abrazos

Anna Beusam

 

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