Tengo algunas mentiras para descubrir

A menudo, hablando con algún Coachee sobre cómo mejorar su autoestima, me doy cuenta de la cantidad de creencias equivocadas que tenemos al respecto.

Ideas de lo que es y lo que sirve para mejorarla que no tienen nada que ver con la realidad.

Lo peor suele ser que la persona que me lo cuenta, al pensar así, sin darse cuenta se está saboteando a sí misma. Es decir, quiere mejorar su autoestima, pero sin darse cuenta lo que está haciendo la empeora. Supongo que alguna vez a mí también me pasó.

Por eso, para que, quien quiera mejorar su autoestima deje de dar palos de ciego por  creer cosas que no son ciertas, en este post he querido reunir las doce mentiras más habituales sobre la autoestima.

Porque, para bien o para mal, el concepto que tenemos de nosotros mismos lo es todo. Nos condiciona a la hora de creernos capaces o no de alcanzar un objetivo y también en el momento de afrontar los obstáculos que nos encontremos.

1. Las personas con una buena autoestima no piden ayuda.

¡Ja! Lo cierto es que las personas con una buena autoestima no tienen problema para pedir ayuda. Lo hacen porque saben que el hecho de pedir ayuda es señal de su fortaleza, nunca de su fragilidad.

Del mismo modo que las personas con una buena autoestima pueden ser buenas personas y parecerlo. Porque no tienen miedo a parecer tontas y porque no necesitan parecer muy espabiladas para valorarse ante los demás.

2. La autoestima se puede tener alta en un área y baja en otra. Por ejemplo, tener una buena autoestima en el deporte y mala en las relaciones personales.

En mi opinión, no es así. Una cosa es que en un área tú reconozcas tus fortalezas y tus capacidades, por ejemplo en los deportes. Pero tu autoestima es algo diferente, es la imagen que tienes de ti como persona, lo capaz que te sientes, lo que te valoras, lo que confías en ti, lo que te esfuerzas… Y precisamente porque se refiere a ti como la persona completa que eres, no varía de un área a otra.

Si sabes lo que vales, si sabes a dónde puedes llegar, si sabes que estás preparado, si te sientes capaz y motivado para esforzarte y para conseguir tus objetivos, da igual el área de tu vida en la que estés pensando.

3. Exigirte y castigarte cuando haces algo mal mejora tu autoestima.

No, no era así cuando éramos pequeños y sigue sin serlo ahora. A nadie le hace sentir mejor que le castiguen cuando comete un error. Y tampoco funciona si el castigo te lo impones tú.

Los errores no son para castigarnos por ellos. En cambio, si sabes mirarlos de la forma adecuada, te dan mucha información. Las personas con una autoestima sana miran sus errores a la cara, para aprender de ellos y para saber lo que no quieren volver a hacer. Y no se machacan porque saben que eso no les ayudaría a mejorar, sino todo lo contrario.

4. Tu autoestima depende de lo que los demás opinen de ti.

Falso. En todo caso depende de lo que tú crees que los demás opinan de ti. Y lo curioso es que la mayoría de las veces, a no ser que les hayas preguntado, no coincide. Vamos, que me valoro lo que creo que los demás me valoran, y no lo que en realidad me valoran.

Además de que el que se infravalora tiende a creerse más los comentarios negativos que escucha de sí mismo, mientras que el que se valora se cree más los positivos. Es decir, ambos alimentan su propia creencia.

Pero, sobre todo, que el que necesita buscar el reconocimiento de los demás para valorarse no puede tener una buena autoestima. Porque lo que digan los demás nunca tendrá el poder de cambiar lo que eres tú. Ni para bien, ni para mal.

5. Las personas con una buena autoestima son perfectas.

No, no son perfectas. Meten la pata, tienen días malos, lloran, se enfadan… La diferencia es que eso no afecta a la imagen positiva que tienen de sí mismas porque saben y aceptan que no todo es (ni va a ser nunca) color de rosa.

De hecho, un indicativo bastante claro de que una persona necesita mejorar su autoestima es que siga pretendiendo ser perfecta. Dado que ser perfecto es un imposible, sólo cuando dejas de querer ser perfecta puedes empezar quererte a ti misma como eres. Con tus  luces y tus sombras. Aceptando lo que te gusta y lo que no. Porque sólo desde esa aceptación podrás empezar a actuar para mejorarlo.

6. Una persona con autoestima es humilde y no dice lo que hace bien ni lo que le gusta de sí misma.

Aiiig!, ¡dichosa humildad mal entendida! Decir lo que vales, reconocer tus méritos o dar la imagen de gustarte a ti mismo no tiene nada que ver con una falta de humildad.

Humildad no significa quitarte valor. Humildad más bien es aceptar tus áreas de mejora, reconocerlas ante los demás y no mostrarte ni sentirte superior a otros.

7. Las personas tóxicas impiden que mejores tu autoestima.

No exactamente. Más bien lo que pasa es que una persona con una baja autoestima tiende a rodearse de personas que no la tratan bien. Porque de alguna forma los demás nos tratan como nos tratamos a nosotros mismos.

Es decir, si tú no te valoras, buscarás a alguien que no te valore. Si te desprecias, buscarás a alguien que te desprecie. Si te maltratas, buscarás a alguien que te maltrate. Ni siquiera es necesario que seas consciente de este automaltrato, de hecho la mayoría de las veces no lo somos.

Así que las personas tóxicas pueden ser a la vez causa, señal y consecuencia de alguien con una baja autoestima, pero nunca son un obstáculo para mejorarla.

8. Para quererte tú, primero tienes que querer a los demás.

Al revés, para querer de una forma sana y ecológica a los demás, primero tienes que quererte tú. Si tú no te quieres, no puedes querer a otros.

El problema es que hay quien busca en los demás el camino para reforzar el concepto que tiene de sí mismo. Y no, no está ahí. No son los demás los que tienen que hacernos felices, ni tampoco nosotros a ellos.

Nadie podrá darte lo que no te estés dando tú… Cuando te das cuenta de eso dejas de necesitar que los demás te hagan feliz. Y así es como también dejas de pretender hacer felices a los demás.

9. A más grandes éxitos coseches, mejor será tu autoestima.

No, tu autoestima crece con los pequeños logros de cada día, Cada vez que lo intentas, incluso aunque falles… Cada vez que te superas, cada vez que haces algo sencillo a lo que antes no te atrevías, cada vez que estableces un compromiso contigo mismo y lo cumples…

Se lo repito muchas veces a mi nieta que, con casi tres años, ya se ha dejado embaucar por eso de ser el primero. “He ganado, he ganado”, le oigo gritar.

Nos equivocamos cuando le decimos a un niño que tiene que ganar, porque le estamos enseñando a que su autoestima dependa de algo nunca dependerá por completo de él. Estamos haciendo que necesite ganar para sentirse bien, que viva empeñado en ser el primero, y que se frustre y se sienta incompetente si eso no pasa.

Y no, para que tu autoestima sea sana necesita basarse en tu capacidad de superación, de aprender y de hacerlo mejor cada día. No mejor que nadie, sino mejor que lo que lo hiciste tú mismo la última vez. Así es como te volverás imparable, mucho más que si sólo te preocupas por ganar al de enfrente.

Así que, como le digo siempre a mi nieta, “esfuérzate por hacerlo mejor que ayer, mucho más que por hacerlo mejor que el otro”.

10. Las personas fuertes, autoritarias y dominantes tienen una buena autoestima.

Esto es una idea muy extendida, que las personas con carácter y avasalladoras, esas que parecen tenerlo todo muy claro y que se llevan a quien haga falta por delante, son así porque están muy seguras de sí mismas.

Ya he comentado, que esto no suele ser cierto. Que muchas personas usan la agresividad, el ataque y la culpa como un bálsamo para su sentimiento de inferioridad. Es decir, se muestran superiores para esconder ante los demás y ante sí mismas que en realidad se sienten inferiores.

11. Las personas con una autoestima baja deberían ponerse metas bajas.

Pues no, por dos razones. Primero, porque las personas con una autoestima baja se ponen metas bajas no porque no sean capaces de conseguir algo mejor, sino porque no se creen capaces. Es decir, sus metas no tienen nada que ver con su capacidad, sino con lo que ellos creen de su capacidad. Y así es como se ponen metas por debajo de sus posibilidades…

Y, segundo, porque en las metas normalitas, las que se pone la mayoría de la gente, hay más competencia que en las metas altas, y eso hace que, paradójicamente, sea más difícil alcanzar las metas normalitas. Por eso mismo hay más personas pidiendo trabajo de cajeros que de jefes de supermercado.

12. Tu autoestima es la que es y no puede cambiar.

Sí que puede cambiar. Hay personas con una autoestima medianamente buena a las que un día les pasa algo que hace que dejen de confiar en sí mismas (si hubiera sido del todo buena no les habría pasado eso).

Lo mismo que hay personas con una baja autoestima, como lo era yo, que deciden aprender a creer en sí mismas, a quererse y a darse valor. Y que lo consiguen.

Y no es que unos puedan y otros no. En realidad, que logres mejorar tu autoestima depende de tu actitud hacia ti y hacia tus circunstancias, mucho más que de las cualidades que tengas o de lo que te pase.

Es decir, casi todo depende más de que crea que puedo lograrlo… Por eso, si empiezo a abrir la mente, veré que no hay más límites que los que yo me ponga.

¿Qué me dices? ¿Cuál de estas mentiras te habías creído tú? Espero que me lo cuentes en los comentarios aquí debajo :-).

 

PERSEVERANCIA

Una amiga preciosa, que tiene un lugar especial en mi corazón, me envió una foto de un troco solitario y en medio la fuerza emergente de un brote precioso, reinventando el arbol completo. Debajo de la foto escribió una sola palabra: “persevera”.

¿Alguna vez te has encontrado en una situación en la cual sabes que vas en la dirección adecuada, pero no te llegan los resultados que esperabas?

Hay ocasiones en las que te puede parecer que nunca vas a llegar a tener el éxito que deseas, que nunca tendrás la relación de pareja que te gustaría tener, etc. Quizá te cuesta creer que lo “único” que te falta es seguir adelante, disfrutar el presente y simplemente fluir.

Es demasiado fácil ponerte metas y frustrarte cuando tus planes de acción se ven perjudicados por algún acontecimiento o alguna acción ajena a tu voluntad. Lo difícil es darte cuenta de que todo pasa por alguna razón; eso es lo que debes aceptar para poder seguir adelante con tus planes, adaptando las nuevas circunstancias a tu vida de la mejor manera que puedas.

Si vives tu vida pensando que los demás actuarán del mismo modo que tú actuarías en determinadas circunstancias, tarde o temprano te verás abrumado por un cúmulo de expectativas que no serán cumplidas. No puedes darte el lujo de desanimarte por acciones que son ajenas a ti, concéntrate en lo que tú haces, lo que tú puedes hacer y lo que tú quieres hacer… ¡y hazlo!

Creo que el secreto está en seguir caminando, en dejar que las lecciones que la vida te trae te ayuden a crecer y a desarrollarte, tanto a nivel personal como a nivel profesional.

Acepta las “injusticias” y el “mal actuar” de otras personas, como si fueran movimientos inesperados del timón que te ayudan a cambiar de rumbo o ajustar la ruta de tu vida. Acepta también que los demás no son como tú, ni tampoco tienen por qué serlo.

Recuerda que todo lo que tenga que ser, será; cualesquiera que sean los detalles de tu vida, todo está y estará bien.

Ten paciencia y persevera, porque ahí residen los beneficios que te ayudarán a seguir adelante:

  • Llegarás a tener más fuerza interior al descubrir lo que te motiva.
  • Desarrollarás un profundo sentido del compromiso, lo que te ayudará a terminar las tareas que comienzas.
  • Aprenderás a conducir tus dificultades y convertirlas en oportunidades para crecer.
  • Comprobarás que ni el cansancio, ni el desánimo se comparan con la maravillosa satisfacción de llegar a tu meta, la recompensa a tu esfuerzo.
  • Crecerá tu fuerza de voluntad y eso te ayudará a ser disciplinado, decidido, valiente y responsable.
  • Obtendrás la motivación indispensable para buscar la información que necesitas para poder seguir tu camino.
  • Se incrementarán tus logros, el darte por vencido será una cosa del pasado; con la suficiente fuerza y motivación, sumada a tu perseverancia, llegarás a alcanzar todo lo que te propongas.

En esencia, si aprendes a utilizar tu perseverancia, conseguirás un mejor futuro, para ti y para los tuyos.

¡No te dejes desanimar por las circunstancias temporales, déjate animar por los muchos logros que ya tienes en tu vida y por las personas que creen en ti! Escucha lo que estas personas te digan, créeles y dales la razón siguiendo adelante hacia tu meta.

Si cada vez que ves un obstáculo en tu camino perseveras, tarde o temprano llegarás a tu meta deseada. Y cuando ocurra esto… tendrás una sola opción… ¡seguir adelante a por la siguiente meta!

¡La perseverancia en el presente te llevará a un futuro con regalos!

¡Te mando un cálido abrazo lleno de energía y entusiasmo!

Anna Beusam

Invitación Especial

Si al leer esto te sientes identificado/a y creés que estos principios pueden ayuarte, te invitamos a realizar nuestro

Programa – Entrenamiento Intensivo: PROGRAMA RE-INVENTARSE, encuentra tu camino y sube al siguiente nivel.

Uno de los objetivos del Programa es ayudarte a implementar estos principios en tu vida cotidiana y en diferentes ámitos (familia, trabajo, personal). Por medio de nuestra metodología (encuentros presenciales, actividades de aprendizaje y un mentor coach) trabajamos sobre las emociones, conversaciones y acciones y pareja e hijos para que logres un cambio tranformacional que te permitirá tener «Mejores Vínculos y Mayores Resultados en la Familia y el Trabajo.

Más info sobre el Programa – Entrenamiento Intensivo

La misión de re-inventarse. com es divulgar inspiración, conocimientos y claves prácticas de desarrollo personal y profesional para que las personas puedan disfrutar de vidas más plenas y significativas. Trabajamos en esta misión a través de este proyecto RE-INVENTARSE.

Anna Beusam es Coach Personal y Formadora. Lleva más de 25 años formando y ayudando a las personas a crearse una vida extraordinaria consiguiendo sus metas y sobretodo amante de la vida y de los seres humanos. Con pasión, humor y energía, Anna te ayuda a replantearte tus creencias limitantes y te reta a salir de tu zona de confort para actuar y conseguir lo que deseas.Te anima a la acción para que compruebes que es posible ir mas allá, mas lejos, a que te atrevas a soñar en grande, a que lo consigas. Vive y trabaja para iluminar y hacer brillar la grandeza de las personas.

 

Ayudar a los demás.

Ayudar a los demás… Ofrecer nuestra experiencia, nuestro consejo, cuando vemos que alguien está pasándolo mal. Dar una mano. Muchos de nosotros tenemos empatía y nos duele el sufrimiento ajeno. Nos gustaría ayudarles, nos gustaría evitarles ese dolor. Nos gustaría que no se sintieran frustrados….. pero , a veces, ayudar al otro es mucho más perjudicial que beneficioso. ¿No me crees? Te dejo un cuento para que lo medites.

Cuentan que un hombre, mientras paseaba por un campo cercano a su casa, encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a casa para poder ver cómo nacía. Un día se dió cuenta de que había un pequeño orificio en el capullo, y entonces se sentó a observar, durante varias horas, cómo la mariposa luchaba para poder salir de allí.

Vio cómo se esforzaba para poder pasar su cuerpo a través del pequeño orificio. Hubo un momento en el que parecía que ya no progresaba en su intento. Daba la sensación de que se había quedado trabada. Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y, con unas tijeras pequeñas, hizo un corte lateral en el orificio para agrandarlo y facilitarle la salida. Así fue como la mariposa vió la luz. No obstante, tenía el cuerpo muy hinchado y las alas pequeñas y dobladas.

El hombre continuó observando, esperando a que, en cualquier momento, las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar el peso del pequeño cuerpo de la mariposa. Nada de eso sucedió, y la mariposa sólo podía arrastrarse en círculos, con su cuerpo deformado y las alas dobladas… Nunca llegó a volar.

Lo que en su ignorancia no entendió el hombre, inmerso en su espíritu salvador, es que la restricción de la abertura del capullo, y la lucha de la mariposa por salir a través del agujero diminuto, era la forma en que la naturaleza forzaba a los fluidos de su cuerpo a ir hacia las alas a fin de que se hicieran grandes y fuertes para poder volar.

La libertad y el vuelo sólo pueden llegar después de la lucha y el esfuerzo. Y al privar a la mariposa de su lucha, ayudándola a salir del capullo, también le privó de su libertad y de su capacidad de llegar al cielo.

Recuerda, que las personas, para crecer, para romper su capullo, necesitan estar preparadas. Aunque sufran…. no pasa nada, eso les ayudará a tener más fuerzas para  crecer mejor.

¡Te mando un cálido abrazo lleno de energía y entusiasmo!

Anna Beusam

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Una historia inspiradora.

La metáfora de la oruga y la mariposa no es nueva pero sigue siendo eficaz. La oruga desaparece en una realidad y nace en otra, esta vez, como mariposa con alas. Para volar debe dejar atras su anterior vida de oruga y no parece que sea una gran pérdida.

 

En cierta ocasión, con el primer sol de la mañana, una oruga caminaba a paso vivo en dirección a la montaña. Junto al camino, un saltamontes -con sus cuatro manos en los bolsillos- le preguntó:

-¿Hacia dónde te diriges oruga?

Y ésta sin dejar de caminar, pues avanzaba poco a poco y no ténia tiempo que perder, le contestó:

Tuve un hermoso sueño anoche: soñé que desde la cima de la gran montaña admiraba el valle. Me gustó tanto esa visión que he decidido hacerlo realidad.

El saltamontes, mientras la oruga se alejaba poco a poco, dijo:

-¡Debes de estar loca!¿cómo podrás llegar hasta la cima? ¿tu? ¿una insignificante oruga? Para ti una piedra será un monte, un charco un océano, una rama un estorbo y cualquier obstáculo el final de tu sueño.

Pero la oruga no le hizo ningún caso y siguió avanzando a paso lento pero decidido, sin apartar la cima de la montaña de su vista.

A mediodia, un feo escarabjo le preguntó hacia dónde se dirgía con tanto empeño bajo aquel sol de justicia. La orgua, secándose la frente con un pañuelo, contó de nuevo su sueño, esta vez el escarabajo, que estallo en una gran risotada de burla:

-Ni yo, teniendo unas patas más grandes que las tuyas, intentaria alcanzar la cima.

Y se hizo una bola sobre sí misma y bajo rodando por la ladera, como a ella tanto le gustaba.

Por la tarde, una araña le aconsejó a la oruga desistir de su ambicioso empeño en alcanzar la cima:

-¡No lo lograrás jamás! le dijo- Yo lo intenté y fracasé. Hazme caso, no se está tan mal aquí. Y se fue a merendar un mosquito que acaba de quedar atrapado en su red.

A esa hora, el sol se retiraba a descansar, caia la noche y agotada y sin fuerzas la oruga decidió descansar tambien.

Con la noche llégó el frío. Con el último esfuerzo de la jornada construyó un lugar donde pasar la noche un simple capullo prendido de una ramita.

-Esta misma noche abrazaré mi sueño.- Y eso fué lo último que dijo antes de “morir” de puro agotamiento a una vida y “nacer” por pura ilusión a otra.

El saltamontes, la cucaracha y la araña fueron a compadecerse de la pobre oruga, el ser más loco de este mundo, que había construido su propia tumba mucho antes de poder alcanzar su sueño irrealizable, ¡Qué pena les daba!

Al dia siguiente, cuando amaneció el nuevo dia, aquellos pequeños animales que comentaban aún el descarado atrevimiento de la oruga y la severa advertencia que su muerte suponía para todos, vieron inesperadamente cómo aquel capullo comenzaba a quebrarse.

Al poco, y con gran asombro, vieron unas antenas que no podían ser de la oruga que creían muerta. Lentamente, emergieron unas hermosas alas naranjas de mariposa- que tampoco podian ser de la orgua- de dentro de aquel capullo.

La mariposa, ya con sus alas desplegadas, miró a su alrededor y levantó el vuelo en medio del asombro de todos.

Al poco la vieron perderse en el cielo en su alegre vuelo.

Ahora sí estaban seguros de que nada la detendría en su ascenso hacia la cima desde donde podría admirar todo el valle como había soñado.

Había muerto a una vida y nacido a otra por ver cumplido su sueño. Y así fué.

¿Te has parado alguna vez a pensar que lo que te separa de lo que anhelas eres tu mismo?

¡Te mando un cálido abrazo lleno de energía y entusiasmo!

Anna Beusam

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¿Esperarás toda la vida para ser feliz?



¿Esperas toda la semana a que llegue el fin de semana? ¿Esperas todo el año a que lleguen las vacaciones? ¿Esperas toda la vida para ser feliz?

Había una vez una oruga que vivía en el árbol de un bosque frondoso. Con ella vivían un montón de hermanas, que al inicio de la primavera habían eclosionado de los huevos de un nido incrustado en el hueco del árbol.

Nada mas nacer, nuestra amiga la oruga y sus hermanas, habían salido corriendo del nido, moviendo sus patitas en busca de aire, luz y alimento. Las orugas jubilosas se miraron las unas a las otras, reconociéndose como  hermanas y echando a correr para comerse los primeros brotes de tiernas hojas que empezaban a despuntar. En esos primeros momentos de vida todas ellas se encontraban dichosas, correteando por las ramas del árbol.

Pero también los pajarillos habían escuchado la llamada de la primavera y volaban entre las ramas para buscar el alimento de sus polluelos. En esta acción, algunas de las hermanas sufrían en sus propias carnes el apetito de los pajaritos, comenzando a disminuir drásticamente el número de la familia.

Así había pasado abril y mayo y al calor del sol de la madura primavera, las orugas empezaron a sentir un fuerte instinto que clamaba desde su interior. Las más precoces y valientes se colgaron de una rama y pasando por crisálidas, pronto se convirtieron en maravillosas mariposas. Corría junio y ya casi todas las orugas se habían transformado en bellas mariposas de preciosos colores, pero todavía quedaba un pequeño grupito, de no más de cuatro cinco orugas, que se resistían a transformarse. Entre ellas se encontraba nuestra buena amiga, la protagonista de este cuento. Todas ellas vivían felices, seguían correteando por el árbol con sus cortas patitas y seguían alimentándose de las hojas, ya cada vez más duras y leñosas.

Cierto dia una de las hermanas mariposas, se acercó a nuestra amiga y le inquirió para que se transformara en mariposa. Nuestra amiga le dijo que era muy feliz como oruga y que en esa forma de vida, tenía todo aquello que deseaba: hermanas para jugar, un árbol para correr y hojas para comer. La mariposa insistía diciéndole que seguir siendo oruga era muy peligroso, ya que cada vez había más pajarillos en el bosque que le podían comer y que además las hojas cada vez eran menos blandas y sabrosas. Y por el contrario, como mariposa, tendría un bello cuerpo, podría comer néctar de flores y como volaría, los pájaros no podrían comerle.

La oruga necia, no escuchaba a la mariposa y aunque ésta le insistía, ella se encerraba en su necedad y seguía siendo oruga. Un buen día tanto le insistió la mariposa, que la oruga harta le confesó: “Mira mariposa, si todavía sigo siendo oruga es porque tengo miedo. Tengo miedo a renunciar a lo que conozco y en lo que he vivido: mi árbol, mis hermanas, mi comida…  Tengo miedo a meterme en la crisálida y cambiar mi cuerpo infante. Tengo miedo, mucho miedo a volar sola. Tengo miedo a que no me guste el néctar. Así como yo soy, se que soy fea, se que me pueden comer los pájaros, se que las hermanas que se han quedado son muy tontas, pero carezco de valor para cambiar”.

La mariposa triste y pensativa se alejó volando para llorar en silencio por su hermana. Y así pasaron los días, hasta que nuevamente la mariposa se acercó a nuestra amiga. Aquel día estaba resuelta a no ceder frente a la oruga y obligarle a cambiar. Para ello se le susurró a sus orejitas que se subiera a su espalda para que comprobara la calidez de su cuerpo y viera más de cerca los bonitos colores de sus alas. La oruga inocente de las intenciones de su hermana, escaló con sus patitas sobre la espalda de la mariposa y se acomodó entre sus alas. En ese momento la mariposa echó a volar. La oruga presa de pánico comenzó a chillar obligando a la mariposa a bajarle a su querido árbol. Pero la hermana firmemente convencida no le hizo caso y le aconsejo que se calmara y que disfrutara del paseo que iban a realizar.

Después de un rato la oruga consiguió calmarse, dándose cuenta de lo inútil de sus gritos, por lo que empezó a perder el miedo a las alturas y a disfrutar del vuelo. Lentamente fue percibiendo la lujuria de los colores de las flores, que la madura primavera había hecho brotar sobre el manto verde de la hierba. También vio los pequeños animalitos que no volaban y se arrastraban por el suelo. Vio las majestuosas copas de los árboles, los tejados rojos de las casas, las nubes, el sol. Vio otro nuevo y precioso mundo, mucho mejor que el anterior, que desde la pequeñez de su árbol y de la limitación de sus patitas, nunca podría haber conocido.

La mariposa devolvió a su hermana al árbol con esta recomendación: “Sí ahora que has conocido la libertad de una nueva vida, sigues teniendo miedo a cambiar, no eres merecedora de ella y no volveré a verte”. Y con estas palabras la mariposa se marchó revoloteando y agitando los colores de sus alas.

La oruga estaba impresionada por todo lo que había visto y fue rápidamente a contárselo al grupito de hermanas que aún permanecían juntas. Pero éstas, que eran más tontas y más miedosas, no quisieron saber nada de ella y la despacharon displicentemente.

La noche llegó y se fueron a dormir. Nuestra amiga no podía conciliar el sueño, porque lo que había visto a lomos de su hermana, era demasiado maravilloso para ser olvidado. Finalmente tomó una decisión. Sacó del fondo de su ser todo el coraje que tenía y se colgó de una rama para ser una crisálida. A la mañana siguiente, los primero rayos del sol acariciaban unas tiernas alitas que pugnaban por salir de su estuche. Repentinamente una nueva y bella mariposa adoraba el bosque.

Nuestra amiga, ya mariposa, saltó al vacío y comenzó a volar experimentando una sensación indescriptible. Por fin era libre de miedos y prejuicios. Por fin había asumido su ser auténtico al completo. Por fin había sacado a la luz su yo interior.

Mientras volaba por primera vez, desde el cielo observaba el árbol donde sus hermanas acababan de levantarse y se encaminaban hacia unas hojas para desayunar. También observó a un pajarillo que se acercaba a ellas y con delicada parsimonia fue engullendo, una a una, todas ellas entre suaves movimientos de su cabecita.

Cada persona es una mariposa que tuvo miedos, inseguridades, dudas….. pero que tuvo el coraje de enfrentarse al cambio, al proceso de llegar a ser quien ahora es. Como coach, trabajamos con nuestros clientes, como gestores de ese cambio. Si quieres descubrir aquello de lo que eres capaz, no te quedes en las ramas….. emprende el camino de la superación personal. ¿Te animas a volar?

¡Te mando un cálido abrazo lleno de energía y entusiasmo!

Anna Beusam

 

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Anna Beusam es Coach Personal y Formadora. Lleva más de 25 años formando y ayudando a las personas a crearse una vida extraordinaria consiguiendo sus metas y sobretodo amante de la vida y de los seres humanos. Con pasión, humor y energía, Anna te ayuda a replantearte tus creencias limitantes y te reta a salir de tu zona de confort para actuar y conseguir lo que deseas.Te anima a la acción para que compruebes que es posible ir mas allá, mas lejos, a que te atrevas a soñar en grande, a que lo consigas. Vive y trabaja para iluminar y hacer brillar la grandeza de las personas.