5 pasos para definir y mejorar las causas del estres.

¿Te estás preguntando, cómo puedo eliminar el estrés?

Es como tratar una infección o absceso, sólo con analgésicos para disminuir el dolor.

Sólo si conocemos al enemigo con el que nos enfrentamos, podemos encontrar la manera de vencerlo.

El segundo paso, es analizar la situación y pensar en las diferentes opciones para resolverlo.

El tercer paso  es buscar información o ayuda, cuando es necesario.

Y el cuarto paso es actuar, actuar y actuar, todas las veces que sea necesario.

El resultado vale la pena.

Todos podemos tener una vida mejor.

¿Qué puedo hacer para sentirme bien?

¿Cómo encontrar la causa de mi estrés?

El primer paso para sentirnos bien y resolver nuestros problemas es darnos cuenta de lo que nos sucede, de nuestras emociones y nuestros pensamientos.

Aunque parece sencillo, no siempre lo es.
Nuestros pensamientos son tan rápidos y automáticos, que con frecuencia no nos damos cuenta de ellos.

No siempre reconocemos nuestros sentimientos.
En ocasiones los negamos porque desde pequeños nos enseñan a reprimir algunos por «inaceptables» o «inadecuados» para los niños «buenos».

O nos distanciamos e insensibilizamos ante ciertas emociones, porque queremos evitar el sufrimiento.

Pero a la larga, el negarlos o evitarlos, causa mayores problemas.

«Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.»

Aldoux Huxley (novelista, ensayista, crítico y poeta inglés).

     

¿QUE HACER?

Determina que áreas o aspectos son los que más te afectan en estos momentos.

Puedes hacerlo de diferentes maneras:

1. Registra tus actividades, horarios y personas con las que te relacionas.
Puedes hacerlo de manera general o escoge algún día que te hayas sentido estresado y revisa todo lo que hiciste durante ese día.

Hazlo por escrito.

2. Anota como te sentías en cada situación y con cada persona.
Si tuviste algún problema en especial, descríbelo.
Si te es posible, escribe lo que pensaste en los momentos en que te sentiste estresado o enojado.

3. Después de varios días, trata de leerlo como si estuvieras leyendo sobre otra persona y descubre que elementos hay en común.

¿Qué tan frecuentemente te enojaste o te sentiste triste, tenso, angustiado, etc.?
¿Con que personas te sientes mal o incómodo?
¿En qué lugares?
¿En qué situaciones?

Si te es difícil hacer esto último, pídele ayuda a alguien en quien confíes, pero acepta sus comentarios sin enojarte.

No olvides que el estrés que se inicia en un área de tu vida, puede repercutir en otras.
Trata de detectar cual fue la causa inicial.

Otra opción es:

Escoge un momento en el que estés más o menos tranquilo.

Relájate utilizando alguna de las técnicas de relajación o respiración.

Con los ojos cerrados, imagínate en diferentes situaciones de tu vida diaria.

Observa en que momentos empiezas a estresarte o a enojarte:
¿Qué recuerdos o qué personas te provocan estrés, enojo o malestar?
Anótalos.

 

Recuerda que el alcohol o la droga pueden hacer que te sientas bien de momento, pero no ayudan a solucionar los problemas.
Los aumenta.
Es sólo una manera de tratar de escapar de la situación, que te va a provocar nuevas dificultades.Ver cómo nuestros pensamientos influyen directamente en el estrés y estilos de pensamientos para analizar algunos de los errores en nuestro estilo de pensamiento, que nos dificultan encontrar la solución.

¿Has tratado de resolver un problema y no haz obtenido los resultados que deseabas?
¿Quizás es el momento de tratar de hacer algo diferente.
De cambiar tu conducta y las soluciones que has intentado o de modificar tu actitud ante ellas.

Es el momento.
¡Rectificar es de sabios!

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Anna Beusam

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LA CONFIANZA.

Sabemos de la importancia de la confianza en todos los aspectos de la vida. Es la base de cualquier relación y el canal de una comunicación auténtica. En el mundo laboral las empresas necesitan gozar de la confianza de sus trabajadores, en los mercados las marcas quieren tener la confianza de sus clientes,los intercambios comerciales se dan porque existe confianza, en el ámbito privado los padres intentan mantener la confianza ciega que sus hijos les tenían cuando eran pequeños, las relaciones de pareja y amistad son más genuinas cuanto mayor es la confianza mutua.

En todos los casos la acción de confiar es una elección libre que se basa en la identificación con el otro. Es algo recíproco, un proceso de correspondencia que nace de la libertad, pues nadie obliga a nadie a fiarse, y  que se alimenta de las vivencias o desaparece cuando se defrauda esa confianza.

Toda acción de confiar implica una incertidumbre, pues se crea una relación de dependencia que se daña si se incumplen las promesas.

A. Sinceridad

Las conversaciones y compromisos públicos de quien hizo la promesa son consistentes con sus conversaciones y compromisos privados.

B. Competencia

La persona que hizo la promesa puede ejecutarla efectivamente, de manera de proveer las condiciones de satisfacción acordadas. Tiene con qué responder (respaldo, recursos, conocimientos, habilidades, etc.).

C. Credibilidad

El historial de cumplimientos o incumplimientos de compromisos pasados de quien hace la promesa. Su registro de “Antecedentes”.

D. Implicación

Es el juicio que hago respecto de que al otro le importa lo que a mí me importa y que “está dispuesto a jugársela por lo mismo que yo me la juego”. En síntesis, le importa que a mí me vaya bien.

“En definitiva, el confiar siempre incluye estar dispuesto a asumir un riego en la coordinación de acciones con los demás”

En efecto, como vemos en el gráfico de arriba, a la resultante de fundar debidamente nuestros juicios (evaluando su sinceridad, competencia, credibilidad e involucramiento) es necesario también desarrollar nuestra capacidad de asumir riesgos, a los efectos de no quedarnos en una postura de aislamiento (incapaz de poder delegar en los demás) o de estancamiento (el que no arriesga, no gana).

Entonces se produce la pérdida de fiabilidad, de credibilidad. No dar crédito significa no confiar. Y esto ocurre cuando se ha producido un abuso de la confianza. En ese momento surge la desconfianza, que es el resultado del fracaso de confiar, y no la ausencia de confianza.  Ya que lo natural es fiarse, pues es más costoso no confiar.

Aunque no hay que confundir confianza con ingenuidad. De hecho, si confiamos estamos aceptando la responsabilidad del otro, su capacidad de responder ante las situaciones, y esto implica darle la oportunidad de adquirir un compromiso. No podemos esperar que nos demuestren primero para confiar después, es necesario tener fe. Por eso decimos cuando alguien es de fiar que su palabra es fiable. A veces los grandes negocios solo necesitan un apretón de manos, ya que es imposible recoger en ningún contrato todas las variaciones y posibilidades en las que se vaya a poner a prueba la relación de confianza entre las partes.

Confiar también requiere dejar de controlar, cuando nuestros hijos adolescentes empiezan a salir del cascarón hemos darles el beneficio de la duda para que demuestren si son confiables. En ese momento los padres pasamos a ser confiadores. Ciertamente esa confianza puede ser rota, y posteriormente reparada si damos una segunda oportunidad.

Luego está la confianza en uno mismo, lo que lleva implícito la capacidad de cumplir con nuestros auto- compromisos, que es el hábito de hacer lo que nos proponemos. Si no nos sentimos merecedores de nuestra propia confianza, será difícil que podamos confiar en los demás. Cuando sentimos que otros confían en nosotros aumenta nuestra auto-estima y nuestra capacidad de cumplir, convirtiéndonos en personas dignas de confianza.

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No juzgues tan rápido.

«Se cuenta de una persona que vivía en una cárcel. Sentía seguridad en aquella celda y aunque había momentos en que deseaba explorar el mundo más allá de su tranquilizador rincón, lo cierto es que no le quedaba tiempo ni para intentarlo. Era un hombre muy ocupado.

A través de un ventanuco enrejado gustaba de mirar al exterior y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, trataba de llamar su atención. Terminaba el día tan agotado por este esfuerzo que sólo le quedaban ganas de acostarse y dormir. Se había empeñado en que aquellas personas se dieran cuenta de la situación en la que se encontraban. ¡Le parecían tan inconscientes!

 Un día pasó por allí un viajero y al escuchar los gritos se acercó y preguntó:

-¿A qué viene tanto alboroto?

Y el preso contestó:

-¿No lo comprendes? ¿Acaso estás ciego? ¡Eres tan ignorante cómo los demás! ¡Intento avisaros de que vivís encarcelados tras estas rejas!»

 (Adaptación de un cuento sufí)

La forma en que vemos las cosas puede tener poco o nada que ver con la realidad, es decir, con cómo son las cosas de verdad. Lo que vemos depende de dónde estemos ubicados. Cada acontecimiento permite varias interpretaciones y esas interpretaciones varían según dónde ponemos nuestro foco de atención. Nuestra respuesta a los hechos está relacionada con las creencias que sostenemos en ese momento y con el tipo de mirada que nos permitan dichas creencias.

¿Estás preso de rutinas, puntos de vista estrechos y comportamientos rígidos?

¿Que circunstancia de tu vida usas como candado?

¿Qué creencias te están provocando sufrimiento?

¿Que precio pagas por seguir prisionero de tus creencias limitadoras?

¿Cuánto tiempo y energía dedicas a criticar a los demás?

¿Te agotas tratando de demostrar que tienes razón?

¿Te sueles preguntar si tienes suficiente información para realizar tus juicios?

¿Qué sientes cuando los demás no actúan según el papel que tú les has asignado?

Una percepción errónea es el resultado de la visión de una mente llena de prejuicios y anclada en el pasado. Sufrimos cuando nos apegamos a una perspectiva en particular, creemos «necesitar» que las cosas sucedan de una forma específica y luego no funcionan así. Atrapados e inconscientes en la cárcel de nuestra limitada mirada sentimos miedo, necesidad de control e imposibilidad de abrazar amorosamente el momento presente

Te voy a decir algo muy claro y a la vez importante que quiero que lo recuerdes siempre: “La persona que se acepta y se ama a sí misma, pierde el interés de juzgar a los demás”.

Un juicio de valor es tranquilizador porque nos hace creer que existe un conocimiento que poseemos con el que “analizamos a la otra persona ó situación”, y así generamos una falsa sensación de paz que nos impide llegar a un saber verdadero. Al parecer las personas no toleramos el no saber, frente a ese vacío de conocimiento, si no obtenemos información lo llenamos con nuestra imaginación. La falta de conocimiento del tema se complementa con creencias, suposiciones, imaginación, etc… Es por eso que las criticas son tan destructivas.

Suele ocurrir que las personas que están en proceso de desarrollo personal e inclusive espiritual, en forma consciente, se comparen con otros que están también encaminados hacia esos objetivos de trascendencia, y al hacerlo suelen aparecer todo lo que se intenta superar: competencia, obsesión desenfrenada por obtener determinados resultados vinculados al concepto de éxito, apegos e identificaciones con objetos o pertenencias materiales, roles fijos de comportamiento, falsas ideas del yo, etc.

La competencia surge de una comparación con otra persona y conduce a la rivalidad y la rivalidad inexorablemente nos lleva a un estado de guerra, guerra que primero se forjó en el interior de la persona y que inevitablemente se materializará en el mundo exterior de alguna forma: discusión verbal, enfrentamiento físico, conspiración social y llevado a un plano más profundo implica la lucha con armas poderosas.

Existe una ley básica en el Universo que sostiene que todo proceso una vez iniciado se profundiza, torcer esa frecuencia vibratoria supone gran trabajo, el movimiento tiene su propio principio de inercia, comúnmente se llama tendencia. Observar la tendencia nos permite adelantarnos al resultado final de ese proceso.

En este sentido tener un pensamiento de hostilidad hacia otra persona deriva en el acto de dañar a esa persona de alguna forma.

Lo mismo ocurre cuando estamos viviendo un proceso de autoconocimiento, al que llamamos espiritual, solemos trasladar la forma de comprensión de la realidad del mundo captadas únicamente con nuestra racionalidad y la aplicamos. Así juzgamos los caminos espirituales de otros y, al hacerlo, intentamos colocarnos en un plano superior. 

Todo juicio supone ubicarse por encima, porque sólo desde arriba podemos ver el panorama completo. Si estuviéramos en un plano alto habríamos superado la dualidad o polaridad.

Por eso cuando escucho que alguien juzga el nivel evolutivo de otra persona no me hace sentir bien. Quién sabe qué sentido tiene la vida del otro en este mundo. Sin dualidad no hay vida en el planeta tierra y sabemos muy poco qué funciones cumplimos cada uno de los que estamos aquí para que este gran plan del Universo se lleve a cabo. La prueba está en que los humanos afectamos el ecosistema haciendo desaparecer especies que cumplen funciones. Todo tiene un sentido o una tarea específica en el plan. Y no estamos capacitados en el nivel de conciencia en el que nos encontramos para juzgar el camino de los otros.

Si observamos nuestra propia vida o la vida de los otros entenderemos que las experiencias consideradas dolorosas tienen un sentido muy importante, son parte de un camino que sin transformación convierte a las personas en semi-humanos.

Se dice que la tierra es un planeta escuela y que todo esto es un juego del que nos reiremos cuando nos despertemos. Nos tomamos demasiado en serio los personajes que nos toca interpretar y competimos, nos enojamos, nos ofendemos o rivalizamos y juzgamos. No sabemos quién es el otro del mismo modo en que tampoco sabemos quiénes somos realmente nosotros. Si lo supiéramos y no nos identificaríamos con el personaje externo del mundo, no juzgaríamos la exterioridad del personaje que vemos en el otro.

Alguien puede creer que está por encima de esa persona simple que no tiene la menor idea de lo que es un camino espiritual. Pero a lo mejor el corazón de esa persona está más limpio que el de quien la juzga. El acto de juzgar es una operación de la mente racional o inteligencia lógica. Y la mente racional no la podemos seguir usando para todo, debe ser integrada con otras formas de comprensión de lo que nos rodea, o sea, de otras inteligencias.

Quizá lo más difícil sea aprender a vivir en la incertidumbre del no saber, soportar el hecho de no llenar el vacío del desconocimiento con nuestras operaciones mentales, imaginaciones, juicios de valor o desvalor.

https://www.youtube.com/watch?v=D_o0lOYbtWc

 

Mil gracias por leerme.

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Un abrazo!

Anna

 

Las 5 claves de la comunicación eficaz.

Para lograr nuestro objetivo de conseguir una buena comunicación vamos a tener en cuenta una serie de factores.

Para que el mensaje que queremos transmitir sea eficaz, este debe cumplir 5 claves imprescindibles:

  1. Claridad: los mensajes deben ser claros, fácilmente decodificados e inequívocos.
  2. Precisión: la información transmitida en el mensaje debe ser precisa y completa.
  3. Objetividad: la información transmitida por el Emisor debe ser veraz, auténtica, lo más imparcial posible, es decir, objetiva.
  4. Oportuno: el mensaje debe transmitirse en el momento preciso, es decir, aquel en el cual surge el efecto adecuado para el fin que se desea conseguir.
  5.  Interesante: el mensaje ha de ser atractivo para el Receptor consiguiendo de esta manera una mayor motivación e implicación del mismo.

¿Cuál es la clave de tu comunicación en la que te sientes más poderos@?

¿Cuál es la que precisa más atención por tu parte,  para mejorar?

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.

Si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo!

EXCLUSIVO: 

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Hablamos pronto, ¡deseo que tengas un día genial lleno de paz interior!

Te abrazo con gratitud,

Anna BeuSam

 

COM-PASIÓN.

En la construcción de relaciones sinérgicas con los demás, es imprescindible sentir empatía hacia el otro, ponerse en su lugar, comprender antes de ser comprendido, escuchar antes de ser escuchado.

Siente COM-PASIÓN. Comparte la pasion. Pero no sólo en momentos difíciles, la compasión también es el COM-PARTIR momentos de satisfacción. Pruébalo, te va a sentar bien.

Mil gracias por leerme

Un abrazo

Anna Beusam

 

http://www.youtube.com/watch?v=1xA1ggForXs