Tenemos una buena noticia: Si queremos que nuestra relación de pareja perdure en el tiempo, tenemos margen de maniobra y está en cómo hacemos sentir al otro con lo que decimos o mejor aún, con lo que expresamos sin que seamos necesariamente conscientes de ello.
Pasos:
1. Seamos honestos con lo que sentimos y hacemos. Nuestras emociones muchas veces son sutiles pero las exteriorizamos (conscientemente o no) y la otra persona las percibe. Por ello, después de una discusión y con los ánimos más calmados es recomendable conversar con la pareja no tanto del problema, sino de las emociones que había debajo. Lo que hicimos sentir al otro y lo que el otro sintió con lo que dijimos.
2. Evita el desdén. En dicha conversación a toro pasado, es interesante identificar si en algún momento la otra persona utilizó el desdén o lo hicimos nosotros.
3. Analicemos el ratio de emociones positivas con respeto a negativas que hemos expresado durante la discusión. Si no es de cinco a uno, cuidado (siempre y cuando queramos que nuestra pareja perdure en el tiempo).
Punto de vista:
Para que una relación de pareja sobreviva es necesario que en una discusión la relación de emociones positivas respecto a las negativas sean de cinco a una. Y evitar, por supuesto, el desdén.
John Gottman, profesor emérito de la Universidad de Washington, lo ha conseguido después de estudiar a más de 3.000 parejas desde 1980. Tiene una fórmula casi infalible: analizar aquellas emociones que no son “tan evidentes”, como explica Malcolm Gladwell en su «libro Inteligencia Intuitiva».
Exteriorizamos algunas emociones sin ser conscientes de ello. Según Gottman, existen veinte tipos de posibilidades y algunas de ellas son tan fugaces que su reconocimiento solo es posible analizando las grabaciones con sumo detalle. Gottman ha profundizado aún más en aquellas emociones que provocan las rupturas entre las parejas y las ha clasificado en cuatro tipos: la defensiva, la crítica, la obstruccionista y la desdeñosa.
Y si una de ellas tuviera que ganar el Oscar como responsable del mayor número de separaciones, sin duda alguna, lo obtendría el desdén. Desdeñar no es solo criticar, es mucho más. Es responder desde un lugar de superioridad, lo que hace disminuir al otro como persona haciéndole sentirse excluido.
Resulta especialmente doloroso, ya que incluso , haciéndonos más propensos a tener resfriados, por ejemplo. El desdén es una respuesta de “jerarquía” y no ha de ser necesariamente agresiva en la forma. Puede esconderse en comentarios sutiles tipo: “Sí, sí… ¿y tú qué sabrás?”. Seguro que a todos nos resulta conocida.
Autor: John Gootman
Libro: El secreto de los matrimonios felices: 7 principios para que un matrimonio funcione.
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Te abrazo con gratitud,
Anna BeuSam

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