Una historia Taoísta cuenta sobre un hombre viejo que accidentalmente cayó en los rápidos del río dirigiéndose a una alta y peligrosa cascada. Los curiosos temían por su vida.

Milagrosamente, salió vivo e ileso río abajo en el fondo de la cascada. La gente le preguntó cómo se las arregló para sobrevivir:
– “Me acomodé al agua, no el agua a mí. Sin pensar, me permití ser moldeado por ella. Muy profundo en el remolino, salí con el remolino. De esta manera es como sobreviví”.

Fluir es una manera activa de acomodarse a las situaciones de la vida. La adaptación depende de la capacidad de que tú te acomodes al mundo y de la capacidad de asimilar el mundo a ti.

Si tomamos como ejemplo la naturaleza podremos notar como todo fluye sin esfuerzo, lo hace con entrega,  encontrando naturalmente el camino de menor resistencia. Es fácil darse cuenta de que el viento no intenta soplar, simplemente sopla; la lluvia no trata de caer, simplemente cae; los ríos no se esfuerzan por correr, simplemente corren, esa es su naturaleza intrínseca, y ellos se entregan con facilidad y confianza a permitir que su naturaleza se manifieste.

Pero, ¿Qué sucede con nosotros?, también somos parte de la naturaleza, pero ¿adoptamos la misma actitud que el resto de la creación?. ¿Nos entregamos con facilidad y confianza a permitir que nuestra naturaleza se manifieste?,¿Sabemos al menos cuál se supone que es nuestra naturaleza?.

Conocerse a uno mismo, consciente e inconscientemente, nos llevará a entregarnos a hacer las cosas como nos salen. Y, si detectamos que nos falta algo, que tenemos alguna carencia …. será cuestión de aprenderla y luego fluir con ella también, abrazándola: en ello habremos sintonizado con la abundancia.

Con amor y gratitud,

Anna Beusam

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