Descubre el Secreto para una Confianza Inquebrantable

No hay límites para lo que puedes lograr. Enfrenta tus miedos y descubre tu poder interior.

Superando la Sensación de «No Saber Suficiente»

Imagina esta situación: estás en una reunión con amig@s o colegas, el tema de conversación deriva hacia un tema político o de actualidad. Todos parecen tener opiniones sólidas, argumentos bien articulados y una confianza palpable al expresar sus puntos de vista.

Y tú, ¿te quedas callada? ¿Te comparas con ellos, sintiendo que tus opiniones no tienen el mismo peso, que tus conocimientos no están a la altura?

Si alguna vez te has encontrado en este escenario, no estás sola. Muchas personas, especialmente mujeres, luchan contra la sensación de inferioridad intelectual, cuestionando constantemente su valía y su capacidad para participar en conversaciones significativas. ¿Por qué ocurre esto? ¿De dónde viene esta sombra de duda y autoevaluación negativa?

La Raíz de la Inseguridad Intelectual

La respuesta puede remontarse a experiencias pasadas, esos momentos en la infancia o la adolescencia donde nuestras opiniones fueron desestimadas, ridiculizadas o ignoradas. ¿Recuerdas alguna vez haber sido callado con un «tú no sabes de esto» o un «cuando seas mayor, entenderás»? Estas pequeñas interacciones pueden dejar una marca duradera, llevándonos a internalizar la creencia de que no somos lo suficientemente inteligentes o cultos para contribuir de manera significativa en las conversaciones.

Así es como nace esa sensación de «no saber lo suficiente», esa constante comparación con los demás y la duda persistente sobre nuestra propia valía. Nos encontramos en una encrucijada entre la necesidad de demostrar nuestro conocimiento y la vergüenza de admitir nuestras limitaciones. ¿Cómo podemos liberarnos de esta carga autoimpuesta y abrazar nuestro propio potencial intelectual?

Transformando la Relación con el Conocimiento y la Autovaloración

La clave está en cambiar nuestra relación con el conocimiento y la autovaloración. En lugar de asociar nuestro valor personal con la cantidad de información que poseemos o nuestra capacidad para expresar opiniones sofisticadas, te propongo aprender a reconocer y valorar nuestras propias experiencias y perspectivas únicas. Es hora de desafiar la idea de que «deberíamos saber más» y comenzar a celebrar lo que ya sabemos y lo que todavía estamos aprendiendo.

¿Cómo se traduce esto en la vida cotidiana? Piensa en esas situaciones en las que te sientes insegur@ para expresar tu opinión en el trabajo, en reuniones sociales o incluso en conversaciones casuales. ¿Qué pasaría si te permitieras ser vulnerable, admitir tus limitaciones y aprender de los demás en lugar de compararte constantemente con ellos?

Desafiando la Necesidad de Demostrar Constantemente el Conocimiento

El primer paso para superar esta sensación de «no saber lo suficiente» es reconocer que el conocimiento es un viaje continuo, no un destino final. Todos estamos en constante proceso de aprendizaje y crecimiento, y cada uno de nosotros tiene algo valioso que aportar al mundo. Es hora de dejar de lado la autocrítica y abrazar la confianza en nosotros mism@s.

Reconstruyendo la Autoestima: El método L.I.B.E.R.A

Encontrarás el apoyo y las herramientas necesarias para reconstruir tu autoestima y liberarte del peso de la comparación y la autoevaluación negativa. A través de ejercicios prácticos y experienciales  junto  reflexiones profundas, aprenderás a amarte a ti  incondicionalmente y a reconocer tu propio valor, independientemente de lo que los demás puedan pensar o decir.

Únete a Raquel y a Otr@s en la Transformación Personal

Muchas otras personas que han transformado su relación con el conocimiento y la autoestima a través de este método único.

No permitas que el miedo al juicio ajeno te impida expresar tu verdadero yo y contribuir de manera significativa a tu bienestar y al mundo de relaciones que te rodea.

 

¡Es hora de abrazar tu propio conocimiento y brillar con confianza!

La Envidia y la Admiración: Dos Caras de la Moneda

La envidia y la admiración son dos emociones complejas que juegan un papel significativo en la inteligencia emocional y en nuestras interacciones sociales. Ambas surgen como respuesta a las cualidades, logros o posesiones de los demás, pero difieren en su naturaleza y efecto en nuestras vidas. Veamos…un poco más….

Comprendiendo la Diferencia entre Envidia y Admiración

La envidia se manifiesta cuando percibimos que alguien tiene algo que deseamos y que, por alguna razón, no podemos alcanzar.

Esta emoción está impregnada de resentimiento y amargura, y a menudo se acompaña de un sentimiento de inferioridad personal.

Cuando experimentamos envidia, tendemos a compararnos negativamente con la persona en cuestión y podemos llegar incluso a desearle mal. La envidia puede ser destructiva tanto para nuestra salud mental como para nuestras relaciones interpersonales, ya que nos consume desde adentro y nos impide apreciar nuestras propias cualidades y logros.

Por otro lado, la admiración surge cuando reconocemos y valoramos las cualidades, habilidades o logros de otra persona. A diferencia de la envidia, la admiración está impregnada de respeto, aprecio y aspiración.

Cuando admiramos a alguien, nos sentimos inspirados por sus logros y hacemos todo lo que haga falta por aprender de ellos. Esta emoción nos impulsa a crecer y mejorar, ya que nos motiva a emular las cualidades que admiramos en los demás. La admiración fortalece nuestras relaciones interpersonales al fomentar la conexión y el apoyo mutuo, y nos ayuda a desarrollar una actitud positiva hacia el éxito y el talento de los demás.

Cultivando Relaciones Saludables a Través de la Admiración

La distinción entre envidia y admiración radica en nuestra percepción y respuesta emocional ante los logros o cualidades de los demás.

Mientras que la envidia está arraigada en la comparación y la falta de aceptación de uno mismo, la admiración se basa en el reconocimiento y la valoración genuina de las habilidades y logros de los demás.

Cultivar la habilidad de transformar la envidia en admiración es fundamental para desarrollar una inteligencia emocional sólida y construir relaciones saludables y enriquecedoras con los demás.

Transformando la Envidia en Admiración: Un Ejemplo Práctico

Imagina que tienes un compañero de trabajo que recientemente ha sido ascendido a un puesto de mayor responsabilidad y reconocimiento. Inicialmente, podrías sentir envidia al ver su éxito y preguntarte por qué él y no tú. Sin embargo, en lugar de permitir que la envidia te consuma, puedes optar por transformar esa emoción en admiración.

Para hacerlo, comienza por reflexionar sobre las cualidades y habilidades que han llevado a tu compañero a alcanzar ese ascenso. Reconoce sus esfuerzos, dedicación y talento, y valora la trayectoria que ha seguido para llegar a donde está. En lugar de compararte negativamente con él, reconoce que su éxito no disminuye tus propias habilidades ni tu valía como profesional.

Luego, busca aprender de su ejemplo.

Observa cómo maneja sus responsabilidades, cómo se relaciona con los demás y cómo aborda los desafíos que enfrenta en su nuevo puesto.

Identifica las estrategias y habilidades que utiliza y considera cómo podrías aplicarlas en tu propia carrera profesional.

Además, aprovecha la oportunidad para establecer una relación de apoyo y colaboración con tu compañero. Reconoce su éxito y felicítalo sinceramente por su logro.

Muestra interés en su experiencia y aprendizaje, y busca oportunidades para trabajar juntos y aprender el uno del otro.

Al transformar la envidia en admiración, no solo te beneficiarás personalmente al cultivar una actitud positiva y constructiva, sino que también fortalecerás tu relación con tu compañero y contribuirás a un ambiente de trabajo más positivo y colaborativo.

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11 formas de expresar la ira

«La ira es la incapacidad de aceptar lo que no se puede cambiar.»  Norberto Levy

 

Norberto Levy, reconocido psicoanalista y autor, aborda el tema del enojo desde una perspectiva psicológica escribe:

  • «El enojo es una emoción que tiene como función protegernos de las agresiones y las injusticias.»
  • «El enojo no se limita a una reacción puntual, sino que implica una serie de pensamientos y creencias que sostienen esa emoción.»
  • «El enojo puede ser una señal de que algo en nuestras vidas necesita ser cambiado o ajustado.»
  • «El enojo mal gestionado puede llevar a relaciones deterioradas y problemas de salud física y mental.»
  • «Aprender a manejar el enojo de manera constructiva es fundamental para nuestro bienestar emocional y nuestras relaciones interpersonales.»

 

¿El enojo está afectando tu vida?

El primer paso para poder gestionar (darle la dirección, expresión e intensidad adecuadas) o eliminar el enojo es reconocer qué tan frecuentemente nos enojamos.

 

¿Qué tan frecuentemente te sientes?:

  • Tenso.
  • Irritado o molesto por la conducta de los demás.
  • Demasiado inquieto para poder dormir.
  • Frustrado.
  • De mal humor.

 

Piensas que:

  • ¿La gente trata de aprovecharse de ti?
  • ¿No obtienes los resultados que deberías de obtener?
  • ¿Das mucho más de lo que recibes?
  • ¿No te reconocen  lo que haces?
  • ¿Es importante que te desquites de lo que te hicieron?
  • ¿No cuentas con la ayuda de los demás?

 

Cuando estás molest@:

  • ¿Te piden que no grites?
  • ¿Te arrepientes de lo que dijiste o hiciste?
  • ¿Desquitas tu malestar con otras personas?
  • ¿La gente te pide que te calmes?

 

El enojo está relacionado con tres aspectos:

  • Lo que sentimos.
  • Lo que pensamos de lo que está sucediendo, de otras personas y/o de nosotros mismos.
  • La conducta que resulta de los dos anteriores.
  • Gritar es una conducta, pero también el estar callado y disimular nuestro enojo.

 

RESULTADO: El cuestionario toma en cuenta los tres aspectos. Si contestaste «si» a la mayoría o a una gran parte de las preguntas, significa que te enojas o molestas con frecuencia. Si enojarse es ya un hábito en ti, quizás no te has dado cuenta de qué tan importante es que aprendas  a gestionarlo, si no avanzas como quieres.

 

 

11 formas de como pasar a la expresión consciente:

1- Adquirir conciencia sobre la ira

El primer paso para aprender a gestionar los ataques de ira consiste en concienciarse de que se tiene un problema para convertirlo en un reto, gracias al compromiso de buscar soluciones a ello. No todas las personas experimentan ataques de ira con la misma facilidad. De hecho, puede haber personas que les cueste mucho experimentarlos y otros individuos que los desarrollan de forma frecuente. Así pues, si quieres solucionar tus ataques de ira TE AYUDARÁ  tener presente que eres una personas propensa a experimentar este tipo de reacciones.

Esta concienciación será básica para que prestes más atención a las situaciones que te pueden provocar ataques de ira. Así como a las a las respuestas emocionales que desarrollas a lo largo del día. De la misma forma que una persona que no sabe nadar entra con precaución a la piscina cuando se quiere dar un baño, A TI te ayudará  estar más atento cuando te expongas a situaciones irritantes.

2- Identificar situaciones peligrosas 

Otro aspecto importante a tener en cuenta para gestionar los ataques de ira consiste en identificar las situaciones peligrosas. Por situación peligrosa se entiende todas esas circunstancias que pueden provocarte un ataque de ira. Si analizas qué, cómo, cuando, con quién y dónde has tenido tus últimos ataques de ira, de bien seguro que identificaras situaciones específicas a las que eres especialmente vulnerable.

Ante discusiones de pareja, cuando surgen problemas en el trabajo, durante la práctica de una competición deportiva… Todas las personas tienen sus puntos vulnerables  y si quieres conseguir gestionar tus ataques de ira te será útil conocer los tuyos. Al tener bien identificado cuáles son tus situaciones más peligrosas, tendrás mayor capacidad para enfrentarte a ellas y conseguir gestionarlos.

3- No acumular la ira

Los ataques de ira suelen ser mucho más comunes en esas personas que no se sienten capaces de gestionar su ira o enfado. De este modo, las personas van acumulando pequeñas cantidades de ira a través de distintas situaciones. Al no canalizarla y no expresarla de ningún modo, puede provocar un exceso de tensión en el cuerpo, por lo que este se vuelve más susceptible al ataque de ira. Si esto te sucede, es necesario que no te vayas guardando las cosas y consigas aprender a descargar tus emociones cuando todavía no son muy intensas.

Manifestar una opinión, expresar lo que sientes con lo que el otro hace, verbalizar un pensamiento… Son estrategias que te pueden servir para ir canalizando tu enfado, a medida que lo experimentas. Si lo haces, no se irán acumulando y tu estado emocional permanecerá mucho tranquilo. De este modo, ante una situación de enfado, te será más sencillo gestionar el ataque de ira.

4- Parar a tiempo

Si padeces ataques de ira sabrás a la perfección que durante los segundos previos a “explotar” notas claramente como la ira empieza a subir por tu cuerpo. Como el rugido de un león. Es una sensación breve e intensa y normalmente inconfundible. Cuando sientes esa carga emocional sabes perfectamente que acabará en un ataque de ira. Pues bien, si quieres conseguir parar la emoción y evitar el ataque de ira, tienes que aprovechar esos segundos de la mejor forma que puedas.

De hecho, cuando te ves sobrepasado emocionalmente, sólo durante ese periodo de tiempo tendrás margen de maniobra. Si no actúas antes de tu primera expresión de ira, ya no podrás controlar tu ataque y la razón no tendrá tiempo para intervenir. En esos momentos, suele ser conveniente repetir mentalmente la palabra “STOP”.

También te ayudará realizar una acción que te aleje de la emoción y te permita encontrar una situación en la que consigas calmarte.

5- Evita la frustración

La mayoría de veces los ataques de ira aparecen como respuesta a un claro sentimiento de frustración por no cumplir expectativas. Por este motivo, tienes que ser consciente que experimentar frustración puede ser tu peor enemigo y te puede generar ira con facilidad. En este sentido, es conveniente que analices siempre todas las situaciones con la mayor calma y racionalidad posible.

Muchos de los elementos que generan frustración puede acotarse e interpretarse de forma distinta. No te tomes las cosas personalmente. Más calmada-mente y con una visión mas amplia que provoque una menor intensidad emocional. Evitar pensar en términos de todo o nada es uno de los principios que permite a uno alejarse de la frustración y conseguir respuestas adaptadas. Ante cualquier situación, trata de racionalizar y buscar alternativas. Rápidamente verás cómo evitar la frustración es más sencillo de lo que creías.

6- Analiza las causas y las consecuencias

Si analizas las causas y las consecuencias de los ataques de ira, bien seguro verás que no presentan una buena relación “calidad-precio”. Quiero decir que en la mayoría de casos las causas que te generan un ataque de ira no son tan importantes como para justificar tus respuesta. Y aun mucho menos para explicar las consecuencias negativas que atañen a un ataque de ira.

La mala imagen que das de ti mismo, los sentimientos de autorreproche que sientes después de haber actuado de una forma que no querías, la preocupación por el daño que puedes haber hecho a los demás… Todas estas consecuencias son demasiado elevadas, por lo que ponen de manifiesto que no quieres experimentar ataques de ira.

Una tarea que resulta muy útil consiste en realizar una lista de todas las consecuencias negativas que te han proporcionado los ataques de ira. Cuando la tengas, léela detenidamente, estúdiatela a fondo y memoriza cada uno de los aspectos apuntados.

El objetivo consiste en que tengas muy presente qué pasa cuando tienes un ataque de ira y cuáles son tus motivos personales para evitarlos. Realizar esta tarea te generará motivación para controlar los ataques de ira y, a la vez, te concienciará para trabajar para lograrlo. Insertar en tu pensamiento alguno de estos aspectos en los momentos que notas que puedes tener un ataque de ira también te puede resultar muy útil para conseguir parar a tiempo.

7- Aprende a expresar la ira

Aprender a gestionar los ataques de ira no implica pretender no querer experimentar nunca esta emoción. De hecho, tampoco implica no querer expresar nunca las sensaciones de ira.

La ira es una emoción normal, que tenemos todas las personas y que muy a menudo juega un papel adaptativo importante.

Por este motivo, querer vivir sin esta emoción puede resultar perjudicial. Además, en muchos momentos de la vida puede resultar imposible no experimentar ira, por lo que tenemos que estar preparados para experimentarla sin que esta se convierta en un ataque. Por otro lado, como toda emoción, es importante que puedas expresar tus sensaciones de ira.

En este sentido, aprender a expresar la ira resulta fundamental. Sin embargo, que la ira sea una emoción adversa no significa que tenga que salir de forma explosiva. Estos sentimientos también puedes expresarlos con serenidad, buenas palabras y autogestión emocional, signo de madurez.

8- Mejora tu autoconocimiento

Para poder experimentar y expresar adecuadamente la ira es necesario poseer deseo de autogestión emocional. La autogestión emocional implica conocerse bien a uno mismo, saber cómo pueden afectar las cosas y tener en mente qué tipo de respuestas aparecen de forma impulsiva.

A través de una amplia introspección y el análisis de cómo es uno y de qué forma funciona, se puede incrementar mucho la autogestión. Así pues, te propongo que para gestionar tus ataques de ira es precisamente esto. Estudiar cuál es tu funcionamiento y qué debes realizar para gestionarte  en esas situaciones que te cuesta más. Piensa qué actos te resultan útiles para evitar la impulsividad.

Puede ser salir a tomar el aire, practicar un ejercicio de relajación, buscar una distracción… Cada uno tiene sus actividades que mejor le funcionan, por lo que te será útil encontrar cuales son las tuyas.

Te propongo vivirlas como una descarga.

9- Reduce tu estrés

Poseer un nivel elevado de estrés es uno de los peores enemigos de la autogestión emocional y, por lo tanto, suele dificultar mucho la gestión de los ataques de ira. Si estás todo el día ansioso, estresado y no paras de hacer cosas continuamente, cuando se presente un estímulo irritante estarás menos preparado para hacerle frente.

De este modo, la sobrecarga emocional que implica el estrés, se puede aliar con la ira y convertirse en un ataque de forma automática. Por este motivo, es importante que reduzcas tu nivel de estrés. Analiza qué actividades realizas, y cuáles de ellas son prescindibles y cuáles no.

Analiza también cuántas horas al día dedicas a tu bienestar personal, a destensionarte y a relajarte. Todas las personas requieren liberar tensión y tener tiempo para uno mismo.

10- Entrena tu habilidad de solución de problemas

Las situaciones que nos pueden producir enfado e ira requieren una forma de manejarlo. Si alguien te critica de forma injusta te será muy útil poseer mecanismos suficientes para gestionar esa situación sin que implique un ataque de ira. Comunicar adecuadamente que no toleras este tipo de comentarios hacia uno mismo puede ser una buena solución, aunque puede haber muchas más.

En este caso,  el objetivo consiste en erradicar esas fuentes que pueden provocarte ataques de ira, solucionando esos problemas que generan situaciones irritantes.

11- Aprende a relajarte

Finalmente, el peor enemigo de la ira es la relajación. De hecho, cuando uno está tranquilo es muy complicado que experimente emociones de ira y enfado. Practicar la relajación puede ser una técnica muy eficaz para aplicar también en esos en los que aparece el ataque de ira.

12- Un ejercicio maravilloso que puedes practicar es el siguiente:

  • Respira de forma lenta y profunda con el diafragma, notando como el aire entra y sale de tu barriga. Cundo realices la inspiración repite mentalmente una palabra que transmita tranquilidad como “inspiro tranquilidad” o “inspiro calma”.
  • Cuando realices la expiración repite mentalmente “suelto malestar” “suelto preocupación«
  • Al mismo tiempo imagina un paisaje que te transmita serenidad y centra toda tu atención en esa imagen mental y en tu respiración.

 

Sólo necesitas darte permiso para creer en tus aptitudes y hacer un plan auto-responsabilizado para conseguirlo.

 

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica. Y si necesitas ayuda para sacarlo adelante, yo puedo acompañarte.

Si de esta lectura surge alguna duda, ¡cuenta conmigo!

 

 

Hablamos pronto, ¡deseo que tengas un día genial lleno de paz interior!

Te abrazo con gratitud,

Anna BeuSam

Referencias Averill, J. R. (1983). Studies on anger and aggression. Implications for theories of emotion. American Psychologist, 38, 1145-1160. Digiuseppe, R. & Tafrate, R. C. (2001). A comprehensive treatment model for anger disorders. Psychotherapy, 38, 262-271. Moscoso, M.S. and Pérez-Nieto, M.A. (2003). Anger, hostility and aggression assessment. En R. FernándezBallesteros (Ed. In chief), Encyclopedia of psycholigical assessment (pp. 22-27). San Francisco, CA: Sage Publications. Novaco, R. W. (1978). Anger and coping with stress: Cognitive behavioral interventions. En J. P. Foreyt & D. P. Rathjen (Eds.), Cognitive behavior therapy: Research and application (pp. 163-173). New York, EE. UU: Plenum Press. Pérez Nieto, M. A., y González Ordi, H. (2005). La estructura afectiva de las emociones: un estudio comparativo sobre la Ira y el Miedo. Ansiedad y Estrés, 11(2-3), 141-155.

El cargador de agua

Y tú ¿sabes reconocer tus cualidades y posibilidades o te enfocas sólo en lo que consideras tus defectos?

Cuenta la leyenda que…

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador así, diciéndole:

«Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.»

El aguador, le dijo compasivamente: «Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.»

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba dentro de si la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces «¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.»

Y tú, ¿sabes reconocer tus cualidades y posibilidades o te enfocas sólo en lo que consideras tus defectos?

Tendemos a enfocarnos, principal o únicamente en los aspectos negativos de lo que creemos que somos y de lo que hacemos o sentimos, sin darnos cuenta de que con ello, nuestra autoestima baja, aún más.

Dedícate con atención a cambiar de actitud, buscando lo positivo, no sólo en ti, sino también en los demás y verás un cambio importante en tu vida.

 

El enojo que resuelve

EL ENOJO NO ES UN FIN EN SÍ MISMO, SINO UN MEDIO PARA RESOLVER UN PROBLEMA 

Anna BeuSam

Cómo procesar y utilizar esta energía que es el enojo

De hecho, tanto las tradiciones religiosas como las diversas corrientes psicológicas, han intentado ofrecer respuestas que resolvieran los vastos problemas que esta emoción presenta.

    • ¿Qué causa el enojo?
    • ¿Cuál es su naturaleza?
    • ¿Cuáles son los modos en que lo expresamos y cómo influyen nuestras creencias?
    • ¿Qué necesitamos aprender para pasar del enojo que destruye al enojo que resuelve?

La causa

El enojo es el resultado de un impulso, deseo o necesidad frustrados. Ese deseo o impulso puede estar relacionado con un hecho particular o referirse a una situación global. Es particular cuando el deseo está dirigido sobre un hecho puntual: me han prometido algo y no han cumplido; deseo hacer un trámite y el empleado no está en su puesto; deseo viajar y el tránsito está atascado, etc.

Es global cuando lo que se afecta es la necesidad de preservar la integridad física o psíquica: una persona me empuja o amenaza apoderarse de algo que me pertenece o me humilla y maltrata psicológicamente..

Cualquiera sea la situación, si evocamos nuestras memorias de enojo comprobaremos que siempre están precedidas de una frustración. Cuando la energía del deseo que se direcciona hacia su realización encuentra un obstáculo, la obstrucción que este produce genera una sobrecarga energética dentro de ese deseo. A esta sobrecarga es lo que llamamos enojo. La función original de esta sobrecarga de energía es asegurar y garantizar la realización del deseo o la necesidad amenazada.

¡Acompáñame mientras exploramos el camino hacia una vida más plena y satisfactoria!

Dime, qué imaginas? Te diré si te enojas o te apenas

La sobrecarga energética del deseo, que es el enojo, puede albergar diferentes calidades más o menos destructivas. Esto dependerá de las conclusiones que mi mente produzca en relación con la naturaleza del obstáculo. Si me doy cuenta  que existe una intención contraria que se está oponiendo a mi propósito, mi frustración se hará enojo destructivo.

Por lo tanto trataré de hacerle a ese obstáculo destructivo lo que imagino que él quiere hacerme a mí. Esa voluntad de destrucción recíproca es la esencia de la batalla. Si llego a la conclusión de que ese obstáculo no responde a ninguna voluntad específica de perjudicarme sino que como la lluvia en el día que deseo ir a la playa, es algo que ocurre pero que no se opone deliberadamente a mí, entonces mi frustración será frustración pero difícilmente evolucione hacia el tipo de enojo destructivo.

Si le pido dinero prestado a un amigo y él me dice que no puede hacerlo porque no dispone de esa suma, y le creo, mi frustración será frustración pero no se hará enojo contra él. Si en cambio creo que me miente, que tiene el dinero pero que no me lo quiere prestar, entonces la frustración tiene las puertas abierta hacia el enojo. Ante cada frustración producimos, consciente e inconscientemente, conclusiones acerca de la causa que la produce y rápidamente evaluamos si hay una intención adversa o no.

Muchas personas tienen la tendencia a atribuir sus frustraciones a una voluntad adversa que se opone a sus propósitos. Dichas personas no tienen más remedio que vivir crónicamente enojadas y resentidas. Otro elemento interesante que está presente en este tema es que en el marco de una guerra, de una batalla, de una lucha, todo obstáculo es efectivamente el resultado de una intención interior adversa. Precisamente, la del rival de turno.

De modo que para quien vive en una atmósfera psicológica de batalla, todo obstáculo pone en marcha la reacción en cadena de frustración- enojo destructivo. Por el contrario los obstáculos que son evaluados como incógnitas a resolver, enfocados a las posibles soluciones, con preguntas, que efectivamente frustran y demoran los logros deseados, pero no generan enojos u odios destructivos.

En este momento, en el que los valores y las modalidades de la cultura competitiva sobrecargan tanto el tono emocional de cada una de nuestras relaciones humanas, estamos muy expuestos a interpretar cada obstáculo en el curso de una relación como la manifestación efectiva de esa relación adversa de nuestro rival de turno (sea mi mujer, mi vecino, el portero del consorcio, mi compañero de trabajo, etc.) que quiere oponerse a mi propósito y vencerme.

No es de extrañar, entonces, que el clima emocional de una incesante batalla sea el que fatigue nuestros días y deje exánimes a nuestro deseo y nuestra posibilidad de entusiasmo y alegría. A este componente cultural se agrega otro de origen biológico que, si no es adecuadamente comprendido, puede confundir aún más este problema y si deseas avanzar en un entreno para el autoconocimiento esto te puede interesar!

El fondo biológico

Desde el punto de vista químico, ante la presencia de un obstáculo vivido como amenaza, el organismo segrega adrenalina y noradrenalina, neurotransmisores que posibilitan todos los comportamientos de confrontación y lucha, de actividad y alerta.

En épocas primitivas de la humanidad, cuando la amenaza a la integridad territorial se dirigía en una confrontación física, en una lucha cuerpo a cuerpo, esta respuesta era, sin duda, la más adecuada porque en aquellos casos era necesario incrementar la fuerza física para encarar la batalla. Todos conocemos, sea por experiencia personal o por los innumerables ejemplos de personas que dan testimonio, cómo en una situación de ira me dispone a una magnitud de fuerza mayor que la habitual.

La tarea que necesitamos realizar es observar cómo utilizamos ese plus de energía que, por automatismos  arcaicos, el organismo produce frente a una frustración o una amenaza. El desajuste se produce cuando sigo utilizando una respuesta biológica de ira generada en situaciones antiguas, para situaciones actuales que no requieren tanta respuesta con adrenalina: lo que ocurre es seguimos poniendo en juego este tipo de respuesta y así olvidamos del problema que la generó.

Esto se agrava, además cuando se genera la creencia limitante de que el enojo, per se, incrementa la eficacia. Por lo tanto, se termina propiciando el patrón primitivo de respuesta de ira, como si todo fuera una amenaza al territorio que ocupo.

El enojo es útil para aumentar la fuerza física pero no es útil para resolver problemas. Imaginemos aun cirujano que encuentra obstáculos durante una operación y se enoja. Su ira entorpecerá, sin duda, su capacidad de resolver el problema que enfrenta. Este ejemplo resulta obvio, pero sin embargo existe una creencia, bastante generalizada, de que el enojo da potencia.

Un conocido periodista de tenis, cuando transmite los partidos de Gabriela Sabatini, repite frecuentemente: “Me gustaría verla a Gaby más enojada. Así Jugaría mejor.” El, como representante de esta creencia limitante, supone que enojándose contra el rival ganaría en eficacia. Y, en realidad, es todo lo contrario: la coordinación y la precisión que son necesarias para una buena jugada encuentran su mejor caldo de cultivo en la relajación y la calma. Esta observación, que parece tan obvia al describirla, está, sin embargo, prácticamente ausente en la evaluación de quienes orientan técnicamente y psicológicamente a los deportistas.

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Resumiendo

Podemos decir que la secuencia frustración-enojo-acusación, se produce en el contexto de una batalla y que, cuando vivimos en ese clima emocional imaginario, cada frustración dispara la respuesta de enojo destructivo que convierte cada problema en otra batalla.

Los diferentes modos de expresar enojo

En la medida en que concebimos al enojo como una señal que indica la presencia de una amenaza, de un obstáculo, podemos examinar cuáles son las actitudes que mejor utilizan la señal que ofrece el enojo. Habitualmente solemos creer que la expresión del enojo es una conducta homogénea que no tiene componentes diferenciables.

Sin embargo, si miramos con mayor detenimiento la reacción del enojo, como si ubicáramos sobre ella una lente de aumento para ver con más detalle cómo es, encontraremos cuatro componentes bien diferentes que vale la alegría de discriminar.

Para hacerlo más claro tomemos un ejemplo sencillo: me cito con un amigo y llega tres cuartos de hora más tarde.

Mi deseo de encontrarme con él a la hora convenida, que se frustra, acumula un plus de energía, y ese plus necesita descargarse. Este es, precisamente, el primer componente: la descarga. Podemos observar entonces todas las reacciones propias de esa necesidad: puedo moverme, gritar, protestar con insultos, dar un golpe sobre la mesa, patear, etc. El propósito de este tipo de reacciones es descargar al sistema nervioso de la sobrecarga a la que está sometido.

La función de la descarga es equivalente a abrir la válvula de escape de una olla de presión. La descarga permite que el sistema vuelva a recuperar el estado más adecuado para su funcionamiento. Esta fase es muy importante y es la que permite encarar en mejores condiciones las otras etapas de la resolución del problema que generó el enojo. Es un hecho cada vez más reconocido, que no todas las personas contamos con los canales disponibles para expresar y descargar la ira.

Toda la tradición cultural que propició y valoró la contención del enojo terminó suprimiendo los canales de su expresión. Si le pusiéramos palabras a tal actitud, sería: “Expresar enojo está mal, no es correcto o es señal de debilidad”.

hubungan-sosial-buat-tubuh-lebih-sehat-YGsLa actitud de suprimir la emoción agrava el problema, porque la falta de hábito en la experiencia de la expresión de esa emoción hace que uno no cuente con la capacidad de graduarla en su justa medida: esto se alcanza cuando uno ha ejercitado repetidamente una respuesta.

Por lo tanto, uno vive la ira frecuentemente en términos de “todo o nada”. Cuanto más se ejercita algo, mejor se puede calibrar y disponer de todos los matices de respuesta según requiera la situación.

La graduación de la reacción es una conquista evolutiva, que es a su vez producto de la práctica.

El hecho de ser los lobos animales muy combativos permitió que, a lo largo de su historia, pudieran ritualizar la descarga y el castigo, y lograran rescatar lo esencial del combate entre ellos, que es decidir quién se va a quedar con el territorio.

 

Por esta razón, cuando en el transcurso de una pelea el que está perdiendo ofrece su cuello al rival, se genera en el vencedor un reflejo que lo aparta de su contendiente, le hace buscar el lugar más alto de la región y se instala allí. Han resuelto el problema de la distribución de territorio con la mayor economía posible.

Esto ha sido denominada lucha ritualizada. Los pajaritos, por su parte, que no tienen la experiencia habitual de lucha porque apelan al rápido vuelo como respuesta al peligro, no cuentan con el recurso del enojo ritualizado y calibrado. Por lo tanto, cuando combaten en una jaula, las luchas terminan sólo con la muerte de uno o ambos antagonistas.

El segundo componente es hacerle saber al otro el impacto que su acción ha producido en mí y como me siento yo frente a lo que hizo.

Es decir , expreso, doy a conocer lo qué siento ante esa situación. Si volvemos al ejemplo de la cita con mi amigo, le diré: “Estás llegando 45 min. Tarde. Me siento irritado, molesto, decepcionado, harto de esperar, etc., etc.” Estas podrían se las palabras, pero la expresión global de lo que siento también estará en mi mirada, etc.

Como se puede observar, en este caso no hay ningún enjuiciamiento, descalificación, ni conclusión acerca de la conducta del otro. Meramente se la nombra sin juicio y se describe la propia reacción ante ella. Es decir, para que se produzca una modificación en la conducta del otro, es necesario que él conozca, del modo más completo posible, el efecto que su acción produce en mí.

Este componente está estrechamente asociado al que te conté anteriormente como acción de descarga, porque en el acto de nombrar, asumir, expresar lo que siento también realizo un movimiento de descarga.

Aunque estos dos componente pueden ser diferenciarse, porque en la descarga participan más elementos motores, frecuentemente ambos se intercalan y también esta fase está teñida por las creencias limitantes que afirman que reconocer el impacto que me produce lo que el otro hace es señal de debilidad.. El ejemplo que mejor ilustra esta actitud se presenta cuando alguien dice: “No le voy a dar el gusto de decirle cómo me afectó su comportamiento».

Más adelante veremos cómo la represión en la expresión de una o ambas fases que estamos describiendo contribuye a que la expresión del enojo tome uno de los canales más perturbadores: el intento de suprimir al mínimo la propia reacción y producir sobre el otro el máximo castigo!.

Otro componente necesario en la expresión del enojo para que este cumpla su función resolutiva, es la formulación de la propuesta para reparar lo reparable en esa situación y la construcción de un proyecto que asegure en lo posible que ese problema no va a repetirse. Volviendo al ejemplo anterior, podría decirle, por ejemplo, a mi amigo: “ Mira, ahora no puedo hablar del tema para el cual nos citamos porque estoy muy sobrecargado de malestar y tensión.

Vamos a caminar para descargarme, hablemos ahora de este problema y luego podremos conversar del tema por el cual nos citamos. Quiero que sepas que a mí me irrita mucho esperar cuando marco una cita a cierta hora, de modo que quisiera arreglar contigo una manera para que esto no se vuelva a repetir”.

Desde el punto de vista del enojo como señal, este conjunto de respuestas expresan una manera de aprovechar esta señal para resolver el problema que detecta. Si en este sencillo ejemplo de mi amigo lo que me afecta es la espera a la que me somete su impuntualidad, a través de estas reacciones utilizo mi enojo y el plus de energía que aporta para intentar resolver ese problema.

Si de esta lectura surge alguna duda, ¡cuenta conmigo!

Recapitulando ahora los tres componentes, estos son:

  1. Realizo la catarsis necesaria para descargar mi sistema.
  2. Le doy a conocerla, clara y abiertamente, lo que siento para que él conozca el efecto que produce en mí lo que él ha hecho (no enfoca en el ser).
  3. Incluyo una propuesta para reparar la situación presente y para tratar de evitar que se produzca en el futuro.

Para comprender mejor la significación de esta secuencia es útil recordar que detrás de todo enojo siempre hay un problema que se debe resolver. La confusión se produce porque el enojo mismo suele convertir los problemas en batallas y entonces el reconocimiento del problema y sus vías de solución se pierden.

Es decir, existe un 4º componente que vamos a examinar: es el deseo de castigar al otro por lo que hizo.

Aquí el centro está puesto en hacer sufrir al otro. Lo hacemos mediante insultos, enjuiciamientos y descalificaciones. Cuando mi amigo llega tarde , le digo: “Eres un egoísta, un irresponsable, un desconsiderado, contigo no se puede pactar nada, es imposible confiar en ti, no lo voy a hacer, así que me voy. Adiós”.

Esto puedo decirlo hasta con un tono de voz relativamente tranquilo, de modo que la descarga en sí de mi estado es mínima y simultáneamente el efecto sobre el otro es máximo. Aquellas personas que están habituadas a expresar su enojo de esta manera creen verdaderamente que expresar enojo es eso: acusar y reprochar. Cuando les revelo otra alternativa, muestran una extraordinaria sorpresa al enterarse de una modalidad que no estaba presente en absoluto en su forma habitual de vivir y expresar su ira.

Esta evidencia pone de manifiesto hasta qué punto el tema de la ira es también un importante aprendizaje que necesitamos realizar como miembros de la «especie humana» y protagonistas de esta cultura. La misma modalidad castigadora la podemos encontrar cuando al escuchar algo que nos enoja “le colgamos el teléfono” como respuesta o “damos un portazo” y nos vamos.

Esta modalidad es muy frecuente y hay personas que se reconocen a sí mismas como expertas en “poner el dedo en la llaga”, es decir, producir con la mínima descarga, el

máximo daño. Una clienta, Elena, me contaba: “Mi marido no me consultó de cómo quería yo que se hicieran los arreglos en la terraza y eso me enojó mucho.

Cuando me preguntó a qué hora iba a estar yo para que el albañil viniera a hacerlos, le dije que esa semana iba a estar muy ocupada y no iba a estar en casa. El tuvo que quedarse para recibirlo y luego se volvió loco para recuperar el trabajo atrasado… y yo lo disfruté muchísimo”

En la medida en que Elena no disponía de los recursos emocionales como para expresarle a su marido su desacuerdo por su actitud inconsulta y proponerle a su vez que la incluyera para poder emitir su

opinión, ella no tuvo más remedio que desembocar en la situación en la que expresaba su malestar mediante acciones que dañaran a su marido. Esta actitud perversa, está relacionada con ese conjunto de respuestas que consiste en realizar una acción que intenta lograr que el otro sienta lo que yo hasta ese momento sentí, y a su vez, multiplicado.

El régimen de multiplicación depende de cada uno y ese es el sistema que “va fabricando la bomba atómica”. Depende de cada uno, quiere decir que no sólo está relacionado con lo que el otro hizo sino también con todas las veces en que me sentí herido, del dolor que me produjo y de las conclusiones que saqué acerca del por qué ocurrió. Este es el resultado de los denominados actos de venganza.

La venganza, en esencia, es eso: hacer algo para que el otro padezca lo que me hizo padecer. Observado desde afuera, se puede creer que el vengador está haciendo sufrir al otro mucho más de lo que uno supone que él ha padecido. Sin embargo, este aparente soltar, depende de las memorias de dolor que el vengador albergue, que le hacen configurar muchas veces un régimen de multiplicación del sufrimiento altamente virulento.

Un elemento agregado que conviene recordar aquí es que, cuanto más represión acumules, tus canales de expresión y descarga de tu enojo, más utilizas el modo del “máximo castigo con la mínima descarga”. A partir de estos hechos, la actitud de: “lo que más me descarga es que el otro sufra”, se revela como una brutal distorsión en el proceso de la expresión del enojo. Además, como el otro va a reaccionar a su vez ante mi acción que le ha hecho sufrir, si él tiene el mismo mecanismo de hacerme sufrir por lo que le he hecho, entre los dos ponemos en marcha una interacción que agrava el problema y multiplica el daño.

Esa es “la bomba atómica”. Así es como se fabrican peleas que culminan en actos de violencia de una magnitud tal que resultan, mucho más graves en relación con el motivo que las generó.. Lo que acabo de describir es un sólo un  ejemplo de las situaciones en las que el enojo, en lugar de resolver un problema, lo agrava y multiplica. Un elemento a nombrar es que cuando le digo a mi amigo que llegó tarde: “eres un irresponsable…., etc.”, estoy actuando de un modo tal en el que he dejado de tener un problema con un amigo y la persona de mi amigo ha pasado a ser mi problema.

Dejo de estar con alguien con quien resolver un problema, para empezar a estar con un puro adversario a quien quiero destruir.

Este movimiento de amplificación desde un problema con un amigo a la persona total de mi amigo como problema, es típica de la reacción del enojo. Es lo que se suele llamar comúnmente: “la calentura del enojo”. Es aquí dónde las habilidades para «ventilarse» son bienvenidas tales como las formas de descarga que hemos comentado más arriba.

Indagación personal amable

Utilizando el parámetro de los cuatro componentes, te propongo que observes en un enojo que viviste reciente o antiguo,  cuáles estuvieron presentes: si hubo reacción de descarga, si diste a conocer lo que sentías ante lo que te hicieron, si formulaste alguna propuesta para resolver la situación, y si intentaste castigar al otro por lo que le hizo. La experiencia muestra que en una gran mayoría de los casos de expresión del enojo sólo están presentes las acciones que intentan castigar al otro, sea con insultos, reproches o descalificaciones.

No está de más repetir que ese es uno de los canales más dolorosos e hirientes para la resolución del problema que ha despertado enojo. Si este fuera tu caso en el ejemplo, trata de imaginar que vuelves a esa escena y observa cómo sería incluir los otros tres parámetros de este análisis. Algo que es bueno recordar aquí , es que

  • Cuantos más recursos tengo para resolver el problema que mi enojo señala, más se encauza la energía del enojo en la dirección de su resolución. A tal punto que, en sus formas más extremas, el enojo prácticamente no se presenta ni se lo experimenta como tal.
  • Por el contrario, cuantos menos recursos tengo para resolver un problema, cuanto más impotente me siento, más intenso es el enojo y más destructiva su calidad.

 

¿Qué cambiaría en tu vida con este orden propuesto? ¿Qué harías diferente? Te leo en comentarios!

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.

🌟 Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo! 

 

3 pasos para superar la frustración

autoestima

  1. ¿Te irritas con facilidad cuando no consigues lo que quieres?
  2. ¿Experimentas una rabia incontrolada si los demás no actúan de acuerdo a tus expectativas?
  3. ¿Tienes explosiones de ira ante situaciones banales, como un atasco de tráfico?

Si tu respuesta es afirmativa en los tres casos, ¡alerta, puede que sufras el síndrome de «escasa tolerancia a la frustración»!

Lo cual puede ser un serio obstáculo para alcanzar tus objetivos . La persona que tiene una escasa tolerancia al fracaso no suele correr muchos riesgos. No se concede a sí misma el derecho a equivocarse –no se lo puede permitir- y si fracasa o cometer un error se condena duramente por ello. Se trata de una persona que se valora en función de sus logros.

O sea, que la consecución de sus objetivos es lo que le concede su valor como persona, mientras que el fracaso se lo quita….

Esto explica su baja tolerancia a la frustración: su autoestima depende de ello. Para este tipo de persona, no arriesgar es la apuesta más segura, la única que le permite proteger la imagen que tiene de sí misma.

Cualquier otra persona con un concepto más elevado de sí misma puede arriesgarse, porque su lógica le dice que lo peor que le puede pasar es no conseguir su objetivo. ¡Pero sabe que hay más objetivos! ¡Y que sólo es una piedra en el largo camino!

No porque se fracase una vez se ha de fracasar en todo. Sin embargo, para la persona con un auto-concepto débil, lo peor no es solo no conseguir su objetivo sino lo que emocionalmente le va a costar: cuotas de frustración, sentimiento de indignidad y vergüenza. Una persona que se valora en virtud de sus éxitos o fracasos está siempre en la cuerda floja, porque sitúa su valor en factores externos sobre los que no tiene ningún control.

En cambio, si renuncia a valorarse por sus logros, siempre podrá considerarse un ser humano valioso, independientemente de si ha tenido éxito o no. Para ello, es preciso que se acepte incondicionalmente, incluso cuando comete errores. Por otro lado, este tipo de persona necesita sentirse aceptada por los demás para poderse aceptar a sí misma.

Esto limita mucho su campo de acción ya que es probable que renuncie a sus objetivos si cree que pueden acarrearle algún tipo de rechazo por parte de la gente que le rodea. La persona que tiene una baja tolerancia al fracaso y no se acepta incondicionalmente, ante la posibilidad de lanzarse a lograr una meta para él, suele sentirse indefenso y profundamente ansioso.

Pierde objetividad y focaliza toda su atención en las posibilidades inútiles en lugar de las útiles. No se le ocurre decir: «Está bien, me arriesgo». «Lo peor que puede pasarme es que me salga mal». «Tengo mucho que ganar y muy poco que perder». Sino que piensa: «No puedo hacerlo». «Si me sale mal me moriría de pena, vergüenza», etc. No evalúa las posibilidades negativas contrastándolas con las positivas.

De hecho, fracasar no es caer, sino negarse a levantarse y volver a intentarlo de nuevo. Las personas con poca tolerancia al fracaso tienen un pensamiento tremendista que le impide saber que no sólo existen posibilidades de fracaso, sino también de éxito. Cree que si fracasa en una cosa concreta, el fracaso se extenderá como una gota de aceite a toda su persona. No es extraño que en él, la fuerza proteccionista que apunta a la pasividad sea superior a la fuerza que tiende hacia la superación y el logro.

Nos enojamos cuando algo nos frustra: desde algo tan pequeño como un atasco de tránsito hasta una amenaza a mi integridad física o mi honor. Los motivos son variadísimos y los grados de intensidad también, pero todos tienen un elemento común: debajo de cada enojo hay una frustración.

Para este síndrome no hay vacunas ni medicamentos (por el momento) pero, afortunadamente, puedes eliminar tu baja tolerancia a la frustración si eres consciente Y te decides a sanarlo. Aquí te dejo un plan para resolverlo.

 

Te pongo un ejemplo:

Un amigo me prometió que me devolvería un libro y cuando llegó el día, se olvidó. En este caso, mi deseo de recuperar el libro se frustra y ese deseo frustrado se convierte en enojo. La función esencial del enojo es darme más energía para enfrentar el obstáculo que produce mi frustración. El tema fundamental aquí es si yo he aprendido a canalizar adecuadamente esa fuerza, o no. Ese aprendizaje es una de las tareas más significativas que los seres humanos necesitamos realizar.

La frustración juega en contra, pero es energía al fin y al cabo, has creado energía, hasta ahí todo bien, pero ahora toca canalizarla, y darle un giro. Piénsalo: ¿qué ocurriría si canalizaras esa energía para construir en lugar de destruir? Se trata de darse cuenta, ser consciente de que el problema no es la frustración sino en qué la conviertes. Si te sientes frustrado por no conseguir lo que quieres, felicítate y no te dejes llevar por la rabia, la ira o el abatimiento, sino todo lo contrario.

Indaga y pregúntate cómo convertirlo en algo bueno, que valga tu alegría.

La sociedad vive hipnotizada de la gratificación inmediata.

La publicidad bombardea con la promesa de que es preciso obtener rápidamente todo lo que quieras: Por un click, por adelgazar sin esfuerzo, por convertirte en una persona atractiva con un perfume, obtener la felicidad por conducir un coche, etc… Cuentos de Caperucitas y lobos, ahora que he vuelto a leerlo gracias a mis nietos Elena y Marc me doy cuenta de lo generadores de frustación que son. Volvamos al ejemplo del libro que mi amigo no trajo.

El enojo que siento puedo encauzarlo en dos grandes direcciones. Puedo decirle: ¡Eres un egoísta, siempre el mismo irresponsable…eres un falso… en ti no se puede confiar…! En ese caso he utilizado mi enojo para herir, castigar y hacer sufrir a mi amigo por lo que hizo. Cuando hago eso, no es por maldad. Es porque creo que sentir y expresar enojo es así: insultar, castigar y hacer sufrir.

Cuando reacciono de ese modo, provoco en el otro, en este caso mi amigo, un efecto rechazo. Él se siente herido por lo que le digo y responde, generalmente, con otro agravio: “¡Y tú siempre el mismo autoritario, crees que todos somos tus esclavos, eres un déspota!” Entramos en una espiral destructiva. La frustración se convierte en una emoción tan potente que rápidamente nos consume, puede hundirnos y fácilmente desembocar en el odio más acérrimo.

Fue justo al alcanzar ese momento emocional cuando mi amigo me recuerda otras situaciones anteriores en las que yo quizá le herí. Y me dice: “tú eres el egoísta irresponsable y manipulador. ¡Eres un hipócrita!”… Y así seguimos, de insulto en insulto. La intensidad continúa creciendo, cada vez nos herimos más, y al rato estamos los dos lastimados y resentidos. Ninguno quiere saber más nada con el otro… y el libro no lo recuperé.

Y es que, veces alejan más las actitudes que las distancias

Este es un ejemplo del típico enojo que destruye. Es muy común oír después de una gran pelea en la que todos han quedado muy heridos: ¿Por qué era que empezó esta discusión? Demasiadas veces este tipo de mensajes cala hondo en las mentes ingenuas, creando el espejismo de que es posible conseguir lo que se quiera solo aplicando el enfado.

Reaccionando a la frustración sin control, algunos esperan que la realidad cambie y se ponga a su servicio. A su necesidad y voluntad. Sin ningún cambio personal. Es el todo por nada. Y es falso. Pero hay otra manera de encarar el ejemplo del libro: aceptando y asumiendo. Saber asumir y superar las frustraciones es esencial para poder ser feliz en lo cotidiano y, por supuesto, cuándo se plantean otros objetivos ambiciosos y más a largo plazo.

Es sencillo: dirige ese plus de energía sobre el obstáculo que te fruste, NO sobre la persona.

En este mismo ejemplo le puedo decir a mi amigo, con toda la intensidad con la que lo sienta: Estoy muy frustrado y enojado. Me prometiste que me ibas a traer el libro y yo contaba con él. Lo necesito. Vamos a ver cómo me lo puedes traer. O llamas a alguien para que lo traiga o llamamos a un mensajero.

¡Fijate qué se te ocurre…! Y ahí me quedo esperando y demandando una respuesta. Cuando concentro mi energía en esa dirección el enojo cumple su propósito esencial: darme más energía para  resolver el obstáculo que me frustra.

Este tipo de enojo se apoya en 2 pilares:

  1. expresar lo que siento ante lo que sucede y
  2. demandar la respuesta que me “des-enojaría».

Expresar la frustración y el enojo que me produce la situación es necesario para mí, para desahogar lo que me pasa y es necesario para el otro, para que pueda saber lo que me ocurre a mí ante lo que hizo, porque ese es además uno de los motores que lo ayudarán a cambiar su actitud. Otro ejemplo: cuando se cuánto le molesta a una persona mí impuntualidad eso es algo que me ayuda a que lo tenga en cuenta y me dispone a tratar de ser más puntual.

Expresar lo que siento no quiere decir enjuiciar al otro. Son dos respuestas muy distintas que es necesario aprender a distinguir con claridad.

Una cosa es decir: ¡estoy muy enojado por lo que hiciste! y otra muy distinta es decir: ¡Eres una basura, eres destructivo, una mala persona, una porquería! etc. En última instancia la esencia del enojo que resuelve es autoafirmarse con claridad, fuerza y respeto. Y para eso no es necesario descalificar ni agraviar, ni insultar. Me concentro en la acción que me frustra y demando una solución.

3 tres sencillos pasos:

  1. Asume que la escasa tolerancia a la frustración es un comportamiento poco maduro y caprichoso alentado por un ego inflado. Tu finalidad, a partir de ahora, es acabar con el control que ejerce el ego en tus asuntos.
  2. Aprende a relativizar. Es posible que des excesiva importancia a cosas que no la tienen pero que sacan a flote un dolor que ya estaba ahí desde mucho antes.
  3. Entrégate un poquito más (o muchísimo más). Si afrontas un proyecto importante (como liderar a otros, una carrera universitaria, superar una adicción, autoconocimiento o mejorar tu salud, ), has de aceptar que va a exigir entrega, disciplina, y paciencia si los resultados no llegan tan pronto como se esperan.

Cuando uno aprende a enojarse respetuosamente y lo hace, se da cuenta con más claridad de la diferencia entre un enojo y otro: si es resolutivo o destructivo (o cuánto hay de cada uno). Entonces puede distinguir qué parte de verdad puede haber en ese enojo y que reparación requiere y cuanto hay de enjuiciamiento, agravio o maltrato, que es parte de la inmadurez y la ignorancia de quien se enoja así. Cuando establezco esa distinción ya estoy en mejores condiciones de no quedar sometido al modo destructivo del enojo del otro. Además, de que el otro hace lo mejor sabe en sus circunstancias y yo también.

Dejar ir no significa darse por vencido, sino aceptar que hay cosas que no pueden ser.

Para reducir la baja tolerancia al fracaso, conviene gestionar tu mente y detener la percepción que te aleja de tu objetivo  y elevar la aceptación de lo que esta siendo en ese mismo momento, para encajar una negativa o un retraso.

En el Tao Te Ching está escrito: «Lo duro y rígido se romperá; lo blando y flexible prevalecerá».

Aprende a ser flexible, paciente y constante, no hay secreto. Conseguirás comprender que dice tu emoción y podrás afrontar los problemas con serenidad y enfocarte a la solución.

Si te gustaría saber qué es lo que tienes qué hacer en concreto según la situación y fase de tu vida y no ir a palos de ciego, de forma reactiva.  Cuando no consigues algo a la primera es para que aprendas que no es esa la manera y quizá ni el momento. Pero que sí es posible de otra manera y en otro momento.

El error ocasional no es un fracaso que te condena. El error es semilla de éxito.

 3 pautas:

  1. durante 24 horas no tomarás ninguna decisión,
  2. buscarás inspiración y
  3. diseñarás tu plan para una segunda intentona.

Consciencia verbal

“El optimista tiene siempre un proyecto. El pesimista, una excusa.” (Iosu Laoz)

Tu mente cree todo lo que le dices. Háblale bonito, háblale con fé, háblale de amor, háblale de gratitud. Para un cambio de verdad, es muy importante ser conscientes de cómo nos hablamos por dentro, cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Si realizaste el ejercicio para crear a tu yo futuro ¿cuál era tu forma de relacionarte contigo mismo? ¿Te querías, te aceptabas, te perdonabas, te cuidabas, confabas contigo mismo? Supongo que sí.

Pues bien, puede que por ahora no seas capaz de convertirte en su totalidad en este personaje futuro, pero sí puedes empezar a hacer algo que está en tu mano: pensar o hablarte a ti mismo de otra manera. Desde la consciencia que yo tengo de mi en este momento, es con la que me relaciono con el otro. Porque tu mente se cree todo lo que le dices, háblale bonito, háblale de fé, háblale de amor, háblale de gratitud…

Cómo te hablas a ti mismo

¿Eres consciente de ello?  Descúbrelo a través de estos sencillos pasos de práctica experiencial:

 

  1. Durante una semana, pon al menos 3 alarmas al día en tu teléfono móvil, en horarios diferentes y en momentos que sepas que puedes atender cada alarma (no en momentos de trabajo o de sueño, obviamente). Puedes incluso ponerle un nombre especial a la alarma: CONSCIENCIA VERBAL o como prefieras llamarlo, si tienes un Smpartphone.
  2. Cada vez que suene la alarma, lo único que tienes que hacer es observar la voz que ha estado sonando en tu cabeza el momento antes. Y darle un nombre: ¿es una voz positiva, negativa, protectora, benevolente, voz que critica, voz que te tranquiliza, voz que te preocupa, que te abre caminos, voz de creatividad, confianza , miedo, amor, etc.?
  3.  Cada vez que suene la alarma y prestes la atención a tu voz, dale un nombre, como he indicado más arriba y anótalo en un cuaderno o tu propio móvil.
  4. La idea es que al cabo de la semana hayas anotado tantas voces como puedas. Incluso si ocurre, que sin que te suene la alarma, te has dado cuenta de que hay una voz nueva dentro de ti, dale un nombre, apúntala también.
  5.  Finalmente, cuando acabe la semana, haz una lista con todas estas voces. Es probable que te sorprendas de la cantidad de voces que hay en tu cabeza día tras día.

 

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.Si de

🌟 Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo! 

 

Codependencia.

 

Aunque se ha avanzado en el tema de las adicciones, a las sustancias, juego, trastornos de la alimentación… el tema de la ADICCION AFECTIVA no ha sido igualmente tratado.

Y sin embargo un gran porcentaje de personas consultan por problemas derivados de una dependencia afectiva que les impide establecer relaciones amorosas adecuadas.

El exceso de afecto, las adicciones afectivas pueden resultar tan impactantes en nuestra vida como la falta de amor, el abandono. La adicción afectiva es otra mas de las adicciones que padecemos frecuentemente.

El apego es adicción

Depender de la persona que se ama es una manera de despilfarrar la propia vida donde son regalados irracionalmente nuestro amor propio, el respeto por nosotros mismos e incluso nuestra esencia.

Entregarse al otro es un acto de cariño desinteresado, pero si en esa entrega está presente el apego, no es mas que una manera de rendirse por el miedo a perder lo bueno que tiene la relación. Siempre necesitamos a quien amamos, pero si esa necesidad se convierte en algo inhumano, en algo enfermizo, nos hace esclavos de ella, nos convertimos en un apéndice de la persona amada, no en un verdadero compañero.

Cuántas veces nos hemos escuchado a nosotros mismos decir frases como: «Mi existencia no tiene sentido sin ti». » Vivo para el» «Ella lo es todo para mi» »Si me faltaras me moriría» «Que haría yo sin ti» «Te necesito»…… declaraciones de amor que han brotado de nuestro corazón palpitante por comunicar afecto.

Realmente no son muestras de amor verdadero.

El amor no debe estar contaminado de adicción.

En algunos casos las personas se sienten incapaces de poner fin a una relación perjudicial. En otros el freno es la sensación de perdida o de abandono. No se resignan a la ruptura, permanecen inexplicablemente en una relación absurda. Otras personas se aferran a que aun le aman.

Mi propuesta es que una persona no debe esperar a desenamorarse para terminar la relación. Las personas adictas pueden aprender de la autogestión de sus emociones, para que aun necesitando «la droga», aprendan a pensarse capaces de autoliderarse aún con la urgencia de la adicción afectiva.

Puedes proponerte alejarte de ese placer momentáneo para disfrutar a medio plazo de una satisfacción mayor, liberandote de esa esclavitud.

Cuando un@ comienza a independizarse, descubre que lo que lo que sentías por el otr@ no era amor, sino una forma de adicción psicológica. Hay que liberarse de él o de ella sintiendo que lo quiere y comenzar a plantearse que de esta forma no le conviene.

 

Algunas personas sufren la necesidad de tener la seguridad de tener a alguien, aunque sea una compañia espantosa.

El deseo no es apego a querer algo con todas las fuerzas (eso no es malo) convertirlo en imprescindible, sí lo es.
Tener deseo no es estar apegado. Pero cuando no puedes dejar de tener lo que deseas, el sexo, el amor de tu pareja, la adulación o admiración de la misma, si entonces no lo tienes bajo control, es adicción.
Una persona apegada nunca estará preparada para la perdida, no entiende la vida sin su fuente de seguridad o placer. Si hay síndrome de abstinencia, hay apego. Y detrás de todo apego está el miedo.
Y el miedo esta originado por algo mas que aun está detrás. Si tienes miedo a deprimirte cuando te quedas solo, estarás apegado a quien te haga compañía…

Ser desapegado, no es ser indiferente

El Desapego es una manera sana de relacionarse con independencia, no posesividad y sin adicción.
La persona no apegada es capaz de gestionar sus temores al abandono, no considera que deba destruir la propia identidad en nombre del amor, pero tampoco promociona el egoísmo o la frialdad.
Desapegarse no es salir corriendo a buscar un sustituto afectivo, volverse un ser carente de toda ética. Una relación libre da paso a la ternura, deshaciéndose de la posesividad, de los celos y de cualquier emoción egoísta.
No podemos vivir sin afecto, pero sí podemos amar sin esclavizarnos. Una cosa es defender el lazo afectivo y otra ahorcarse con el.
El Desapego es la forma de amar sin miedo, sin miedo a estar solos, a que nos abandonen, a que nos engañen, a no poder tirar solos…..

A que puede uno estar apegado en su relación de pareja

El placer y el sentido de comodidad se mezclan para crear una súper droga de alta adicción que puede aparecer como bienestar, tranquilidad, diversión, engrandecimiento del ego a través de la pareja, confianza, compañía, soporte, apoyo emocional o simplemente presencia física.

  1. Apego a la seguridad/protección. «No soy capaz de hacerme cargo de mi mismo», estas personas necesitan alguien que se haga responsable de ellas. De ellas obtienen seguridad para enfrentar una realidad percibida como amenazante. Este es el apego mas resistente, se experimenta como cuestión de vida o muerte. Aquí se busca la supervivencia en estado puro, ni siquiera se busca el amor, ternura o sexo. Se busca la calma, se busca estar a salvo. Este tipo de apego tiene su origen en la sobreprotección de los padres en la niñez.
  2. Apego a la estabilidad. Este es el miedo al abandono. Prefieren mal matrimonio que una buena separación. Su único objetivo es mantener la unión afectiva a cualquier costo. Buscan confiar en que el otro no los abandonará y están dispuestos a pasar por alto temas como la infidelidad o el mal trato.
  3. Apego a los mimos y arrumacos, a las manifestaciones de afecto. Este es el terreno de los dependientes con baja autoestima. El objetivo es sentirse amado. Prefiero una separación con amor, a un matrimonio sin afecto. A todos nos gusta recibir amor, lo necesitamos, pero es distinto quedarse colgado a las manifestaciones de afecto, estar siempre pendiente de cuanto cariño nos prodigan para verificar si somos dignos de ser amados. Esto ocurre cuando alguien no se quiere a si mismo. El miedo a no ser amado se transforma en necesidad de ser amado. También entre las personas con baja autoestima, necesitan sentirse deseadas sexualmente por lo que enfatizan el cuidado personal o la estética. Para ellos funciona: Si soy deseable, soy querible.
  4. Apego a las manifestaciones de admiración. Cuando estas personas no se sienten valiosas, si alguien que les parece poderoso o seductor les demuestra admiración, el apego no tarda en llegar. Concretamente, una de las mayores causas de infidelidad es la búsqueda de admiración. Es muy habitual las parejas formadas por el, narcisista y maltratador que primero adula y aprecia las cualidades de su mujer atándola a si, para luego despreciarla y dañarla con agresiones físicas o verbales. Ella dice que sabe que es una pareja ideal pero que tiene brotes de mal humor. El proceso continua cuando el se arrepiente, vuelve a admirarla y a adular su ego para continuar la rueda de maltrato y desprecio.
  5. Apego al bienestar: sexo, tranquilidad o compañerismo. Este apego no es reconocido por la sociedad y por las personas como una adicción. Esta forma de dependencia es vista como normal por la cultura e incluso por la psicología. La utilización frecuente de estos estimulantes que nos aportan paz y camaradería diaria los convierte en potencialmente tóxicos. Hay cuatro formas de bienestar que pueden generar apego:
  6. Apego sexual. Encantador y fascinante para unos, angustiante, preocupante y desgarrador para otros.
  7. Apego a los mimos. El apego a los mimos, puede estar libre de todo apego sexual. La hipersensibilidad a los arrumacos pone en marcha una catarata de reacciones placenteras químicas en todo nuestro cuerpo que es difícil no quedar atrapados por los besos, los abrazos, la sonrisa y otras manifestaciones de afecto.
  8. Apego al compañerismo. Son personas sumamente apegadas cuyo principal enganche es la coincidencia de gustos e inclinaciones. La buena compañía los mantiene íntimamente unidos. No es fácil ser compañero, confidente y cómplice de la pareja pero si esto ocurre, la unión adquiere una solidez notable. Cuando una pareja apegada por la camaradería intenta separarse, el intento no suele prosperar porque hallar un sustituto afín es muy difícil.
  9. Apego a la convivencia tranquila y en paz, es de los mas apetecidos, sobre todo después de los cuarenta años. Hay una época en la vida en que estamos dispuestos a cambiar pasión por tranquilidad. Aunque si obtener la apreciada tranquilidad implica renunciar a los demás placeres y alegrías que el AMOR SANO me puede ofrecer, pensaría seriamente en revisar mi concepto de paz.
  10. La adicción al amor

Un adicto al amor es alguien que depende o se encuentra «enredado» con otra persona, o compulsivamente centrado en cuidar de ella. También denominado codependencia, no todos los codependientes son adictos al amor (existe una codependecia sana).

En lugar de desarrollar una intimidad madura, estos seres buscan enredarse, fundirse, permanecer completamente conectados con su pareja/relaciones, buscan situaciones de intensidad emocional que les mantengan vinculados.

La codependencia es una «enfermedad de inmadurez emocional», que nos incapacita para mantener una relación saludable con nosotros mismos, amarnos a nosotros mismos y en definitiva saber compartirlo con los otros.

El/la codependiente tiene grandes dificultades para ser una persona madura, responsable e independiente tanto en el plano emocional como en el material, mentao siente que por si mism@ no podría con la vida.

L@s codependientes, o bien tratan de controlar a los demás diciéndoles como deberían ser para complacerles y confortarles, o bien permiten que sea el otro quien les controle.

 

dependencia emocional

Solo que el que esté en control provoca respuestas negativas en el otro. Si quien controla, termina sintiendo su abandono y quien es controlado el agobio, brotan sentimientos de rencor, cólera.

Este es el modo que tenemos de liberar el abuso que estamos viviendo.

La salida a esta situación de enredo emocional no pasa por dejarse conducir por este tipo sentimientos negativos de rabia, reproche, abandono, escapismo….., sino mas bien en desengancharse de esa adicción, primero reconociéndola, después con la firme actitud de realizar unos cambios, estar dispuesto a sufrir el dolor de la abstinencia del ser del que dependemos para finalmente llegar a sanar esa relación o establecer otras alternativas.

Nuestra capacidad para afrontar la realidad se halla directamente relacionada con nuestra capacidad para tener una relación saludable con nosotros mism@s, lo que significa amarse a si mismo, protegerse, identificarse consigo mism@, cuidar de uno mismo y moderarse.

Vivir a partir de esa relación saludable y centrada, nos permite afrontar la realidad de quienes somos, quienes son los otros y cual es la realidad de nuestra situación actual. Desarrollar esas capacidades y percepciones constituye el núcleo de la recuperación de la codependencia.

Es notable comprobar que las personas codependientes tienen a la vez otras adicciones añadidas: al sexo, a la comida o a la anorexia, a derrochar dinero, comprar, al juego, alcohol, tabaco, drogas, pastillas…. En el fondo de todas ellas se encuentra la adicción al amor externo  y un amor propio auto-destruido. 

Abordar la adicción al amor externo puede ser emocionalmente muy desestabilizador debido a la resistencia y la negación a admitir el auto-engaño que rodean este estado de dependencia.

Es frecuente observar la relación adictiva entablada entre una persona centrada en la pareja y en la relación, mientras que la otra trata de evitar la conexión intima dentro de la relación, habitualmente a través de alguna clase de adicción. El primero es el adicto a amor y al segundo adicto a la evitación.

Encontramos entre las mujeres, más adictas al amor que entre los hombres, que suelen ser adictos a la evitación, pero esto puede ser intercambiable, e incluso aplicable no solo a relaciones románticas (hetero o no), sino padres hijos, compañeros, amistad….

Un adicto al amor presta demasiada atención al otr@ de manera obsesiva. Además sus expectativas con respecto al otr@ son irreales, idealizan. Y con tanta atención exterior, olvidan su propia atención, sobre todo olvidan valorarse a si mism@s, se han descuidado por completo.

El adicto al amor trae de la infancia una experiencia de abandono en el que no sintieron suficiente intimidad, de modo que no saben cómo vincularse con ellos mism@s. De adultos  puedes convertir esta etapa en LA MEJOR ETAPA DE TU VIDA es la mejor oportunidad que pueden ofrecerse a si mism@s.

A su vez buscan llenar ese hueco y se aferran a un ser que consideran más empoderad@  y del que finalmente dependen por terror a resultar abandonados.

Al principio e la relación, los adictos al amor se sientes bien, admiran a su pareja, lo idealizan y esperan ser rescatados, todo ello aunque el resultado es en detrimento de la relación en si mismo. A medida que los adictos al amor hacen esfuerzos cada vez mayores por manipular/controlar a la otra persona, de modo que sea el ideal que ellos esperan, experimentan repetidas decepciones porque absolutamente nadie puede llegar a satisfacer esos deseos insaciables, expectativas de largo sueño….

Entonces empiezan a sentirse mal en la relación hasta que su dolor les hace darse cuenta de que son incapaces de vivir sin su pareja ni con ella, de la misma forma. La tragedia es que los adictos al amor se sienten habitualmente atraídos hacia los adictos a la evitación, que tratan de evitar el compromiso y la intimidad saludable, y que centran su atención en adicciones exteriores.

A veces estas adicciones exteriores terminan por dominar la vida del evitador y es ahí cuando entra su pareja, una adicta al amor, a cuidarle.

Puesto que no pueden tolerar la idea de quedarse solas, permanecen en la relación y se ocupan de las cosas, pero…su rabia les hace convertirse en personas muy controladora y/o abusiva.

No pueden marcharse porque sienten el abandono, tampoco pueden quedarse y sentirse bien  (así no son rescatadas) sino que son ellas las cuidadoras. Porque lo que ella espera al establecer esta relación de dependencia con alguien que considera más poderos@, es ser cuidadas.

A menudo personas que se piensan a si mismas incapaces de realizar ciertas tareas que delegan en el otro, cuando están solas son perfectamente capaces de ocuparse de su vida con total independencia, tanto de asuntos financieros, como materiales o sociales. Pero mientras se hallan inmersas en la relación, su autoestima disminuye al punto de sentirse CASI incapaces de hacer su vida sin su apoyo.

Los ciclos emocionales de los adictos al amor.

Al principio de la relación, el adicto al amor conoce a alguien atractiv@, alguien que parece valérselas muy bien con sus cosas, que parece tener una gran valía (realmente no lo es, es alguien carenciado también). Cuando alguien dice que ha sido amor a primera vista o flechazo, no dudes de que se ha dado la química entre dos personas adictas al amor.

Cuando el adicto al amor empieza a desarrollar una relación con su adicto a la evitación, sus fantasías se disparan. El primero cree haber encontrado a su  brillante armadura y éste fantasea con haber encontrado esa súper persona que muestra sentimientos amorosos…

Ninguno mira en realidad al otro, sino una imagen que se han creado desde niños. También llamada adicción romántica.

La excitación es magnifica, al creer haber conseguido al ser de sus sueños. Entonces se produce el alivio de su dolor por no ser querido, ahora se siente valorad@ y llen@…y tambien dependiente…:((A

En cierta fase de la relación, el adicto al amor se da cuenta que el otr@ no resulta ser tan maravilloso como creía (nadie podría serlo), su decepción es grande. De nuevo siente la vieja compulsión de «enredar» al otro en busca de intensidad emocional que le vuelva a vincular con el, discusiones, reproches, escenas dramáticas, intentos de suicidio…

Tal vez agudice en este momento su obsesión por controlar al otro, saber donde se encuentra en todo momento, puede ponerse histéric@ al verse abandonad@, hablar con la familia…. controlar indirectamente, ponerse seductora, organiza viajes con su pareja, comenzar con relaciones extramatrimoniales. Con ello la relación se va haciendo cada vez mas tóxica. Todo eso es un comportamiento ofensivo que finalmente agota y termina por hacer fracasar la relación.

Ante tal comportamiento exagerado y agobiante, el adicto a la evitación agudiza su respuesta de huida, alejándose mas rápidamente y dando señales mas claras de que únicamente trata de distanciarse del adicto al amor.

En este punto, cuando el adicto al amor se da cuenta de que hay algo o alguien que es mas importante para el otro que la relación de pareja, la fantasía se transforma en una pesadilla. Ahora acude a su mente la imagen de la persona que le abandono o maltrató en la infancia.

Finalmente el adicto al amor acepta la realidad de que está abandonado de nuevo, entrando en un periodo en el que prescinde de que el otro le rescate, entrando en un periodo de abstinencia que puede ser muy intenso hasta que se produzca la recuperación.

Muchos regresarán a sus mecanismos de negación al sentirse tan desbordados por el dolor de prescindir del ser al que son adictos. Pero si continúan con su proceso de abstención, entraran a continuación en una fase de obsesión sobre como conseguir que el adicto a la evitación regrese o como desquitarse incluso elaborando minuciosos planes y poniéndolos en acción.

En ese estado, se siente maltratado por su pareja y a la vez se muestra abusivo con ella, ve todo lo que hace el otro con una luz negativa. Se obsesiona con una revancha, pero no llega a ver su comportamiento como ofensivo.

El adicto a la evitación.

Un adicto al amor y un adicto a la evitación se sienten mutua e inexorablemente atraídos el uno hacia el otro.

Esta atracción resulta increíble para un adicto al amor (¿quien mejor que un evitativo puede hacerte sentir abandonado?), pero se justifica en el sentido de que (en general) busca alguien con características similares al progenitor con el que estaba enredado en su infancia y del que no obtuvieron el amor que necesitaban, con la inocente pretensión de conquistar «esta vez» su cariño y aprobación y no su abandono o su maltrato.

Que los padres atiendan emocionalmente al hij@, es un flujo apropiado de la energía. Pero cuando la experiencia es la contraria, es decir que el hij@ alimenta emocionalmente a alguno de sus padres, esa es una relación de «enredo». A esos niños «enredados» o cogidos en la trampa se les agobia y son utilizados por la necesidad de mamá o de papá de tener compañía, atención y amor, los niños que se han visto envueltos en relaciones «enredadas» con un padre o su madre, son los que con mayor frecuencia se convierten en adictos a la evitación.

El adicto al amor no fue utilizado de este modo aliviador, sino que fue abandonado y dejado a solas. En el proceso de ser usado por quienes debieron atenderlo, el adicto a la evitación, quizás también se vió abandonad@, ya que mientras se ocupaba de cuidar de alguno de sus padres, no había allí nadie que se ocupara de cuidarlo propio.

 

Características del adicto a la evitación

  1. Se evaden intensamente en la relación, al crear intensidad en otras actividades, habitualmente fuera de la relación (suele tratarse de adicciones)
  2. Evitan el ser conocidos en la relación con objeto de protegerse a si mismos de la absorción y control por parte de la otra persona.
  3. Evitan el contacto íntimo con su pareja, para lo cual utilizan una variedad de técnicas de distanciamiento.

Los adictos a la evitación temen la intimidad porque están convencidos que se aprovecharán de ellos y se verían absorbidos y controlados por ella. Fueron absorbidos y controlados por la necesidad del otro, por la realidad del otro, por la existencia del otro y no desean pasar de nuevo por esa misma experiencia de la niñez que ahora les lleva a sentir que mayor intimidad traería mayor sufrimiento, para lo que se basan tanto en la experiencia con las personas que le cuidaron de niños como con sus parejas adictas amorosas.

Al mismo tiempo los adictos a la evitacion temen verse abandonad@s.

Puesto que no tuvo contacto en su niñez con otro ser que aliviara su dolor, temor y vacío de abandono, no aprendió que una relación puede aliviar una experiencia de abandono. El temor al abandono del adicto al amor, atrae al adicto a la evitación. (Un ser tan necesitado, no me abandonará fácilmente.)

Ambos tienen los mismos temores: intimidad y abandono.

El adicto a la evitación intenta mantener el nivel de intensidad en la pareja al mínimo, La intensidad de las relaciones la percibe como agobiante, así que evita la intimidad, poniendo su atención en distracciones, cosas ajenas a la relación, cualquier adicción le sirve, así no está disponible. En realidad lo que hace es abandonar al adicto al amor.

El adicto a la evitación no experimenta sensación de energía o vitalidad dentro de su pareja porque la mantiene a muy baja intensidad. Esta sensación de falta de energía dentro de su pareja no hace sino intensificar su sensación de abandono. Buscará fuera de la relación esa falta de intensidad que él mism@ ha provocado.

Evita ser conocid@ por el otro@ por su temor a ser usado, controlado o manipulado como lo fué en su infancia.

Se reserva informar, dar todos los datos, descubrirse por completo llegando incluso a falsificar o manipular la información que da, le hace parecer poco transparente o tramposo.

El evitador levanta muros que obstaculizan la relación: muros de cólera y temor, utilizan emociones fuertes para mantener a los demás a distancia. Muros de silencio, lo que le permite hablar lo mínimo. Muros de «madurez emocional», lo que le permite no mostrar nunca sus emociones. Muros de «amabilidad» hasta el punto de retener información sobre las dificultades en la relación.

¿Qué le impide a un@ evitador@ marcharse y convertirse en un ermitaño aislado?

Se lo impide el temor al abandono, unido a la adoración y admiración que recibe del adicto al amor, que le hace sentir a salvo y deseado.

El adicto a la evitación desea y necesita mantenerse en la relación y sentirse conectad@, pero de una forma protegida, debido al miedo que tiene a ser controlado y absorbido por el otro, por lo que intenta mantener el control con sus alejamientos, con el control del poder de decisión y/o con el dinero de la pareja.

Esa necesidad de mantener el control para no resultar invadid@, llega hasta hacerles trabajar duro para tener supremacía económica, también a evitar discusiones para no afrontar la lógica de las cosas o en otros casos también utilizan el poder físico, dando paso al maltrato.

Los ciclos emocionales del adicto a la evitación:

  1. Se siente atraído por la necesidad y vulnerabilidad del adicto al amor.
  2. Conecta con el adicto al amor por medio de la seducción.
  3. Se siente animado con la adulación del adicto al amor
  4. Se siente absorbido y controlado por la necesidad del otro.
  5. Abandona la relación por una adicción para aliviar el temor a ser absorbido.
  6. Ante el temor a sentirse abandonado o ante la culpabilidad, regresa a la relación o encuentra una nueva pareja.

La fase de recuperación

Existe un proceso de recuperación de las relaciones co-adictivas.

Lo mejor es que ambos miembros de la pareja participen en el proceso, pero si tan solo es uno quien lo hace, tendrá beneficios de todos modos para el otr@. Cuando la relación se vuelve tan tóxica que resulta insostenible, cuando alguien «empieza a afrontar» que las cosas no van bien, es el momento de entrar en este periodo de recuperación.

Reconocerse a uno mism@ como adicto emocional, no es agradable porque surge el dolor de la perdida. Prescindir de la conexión con alguien, por dolorosa que sea, prescindir de los momentos emocionales intensos, del entusiasmo, del alivio a una realidad intolerable, es algo doloroso. Sin embargo, este periodo es el de la posible recuperación de la relación más fructífero.

Además de prescindir de tu adicción emocional a la otra persona, también debes afrontar la supresión del resto de adicciones que pretendes te eliminen tu miedo al abandono.

Lograr superar al principio del proceso de recuperación alguna de esas adicciones complementarias, dará estabilidad para afrontar el proceso mas difícil de adicción que es la codependencia y estar preparado para experimentar la abstinencia.

 

Distanciarse de la relación.

Durante este periodo de abstinencia en el que enfrentas cualquier adicción, quizá sea una opción el distanciarse del otr@, desengancharse emocionalmente hasta que se sienta cierta recuperación de su independencia.

Además el/la adicto a la evitación necesita desengancharse de los arranques de intensidad que le surgen en su pareja cuando no está ausente y evadido en el resto de sus adicciones.

Distanciarse de la relación no significa necesariamente separarse o pedir el divorcio, aunque algunas parejas necesitan de una verdadera separación física. Tampoco significa que los miembros de la pareja elimine cualquier contacto entre sí.

Lo que deben eliminar es cualquier contacto que conduzca a un enfrentamiento, a la intensidad, a los sentimientos dolorosos o a tratar de afrontar los temas de la relación con el otro. Se procura mantener al mínimo las criticas, las bombitas de intensidad emocional, o la resolución de los grandes problemas de la casa o de la familia.

Utiliza un muro de amabilidad. Tratarse el uno al otro de forma muy agradable y dedicarse cada uno a sus propios asuntos, a su propio proceso y no criticar o tratar de mejorar el camino del otro. Alejarse de esos momentos de intensidad que sabe que se encuentran fuera de los limites permitidos.

Si el otro miembro de la pareja reanuda las hostilidades, no respondas directamente, ni siquiera para comentar que no debieran abordar cosas de este tipo. No discutas sobre nada que sea irritante.

Pasos para distanciarse:

  1. Bájate tu de la chepa del otr@, ocúpate de tus asuntos, deja de mirar hacia el/la otro.
  2. Evita los bombardeos de intensidad emocional como cólera, seducción, olvidos, silencios, haciéndote la victima, el desvalido o el protector, o lanzando cebo que puede enganchar al otro en discusiones y con la intención volver a conectar con el.
  3. Observa lo que le está sucediendo al otro para comprender como también esta inmerso en esta adicción.
  4. Obsérvate a si mism@ y a tu necesidad de volver a conectarte con el otr@ mediante apasionamiento y tu necesidad de responder a sus ataques o ironías.
  5.  No respondas a ningún bombardeo emocional.

 

Una relación estable

Después de haberse distanciado de alguien a quien ha sido adicto y haber pasado por su recuperación de la codependencia, habrás alcanzado un grado de madurez del que no disponía antes. Te instalas en el auto-liderazgo. Esta nueva madurez le permite vivir tu vida de un modo diferente. Sobre todo está mejorando tu relación contigo mism@. En una relación aceptablemente sana:

  1. Cada miembro de la pareja ve al otro de una forma realista y se muestra ante el otro tal cual es, presta atención, dice la verdad, pide lo que necesita y desea y se desprende del apego al resultado. Cada uno sabe que el otro no es perfecto y cometerá errores. Habrá situaciones injustas o abusivas, discusiones o tonos inapropiados pero lo afrontarán sin crear demasiada tensión, pudiendo reconciliarse de esas violaciones de los limites, sin sentimiento alguno de humillación.
  2. Cada miembro de la pareja asume la responsabilidad de su propio crecimiento personal. La recuperación aun continua y ninguno exigirá al otro como debe hacerlo o si lo esta haciendo mal, sino dejar que sea uno mismo quien determine su manera y ritmo.
  3. Cada miembro de la pareja asume la responsabilidad por permanecer en un estado adulto del ego. No se permiten caer en su viejo vicio infantil, el otro no es responsable de su carencia infantil. Si pide ayuda al otro no se haga la victima ni espere ser rescatado.
  4. Cada miembro de la pareja puede centrarse en encontrar soluciones a los problemas. Ambos se hacen cargo de los problemas que surjan, buscando una solución y acordando como actuar. Luego cada cual debe hacerse responsable de cumplir lo acordado. Lo peor que se puede hacer es utilizar un problema para sacar todas las quejas acumuladas y crear situaciones emocionales que son sean funcionales y practicas.
  5. Cada miembro de la pareja puede ser intimo con el otro y apoyarlo pero sin hacer el trabajo que debe hacer el otro, ni sacrificar las propias necesidades.

 

🔥 Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo!

 

Con amor y gratitud te mando un abrazo llena de entusiasmo y alegría.

Anna Beusam