¿Alguna vez te has encontrado protestando por algo que no te gusta, para luego descubrir en ti ese mismo comportamiento?
¿Buscas ayuda para una necesidad que tienes, una ayuda que piensas que te mereces; una ayuda que, sin embargo, tú no estarías dispuesto a dar?
¿Te pones impaciente cuando tú has llegado puntual a una cita y la persona con quien has quedado llega tarde; sin considerar cuántas veces tú has llegado tarde a una cita o a una reunión, esperando la comprensión de los demás?
¿Te fastidia cuando otros te interrumpen cuando tú estás hablando; pero tú también haces lo mismo, aunque sea sin darte cuenta, cuando te emocionas con la conversación?
¿Te gusta ser el más gracioso del grupo y te encanta contar chistes o anécdotas; pero cuando otro lo hace, piensas que es un pesado y deseas que se calle lo antes posible?
¿Dices que no te gustan los chismes o el cotilleo; pero frecuentemente te sientas a hablar con los que parecen conocer toda la vida de los demás, y tú estás tranquilo escuchando, dejándote contaminar con sus cuentos y sus exageraciones de las desgracias ajenas?
A veces no te das cuenta de que estas cosas te irritan porque también lo haces tú. Cuando ves algo que no te guste, piensa que quizá haya algo en ti que debes cambiar. Cuando te das cuenta qué es lo que debes cambiar, en lugar de castigarte, úsalo para reflexionar y para mejorar.
Somos tan expertos en protestar que lo hacemos hasta con nosotros mismos. Es frecuente que nuestra voz interior nos acuse y no nos deje ver lo maravillosos que somos. Protestamos en vez de buscar soluciones y nos desanimamos en lugar de vivir felices.
Te animo a verte reflejado en los demás, tanto en las debilidades como en las fortalezas. Usa a las personas que tienes cerca como espejos, verás cómo algunos te resultarán mágicos. Si algo te molesta de otra persona, aprovecha para cambiar y crecer. Si alguna cualidad o característica te gusta, celébralo, porque sí lo ves, es que lo tienes tú también.
Yo quiero protestar menos, deseo ser más paciente, más constructiva y más feliz.
«Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar» Paulo Coelho
Porque lo imposible, sólo tarta un poco más...
A veces nos surge la pregunta ¿Y si fracaso?
¿Te has hecho alguna vez esa pregunta? El miedo a fracasar es un paralizante, hace que te bloquees, que no puedas resolver un problema, tomar una decisión o perseguir un sueño.
El miedo a fracasar te evita ha pasar a la acción y, si no pasas a la acción, ¿cómo lo vas a conseguir? Pensamientos del tipo “¿Y si fracaso, qué pensaran de mí?” te evitan incluso de hacer un primer paso hacia ello.
Prefieres pasar desapercibido antes de inspirarte por tu sueño y poder ser percibido por los demás (y por ti mism@) como un fracasado. Desde pequeñitos, nuestros padres nos cuidan y nos miman para que no fracasemos, en lugar de enseñarnos desde pequeños que el fracaso es parte natural de la vida y también parte del éxito.
Para protegernos, algunos adultos nos pintan un mundo ideal (e irreal) en el que nos ocultan el fracaso y solo nos muestran la cara del éxito y ahí nos colocan.
Tienes dentro de ti las habilidades básicas para resolver los retos que se te presentan en la vida, tienes los recursos necesarios, aunque quizás puede que los tengas oxidados por no haberlos utilizado. Lo primero que tienes que hacer es perderle el miedo al fracaso (o llamémoslo mejor, a no tener éxito).
Como bien dijo Thomas Edison, inventor de la bombilla eléctrica en uno de sus múltiples experimentos que le llevó al final a ese descubrimiento que fue un grandísimo descubrimiento para la humanidad.
“No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. Edison
Ten esa actitud en tu vida ante el fracaso y afróntalo con una sonrisa. Pon todos los medios a tu alcance para convertir las situaciones en un éxito, y acepta el fracaso como una opción más, que, si te ayuda a aprender, te acerca un poquito más a tu sueño y gracias a lo aprendido vuelve a hacerlo.
Los ejercicios del día de hoy te ayudarán a enfrentarte a ese miedo a fracasar o a no sentirte capaz de resolver algo, a mirar esas oportunidades como una posibilidad de aprender.
Nadie aprende sin equivocarse. Los errores son los que nos ayudan a crecer y a lograr la experiencia que hará que la próxima vez no te equivoques o que estés un poco más cerca del éxito.
El miedo al fracaso convierte en imposibles tus sueños, no lo permitas. Paulo Coelho
¿Quieres hacer algo o estás comprometido a hacerlo? ¿Te das cuenta de la diferencia? Es solo una palabra, pero esa sola palabra cambia radicalmente el significado de la frase. Completamente.
Querer hacer algo es muy peligroso. Es peligroso porque, si quieres hacer algo y luego no lo haces, te sientes mal y sientes que has fracasado.
Piensa en este ejemplo: Una mujer quiere bajar de peso, pero no hace el esfuerzo necesario para conseguirlo. ¿Cómo va a sentirse esa mujer? Efectivamente, muy mal porque a su sobrepeso, tiene que sumarle su sentimiento de frustración y fracaso por no haber conseguido hacer aquello que deseaba hacer.
Comprometerse va más allá del querer y te lleva a una siguiente dimensión. Comprometerse significa que vas a poner los medios a tu alcance para conseguir hacer aquello que quieres hacer. No significa que vayas a conseguirlo, no, pero sí que estás comprometido y lo vas a intentar. ¿Puedes fracasar? Claro que sí pero una persona comprometida, cuando fracasa una vez, lo intenta otra, y si vuelve a fracasar, lo intenta otra vez. Eso es compromiso. No escudarse en el primer fracaso para abandonar aquello que quieres o dejar de luchar por convertirte en aquella persona que quieres ser. Otro buen ejemplo, es la mejora de la autoestima.
¿Quieres mejorar tu autoestima o estás comprometido a mejorarla? Reflexiona sobre todo esto.
Y ahora un vídeo de Nike que te muestra a un grupo de personas (atletas) comprometidas con lo que están haciendo. Los atletas, y especialmente los grandes atletas, son un ejemplo de constancia y compromiso. En este video verás que no han llegado a ser quienes son simplemente queriendo, sino que han tenido que comprometerse para ser los mejores. ¿Vas a seguir queriendo o vas a empezar a comprometerte?
El autorespeto es la capacidad de respetarse a uno mismo. Esto, que parece tan básico, es a menudo ignorado por muchas personas. Vivimos en una sociedad en la que no está bien visto estar orgulloso de uno mismo. Se ve como “chulería” o arrogancia y se prefiere a la gente modesta que destaca sus defectos en lugar de sus virtudes.
Pensad en vosotros mismos. ¿No os habéis sentido incómodos muchas veces al recibir un halago y habéis acabado casi disculpándoos y diciendo que vuestro triunfo ha sido causa de la suerte o de la casualidad? Actuamos así constantemente y no consideramos que respetarse a uno mismo, valorarse y estar orgulloso sea un buen valor.
Sin embargo el autorespeto es muy importante en nuestras relaciones con nosotros mismos y con los demás. Para poder merecer y obtener el respeto de los demás, primero debemos respetarnos a nosotros mismos. La gente con baja autoestima suele faltarse el respeto continuamente, aunque sea de manera inconsciente, con sus continuos pensamientos negativos y las descalificaciones continuas a sus capacidades y aptitudes. Esto suele hacer que la gente que está a su alrededor tampoco les respete y está en la base de muchos problemas en las relaciones (por ejemplo, en el maltrato).
Entonces, ¿qué debemos hacer para respetarnos a nosotros mismos? Aquí tenéis unas pequeñas pautas:
Hay que darse cuenta de nuestras propias necesidades y valores y satisfacerlas. No debemos dejar siempre que queden en segundo plano para satisfacer a los demás. Se suele confundir la defensa de las necesidades propias con el egoísmo pero no es así. Tenemos el derecho, como todos los demás seres humanos, a que nuestras necesidades sean escuchadas y atendidas.
Hay que saber expresar los sentimientos sin culparse por ello. Estar enfadado o dolido por algo y decirlo no nos convierte en una mala persona.
Busca las facetas de tu personalidad o acciones que te hagan sentirte orgulloso de ti mismo, reflexiona sobre ellas y valóralas.
Si mejoramos el respeto que nos tenemos a nosotros mismos, conseguiremos un mayor respeto de las personas que nos rodean, mejorará nuestra relación con ellas y nuestra autoestima aumentará.
Mil gracias por leerme. Si te ha gustado, compártelo!
“El marido va al médico a hacerse un chequeo y antes de irse le pregunta si le puede hacer una consulta sobre la capacidad auditiva de su mujer. El médico acepta y el marido dice: “Creo que se está quedando sorda. Cómo puedo estar seguro?”
El médico le hace las indicaciones y al volver a su casa, el marido encuentra a su mujer en la cocina lavando los platos de espaldas hacia él. Se para a unos 5 metros y le dice “Querida, me oyes?”. No hay respuesta. Avanza un par de metros y vuelve a preguntar. No hay respuesta. Finalmente se para detrás de ella y pregunta “me oyes?”.
Y la mujer dice:”por tercera vez, qué?””
Dicen estos expertos que este cuento tal vez muestre que a veces somos la raíz del problema, aunque no lo veamos u oigamos. También muestra que se necesitan dos para tener problemas interpersonales.