por Anna | Blog
¿LLEGÓ TU MOMENTO DE PASAR A LA ACCIÓN Y SALIR DE LA RUTINA CUANTO ANTES?
Anna BeuSam
Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias. Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera…
Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
- “En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir?
El señor respondió:
- “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó:
- “Busca la vaquita, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”
El joven, espantado, miró al maestro y le respondió :
- la vaquita era el único medio de subsistencia de aquella familia.
El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.
Empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.
Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos. Así lo hizo.
A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.
Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.
El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.
Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita):
- “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?”
El señor entusiasmado le respondió:
- “Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”
Moraleja
“Todos tenemos alguna vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia, pero que nos lleva a la rutina y nos hace dependientes de ella. Nuestro mundo se reduce a lo que la vaquita nos brinda.”
Si sabes cual es tu vaquita, no dudes en tirarla por el precipicio.
¿Llegó el momento de pasar a la acción y salir de la rutina cuanto antes?.
Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.
Si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo!
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Hablamos pronto, ¡deseo que tengas un día genial lleno de paz interior!
Te abrazo con gratitud,
Anna BeuSam
por Anna | Blog
La gratitud es mucho más que una emoción, puesto que puede ser también una tendencia a ver lo bueno que nos trae la vida.
Para estar agradecidos por algo, primero tenemos que darnos cuenta de que lo tenemos y es importante.
A menudo damos por sentado las cosas buenas que tenemos y nos centramos más en las que no tenemos o en las cosas malas que hay en nuestras vidas y lo mucho que deseamos librarnos de ellas. Expresar gratitud tiene numerosos beneficios, como una mayor felicidad, relaciones más satisfactorias y paz mental. La gratitud se considera una virtud en casi todas las culturas.
La gratitud tiene también una gran capacidad para producir cambios en las personas. Expresar gratitud es un camino hacia una mayor felicidad. Pero las personas no siempre tienen tendencia a expresar gratitud. Por tanto, es una virtud para ser aprendida y cultivada.
Efectos de la gratitud:
- Aumenta la autoestima y la sensación de valía personal
- Incrementa el comportamiento ético
- Ayuda a construir vínculos con los demás
- Ayuda a afrontar el estrés, trauma y adversidad
- Inhibe las comparaciones negativas con los demás
- Nos ayuda a adaptarnos a nuevas circunstancias
- Ayuda a combatir las emociones negativas
Puede expresarse de diversas formas:
- Puedes sentirte agradecido muchas veces a lo largo del día por las pequeñas cosas que te suceden, aunque sea encontrar aparcamiento con facilidad, tener un buen día en el trabajo, que tus hijos pongan la mesa sin pelearse o que florezca una planta en tu balcón.
- También puedes expresar gratitud a los demás, no solo por hacerte algún favor, sino tan solo por ser parte de tu vida, escuchar tus problemas o no rechazarte cuando tienes un mal día y estás de mal humor.
- Expresar gratitud no tiene nada que ver con la religión o la creencia en dios. Puedes estar agradecido a la vida, al mundo, a tu ser interior, a todo en general o a nada en particular.
- Es tan solo esa sensación de agradecimiento que no es necesario dirigir hacia nada ni nadie en particular.
Como aumentar tu gratitud
Si quieres expresar más sentimientos de gratitud y conocer sus beneficios, estas son algunas de las cosas que puedes hacer:
- Proponte prestar más atención a cualquier momento de tu vida por el que puedes expresar gratitud.
- Utiliza un diario de gratitud, donde escribes cada día todas las cosas buenas que te han pasado, por pequeñas que sean. Esto hace que tu atención se centre más en lo positivo de tu día a día y te ayuda a ser consciente de las cosas por las que puedes estar agradecido.
- Escribe una carta de gratitud a una persona a quien te sientas agradecido por algo. No es necesario que envíes esa carta, aunque enviarla o dársela a esa persona puede aumentar los efectos positivos.
- Busca una persona con la que practicar la gratitud. Consiste en ponerte de acuerdo con alguien para contaros las cosas buenas que os suceden. Cada uno debe procurar escuchar al otro y sentir su alegría y gratitud, compartiéndola y alegrándose por la otra persona.
- Expresa gratitud a los demás. Exprésales directamente tu agradecimiento por lo que hacen por ti, sus detalles, su amabilidad, o el efecto que tienen en tu vida.
- Concéntrate en el sentimiento de gratitud y trata de evocarlo. Piensa en algo por lo que te sientes muy agradecido y cuando aparezca ese sentimiento de gratitud, concéntrate en él, siéntelo plenamente durante un rato, deja que invada todo tu ser y apréndetelo. Acostúmbrate a evocarlo de este modo, para sentirlo con frecuencia durante el día.
- Recuerda que puedes ir caminando por la calle y estar experimentando ese sentimiento de gratitud solo por caminar al aire libre, porque hace sol o porque llueve, porque llegas a fin de mes, porque tienes a alguien importante en tu vida, por cualquier cosa, porque mientras lo estés sintiendo serás más feliz y te sentirás mejor contigo mismo, con los demás y con el mundo a tu alrededor.
Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.
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Anna BeuSam
por Anna | Blog
La palabra autoestima es una palabra que está de moda.
La usamos cuando hablamos del desarrollo, los deseos y objetivos de cualquier persona o cuando buscamos una explicación para su fracaso o conducta.
Pero no siempre tenemos claro lo que significa.
Para mucha gente es sinónimo de soberbia u orgullo.
Y si lo vemos como algo negativo, no buscamos la manera de desarrollarla y fortalecerla, por lo que nos perdemos la oportunidad de tener una vida mejor.
Para otras personas es una característica que tienes o no tienes, como tu tener el cabello negro o no tenerlo.
Si pensamos así, nos conformamos o nos quejamos, pero no hacemos nada por mejorarla.
¿Qué es autoestima?
No existe una única definición de lo que significa autoestima, pero podemos decir que:
Una autoestima sana y bien desarrollada (o alta, como generalmente se dice) es:
- «El reconocimiento de mi valor inalterable, como ser humano»
- El ser humano es el ser más valioso del universo.
- Es el único que puede pensar, sentir y tener consciencia de sí mismo.
Como todos los seres humanos pueden hacerlo, todos tienen el mismo valor como personas.
Sin embargo, no todos utilizan estas capacidades de la misma manera, por lo que obtienen diferentes resultados.
Esto no significa que son más o menos valiosos, sólo significa que:
1) No tienen dichas capacidades suficientemente desarrolladas o
2) no están conscientes de ellas o de la necesidad de desarrollarlas.
Pero esto no altera su valor como personas.
Una manzana sigue siendo manzana, independientemente de que este verde, madura, cocida, cruda, etc.
Por lo tanto, no podemos calificar a una persona y decir que es más o menos valiosa, es persona.
Podemos calificar:

Sus conductas, que pueden ayudarlo a lograr sus metas y darle felicidad o pueden causarle problemas y sufrimiento.
Los conocimientos y experiencias, que influyen en nuestra forma de vida y en lo que podemos lograr.
Sus bienes materiales, que varían constantemente.
Esta es la realidad objetiva.
Sin embargo, la educación nos ha enseñado a ver las cosas de una manera equivocada.
En lugar de analizar y calificar nuestras conductas, pensamientos, experiencias, éxitos, fracasos, etc., como adecuados o inadecuados, buenos o malos, útiles o inútiles, nos juzgamos a nosotros mismos.
Y las calificaciones que deberíamos ponerle a los aspectos antes mencionados, nos las ponemos a nosotros.
Cuando me siento valioso puedo:
Aceptarme incondicionalmente, a pesar de mis errores y limitaciones, sentirme seguro de mí mismo, ser capaz de enfrentar y resolver la mayor parte de los problemas básicos y de mi vida y considerar que soy digno de: respetarme y ser respetado, satisfacer mis necesidades emocionales y ser feliz.
Estos sentimientos me permiten buscar mi bienestar, resolver mis problemas y mejorar mis relaciones.
Recuerda que lo que hacemos y cómo lo hacemos, lo que obtenemos y dejamos de obtener y nuestra manera de vivir, sufrir y disfrutar, están relacionados con nuestra autoestima.
Y recuerda, también que hay diferentes tipos de autoestima, por lo que es importante que analices en donde te encuentras tú.
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por Anna | Blog
¿Te estás preguntando, cómo puedo eliminar el estrés?
Es como tratar una infección o absceso, sólo con analgésicos para disminuir el dolor.
Sólo si conocemos al enemigo con el que nos enfrentamos, podemos encontrar la manera de vencerlo.
El segundo paso, es analizar la situación y pensar en las diferentes opciones para resolverlo.
El tercer paso es buscar información o ayuda, cuando es necesario.
Y el cuarto paso es actuar, actuar y actuar, todas las veces que sea necesario.
El resultado vale la pena.
Todos podemos tener una vida mejor.
¿Qué puedo hacer para sentirme bien?
¿Cómo encontrar la causa de mi estrés?
El primer paso para sentirnos bien y resolver nuestros problemas es darnos cuenta de lo que nos sucede, de nuestras emociones y nuestros pensamientos.
Aunque parece sencillo, no siempre lo es.
Nuestros pensamientos son tan rápidos y automáticos, que con frecuencia no nos damos cuenta de ellos.
No siempre reconocemos nuestros sentimientos.
En ocasiones los negamos porque desde pequeños nos enseñan a reprimir algunos por «inaceptables» o «inadecuados» para los niños «buenos».
O nos distanciamos e insensibilizamos ante ciertas emociones, porque queremos evitar el sufrimiento.
Pero a la larga, el negarlos o evitarlos, causa mayores problemas.
«Existe al menos un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar, y eres tú mismo.»
Aldoux Huxley (novelista, ensayista, crítico y poeta inglés).
¿QUE HACER?
Determina que áreas o aspectos son los que más te afectan en estos momentos.
Puedes hacerlo de diferentes maneras:
1. Registra tus actividades, horarios y personas con las que te relacionas.
Puedes hacerlo de manera general o escoge algún día que te hayas sentido estresado y revisa todo lo que hiciste durante ese día.
Hazlo por escrito.
2. Anota como te sentías en cada situación y con cada persona.
Si tuviste algún problema en especial, descríbelo.
Si te es posible, escribe lo que pensaste en los momentos en que te sentiste estresado o enojado.
3. Después de varios días, trata de leerlo como si estuvieras leyendo sobre otra persona y descubre que elementos hay en común.
¿Qué tan frecuentemente te enojaste o te sentiste triste, tenso, angustiado, etc.?
¿Con que personas te sientes mal o incómodo?
¿En qué lugares?
¿En qué situaciones?
Si te es difícil hacer esto último, pídele ayuda a alguien en quien confíes, pero acepta sus comentarios sin enojarte.
No olvides que el estrés que se inicia en un área de tu vida, puede repercutir en otras.
Trata de detectar cual fue la causa inicial.
Otra opción es:
Escoge un momento en el que estés más o menos tranquilo.
Relájate utilizando alguna de las técnicas de relajación o respiración.
Con los ojos cerrados, imagínate en diferentes situaciones de tu vida diaria.
Observa en que momentos empiezas a estresarte o a enojarte:
¿Qué recuerdos o qué personas te provocan estrés, enojo o malestar?
Anótalos.
Recuerda que el alcohol o la droga pueden hacer que te sientas bien de momento, pero no ayudan a solucionar los problemas.
Los aumenta.
Es sólo una manera de tratar de escapar de la situación, que te va a provocar nuevas dificultades.Ver cómo nuestros pensamientos influyen directamente en el estrés y estilos de pensamientos para analizar algunos de los errores en nuestro estilo de pensamiento, que nos dificultan encontrar la solución.
¿Has tratado de resolver un problema y no haz obtenido los resultados que deseabas?
¿Quizás es el momento de tratar de hacer algo diferente.
De cambiar tu conducta y las soluciones que has intentado o de modificar tu actitud ante ellas.
Es el momento.
¡Rectificar es de sabios!
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Anna Beusam
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por Anna | Blog
Sabemos de la importancia de la confianza en todos los aspectos de la vida. Es la base de cualquier relación y el canal de una comunicación auténtica. En el mundo laboral las empresas necesitan gozar de la confianza de sus trabajadores, en los mercados las marcas quieren tener la confianza de sus clientes,los intercambios comerciales se dan porque existe confianza, en el ámbito privado los padres intentan mantener la confianza ciega que sus hijos les tenían cuando eran pequeños, las relaciones de pareja y amistad son más genuinas cuanto mayor es la confianza mutua.
En todos los casos la acción de confiar es una elección libre que se basa en la identificación con el otro. Es algo recíproco, un proceso de correspondencia que nace de la libertad, pues nadie obliga a nadie a fiarse, y que se alimenta de las vivencias o desaparece cuando se defrauda esa confianza.
Toda acción de confiar implica una incertidumbre, pues se crea una relación de dependencia que se daña si se incumplen las promesas.
A. Sinceridad
Las conversaciones y compromisos públicos de quien hizo la promesa son consistentes con sus conversaciones y compromisos privados.
B. Competencia
La persona que hizo la promesa puede ejecutarla efectivamente, de manera de proveer las condiciones de satisfacción acordadas. Tiene con qué responder (respaldo, recursos, conocimientos, habilidades, etc.).
C. Credibilidad
El historial de cumplimientos o incumplimientos de compromisos pasados de quien hace la promesa. Su registro de “Antecedentes”.
D. Implicación
Es el juicio que hago respecto de que al otro le importa lo que a mí me importa y que “está dispuesto a jugársela por lo mismo que yo me la juego”. En síntesis, le importa que a mí me vaya bien.
“En definitiva, el confiar siempre incluye estar dispuesto a asumir un riego en la coordinación de acciones con los demás”
En efecto, como vemos en el gráfico de arriba, a la resultante de fundar debidamente nuestros juicios (evaluando su sinceridad, competencia, credibilidad e involucramiento) es necesario también desarrollar nuestra capacidad de asumir riesgos, a los efectos de no quedarnos en una postura de aislamiento (incapaz de poder delegar en los demás) o de estancamiento (el que no arriesga, no gana).
Entonces se produce la pérdida de fiabilidad, de credibilidad. No dar crédito significa no confiar. Y esto ocurre cuando se ha producido un abuso de la confianza. En ese momento surge la desconfianza, que es el resultado del fracaso de confiar, y no la ausencia de confianza. Ya que lo natural es fiarse, pues es más costoso no confiar.
Aunque no hay que confundir confianza con ingenuidad. De hecho, si confiamos estamos aceptando la responsabilidad del otro, su capacidad de responder ante las situaciones, y esto implica darle la oportunidad de adquirir un compromiso. No podemos esperar que nos demuestren primero para confiar después, es necesario tener fe. Por eso decimos cuando alguien es de fiar que su palabra es fiable. A veces los grandes negocios solo necesitan un apretón de manos, ya que es imposible recoger en ningún contrato todas las variaciones y posibilidades en las que se vaya a poner a prueba la relación de confianza entre las partes.
Confiar también requiere dejar de controlar, cuando nuestros hijos adolescentes empiezan a salir del cascarón hemos darles el beneficio de la duda para que demuestren si son confiables. En ese momento los padres pasamos a ser confiadores. Ciertamente esa confianza puede ser rota, y posteriormente reparada si damos una segunda oportunidad.
Luego está la confianza en uno mismo, lo que lleva implícito la capacidad de cumplir con nuestros auto- compromisos, que es el hábito de hacer lo que nos proponemos. Si no nos sentimos merecedores de nuestra propia confianza, será difícil que podamos confiar en los demás. Cuando sentimos que otros confían en nosotros aumenta nuestra auto-estima y nuestra capacidad de cumplir, convirtiéndonos en personas dignas de confianza.

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por Anna | Blog
«Se cuenta de una persona que vivía en una cárcel. Sentía seguridad en aquella celda y aunque había momentos en que deseaba explorar el mundo más allá de su tranquilizador rincón, lo cierto es que no le quedaba tiempo ni para intentarlo. Era un hombre muy ocupado.
A través de un ventanuco enrejado gustaba de mirar al exterior y, cada vez que veía pasar a alguien al otro lado de las rejas, trataba de llamar su atención. Terminaba el día tan agotado por este esfuerzo que sólo le quedaban ganas de acostarse y dormir. Se había empeñado en que aquellas personas se dieran cuenta de la situación en la que se encontraban. ¡Le parecían tan inconscientes!
Un día pasó por allí un viajero y al escuchar los gritos se acercó y preguntó:
-¿A qué viene tanto alboroto?
Y el preso contestó:
-¿No lo comprendes? ¿Acaso estás ciego? ¡Eres tan ignorante cómo los demás! ¡Intento avisaros de que vivís encarcelados tras estas rejas!»
(Adaptación de un cuento sufí)
La forma en que vemos las cosas puede tener poco o nada que ver con la realidad, es decir, con cómo son las cosas de verdad. Lo que vemos depende de dónde estemos ubicados. Cada acontecimiento permite varias interpretaciones y esas interpretaciones varían según dónde ponemos nuestro foco de atención. Nuestra respuesta a los hechos está relacionada con las creencias que sostenemos en ese momento y con el tipo de mirada que nos permitan dichas creencias.
¿Estás preso de rutinas, puntos de vista estrechos y comportamientos rígidos?
¿Que circunstancia de tu vida usas como candado?
¿Qué creencias te están provocando sufrimiento?
¿Que precio pagas por seguir prisionero de tus creencias limitadoras?
¿Cuánto tiempo y energía dedicas a criticar a los demás?
¿Te agotas tratando de demostrar que tienes razón?
¿Te sueles preguntar si tienes suficiente información para realizar tus juicios?
¿Qué sientes cuando los demás no actúan según el papel que tú les has asignado?
Una percepción errónea es el resultado de la visión de una mente llena de prejuicios y anclada en el pasado. Sufrimos cuando nos apegamos a una perspectiva en particular, creemos «necesitar» que las cosas sucedan de una forma específica y luego no funcionan así. Atrapados e inconscientes en la cárcel de nuestra limitada mirada sentimos miedo, necesidad de control e imposibilidad de abrazar amorosamente el momento presente
Te voy a decir algo muy claro y a la vez importante que quiero que lo recuerdes siempre: “La persona que se acepta y se ama a sí misma, pierde el interés de juzgar a los demás”.
Un juicio de valor es tranquilizador porque nos hace creer que existe un conocimiento que poseemos con el que “analizamos a la otra persona ó situación”, y así generamos una falsa sensación de paz que nos impide llegar a un saber verdadero. Al parecer las personas no toleramos el no saber, frente a ese vacío de conocimiento, si no obtenemos información lo llenamos con nuestra imaginación. La falta de conocimiento del tema se complementa con creencias, suposiciones, imaginación, etc… Es por eso que las criticas son tan destructivas.
Suele ocurrir que las personas que están en proceso de desarrollo personal e inclusive espiritual, en forma consciente, se comparen con otros que están también encaminados hacia esos objetivos de trascendencia, y al hacerlo suelen aparecer todo lo que se intenta superar: competencia, obsesión desenfrenada por obtener determinados resultados vinculados al concepto de éxito, apegos e identificaciones con objetos o pertenencias materiales, roles fijos de comportamiento, falsas ideas del yo, etc.
La competencia surge de una comparación con otra persona y conduce a la rivalidad y la rivalidad inexorablemente nos lleva a un estado de guerra, guerra que primero se forjó en el interior de la persona y que inevitablemente se materializará en el mundo exterior de alguna forma: discusión verbal, enfrentamiento físico, conspiración social y llevado a un plano más profundo implica la lucha con armas poderosas.
Existe una ley básica en el Universo que sostiene que todo proceso una vez iniciado se profundiza, torcer esa frecuencia vibratoria supone gran trabajo, el movimiento tiene su propio principio de inercia, comúnmente se llama tendencia. Observar la tendencia nos permite adelantarnos al resultado final de ese proceso.
En este sentido tener un pensamiento de hostilidad hacia otra persona deriva en el acto de dañar a esa persona de alguna forma.
Lo mismo ocurre cuando estamos viviendo un proceso de autoconocimiento, al que llamamos espiritual, solemos trasladar la forma de comprensión de la realidad del mundo captadas únicamente con nuestra racionalidad y la aplicamos. Así juzgamos los caminos espirituales de otros y, al hacerlo, intentamos colocarnos en un plano superior.
Todo juicio supone ubicarse por encima, porque sólo desde arriba podemos ver el panorama completo. Si estuviéramos en un plano alto habríamos superado la dualidad o polaridad.
Por eso cuando escucho que alguien juzga el nivel evolutivo de otra persona no me hace sentir bien. Quién sabe qué sentido tiene la vida del otro en este mundo. Sin dualidad no hay vida en el planeta tierra y sabemos muy poco qué funciones cumplimos cada uno de los que estamos aquí para que este gran plan del Universo se lleve a cabo. La prueba está en que los humanos afectamos el ecosistema haciendo desaparecer especies que cumplen funciones. Todo tiene un sentido o una tarea específica en el plan. Y no estamos capacitados en el nivel de conciencia en el que nos encontramos para juzgar el camino de los otros.
Si observamos nuestra propia vida o la vida de los otros entenderemos que las experiencias consideradas dolorosas tienen un sentido muy importante, son parte de un camino que sin transformación convierte a las personas en semi-humanos.
Se dice que la tierra es un planeta escuela y que todo esto es un juego del que nos reiremos cuando nos despertemos. Nos tomamos demasiado en serio los personajes que nos toca interpretar y competimos, nos enojamos, nos ofendemos o rivalizamos y juzgamos. No sabemos quién es el otro del mismo modo en que tampoco sabemos quiénes somos realmente nosotros. Si lo supiéramos y no nos identificaríamos con el personaje externo del mundo, no juzgaríamos la exterioridad del personaje que vemos en el otro.
Alguien puede creer que está por encima de esa persona simple que no tiene la menor idea de lo que es un camino espiritual. Pero a lo mejor el corazón de esa persona está más limpio que el de quien la juzga. El acto de juzgar es una operación de la mente racional o inteligencia lógica. Y la mente racional no la podemos seguir usando para todo, debe ser integrada con otras formas de comprensión de lo que nos rodea, o sea, de otras inteligencias.
Quizá lo más difícil sea aprender a vivir en la incertidumbre del no saber, soportar el hecho de no llenar el vacío del desconocimiento con nuestras operaciones mentales, imaginaciones, juicios de valor o desvalor.
https://www.youtube.com/watch?v=D_o0lOYbtWc
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Anna