Seis hábitos que transforman vidas

 

 

Todos podemos creer que para que nuestra vida cambie es necesario hacer algo, que tenemos que emprender acciones.

Por una parte, es así.

Las acciones dan resultados.

Pero aquí quiero centrarme en cambios mucho más importantes, que no suponen invertir nada más que tu tiempo y tu compromiso.

Porque…

  • ¿Sabes todo lo que haces y está en contra de tu felicidad?
  • ¿Sabes cuáles son las conductas que sería bueno abandonar?
  • ¿Tienes noción de qué es lo que no te ayuda a vivir con alegría?

 

1.- Deja de querer tener la Razón.

Muchas veces, no somos conscientes de todo lo que perdemos al intentar tener la razón en una conversación, al querer imponer nuestra «verdad», o al no aceptar que los demás tienen derecho a tener otras perspectivas, otras opiniones. ¿Por qué la mía tiene que ser más válida que la de otros?

Tus ideas, tus verdades, tus razones, son las que son porque has nacido en un lugar determinado, en una época determinada, con una historia propia. Piensa… si hubieras nacido en la India, o en Inglaterra, o en Venezuela, tus ideas, tus creencias y tus razones, serían completamente distintas. ¿Estás de acuerdo?

Las personas en estado de pre-consciencia creen tener la razón. Quienes van tomando consciencia, eligen no discutir cuando haya dos “razonamientos”. Y una persona plenamente consciente se maravilla descubriendo la cantidad de maneras que se puede pensar sobre una misma cosa, sin juzgar ni querer imponer.

2.- Deja de culpar a los demás por tus problemas o por tu sufrimiento.

Es mucho más cómodo pensar que los demás son los culpables de lo que ocurre en nuestra vida. Pero eso no resuelve nada. Aceptar nuestra responsabilidad es la única forma de cambiar nuestra vida, de dejar de sufrir y de resolver nuestros problemas. Nadie puede hacerlo por nosotros. Aprendiendo a liberarnos de culpabilizar, mejoramos nuestra vida de manera exponencial.

Este es uno de los puntos más importantes. Tomar el control de tu vida y hacerlo desde la auto responsabilidad, puede transformar tu vida a mejor.

3.- Abandona el Diálogo Interno Derrotista.

¿Sabes con quién pasas la mayor parte de tu tiempo? Contigo. Y esa vocecita interna que te habla todo el día, muchas veces, es la causante de tu falta de energía, de tu falta de confianza, de tu falta de fe en conseguir mejores resultados. ¿Qué pruebas tienes para afirmar que todo te irá mal? ¿Y si eligieras creer que puede irte mejor? Te aseguro que cambiar el diálogo derrotista, por un diálogo positivo y esperanzador, obrará milagros en tu vida.

4.- Dejar atrás la Queja.

¿Conoces algo más improductivo que la queja? Quien se acostumbra a la queja, sin luego ponerse manos a la obra a promover esa mejora necesaria, no consigue nada. Si vas a quejarte, hazlo siempre que luego uses esa energía para hacer algo constructivo. Aunque de todos modos, mejor, no te quejes. Ahórrate esa «mala sangre» y ahórrasela a los que están a tu alrededor.

Recuerda que hay otra manera de expresarte, diferente a la queja, que produce mejores resultados. Se llama, Asertividad, ¿la practicas?

5.- Dejar de buscar la Aprobación de los Demás.

¿Haces lo que sea para que los demás te aprecien? ¿Te cuesta decir que no a alguien? Para mejorar nuestra vida, necesitamos mejorar también este aspecto. Saber decir que no es saber respetarnos. Cuando buscamos la aprobación del otro, a veces, de manera enfermiza, conseguimos el efecto contrario.

Cuando lo que tú estás haciendo lo dejas para ocuparte en primer lugar de lo que otros te piden, lo que estás haciendo es decir: Lo mío no importa.

Te estás faltando a ti y lo que es peor, los demás asumen que eso es así. Di “Cuando termine con esto voy” y empieza a respetarte.

Elegir, hacer y decir lo que uno quiere hacer y decir es el camino para mejorar tu vida.

6.- No te compares ni busques impresionar a nadie.

Compararse con los demás no es una buena técnica para avanzar en nuestra vida. ¿Realmente importa si el otro tiene un coche mejor o ha ido a un lugar de vacaciones más bonito que tú? Al compararte (las redes sociales hacen un daño terrible en este aspecto) lo que haces es NO valorar lo que eres, tienes o haces.

Y así, lo tuyo siempre pierde valor.

¿Verdad? Por eso, cuando sufres porque vives comparándote… no ganas nada. Sé tú mismo. Supérate a ti mismo. Cada día, busca aprender algo nuevo, mejorar una habilidad, y habrás conseguido impresionarte a ti mismo.

 

Si vas en serio en recuperar tu confianza, empoderarte y ser domador de miedos CLIC  AQUI   (si no, no lo hagas).

 

 

 

Cómo convertir una crítica en una oportunidad.

¿Cómo te sientes cuando alguien te corrige?

Las reacciones ante una corrección varían mucho de una persona a otra. Podemos agruparlas en tres tipos principales:

  1. Personas A: Escuchan las correcciones, pero no les afectan demasiado. Lo que les dicen entra por un oído y sale por el otro.
  2. Personas B: Pueden separar la crítica de su propio juicio. Escuchan, valoran si están de acuerdo o no, y responden de manera asertiva.
  3. Personas C: Reaccionan con mucha emoción. Pueden sentirse heridos, enfadados o avergonzados, y esa emoción puede quedarse con ellos por mucho tiempo y huir.

¿Qué pasa con las personas C?

Si te sientes muy afectado por una crítica, probablemente toque alguna herida emocional. Imagina que estás en el parque con tu hijo y otra madre te dice que lo que le das de merienda no es adecuado. Te sientes atacado, te bloqueas y solo puedes pensar en defenderte. Es posible que esta reacción intensa tenga raíces en experiencias pasadas donde no te sentiste valorado o escuchado. Es probable la herida de rechazo en edad temprana.

Explorando la raíz de la reacción

La necesidad de defenderse a veces proviene de una historia personal donde te sentiste constantemente juzgado o exigido. Por ejemplo, una clienta que era la menor de siete hermanos siempre se sintió ignorada, y ahora necesita imponer su opinión para sentirse valorada. Estas reacciones pueden ser una forma de protegerse de la inseguridad y el miedo a la percepción de los demás. Es probable la herida de abandono en edad temprana.

Autoexigencia y crítica interna

Las personas que se sienten muy afectadas por las correcciones a menudo son muy autoexigentes y críticas consigo mismas. Este patrón se forma en la infancia, cuando se sienten juzgados y nunca lo suficientemente buenos. Cualquier corrección externa revive esta autocrítica e inseguridad. Por ejemplo, otra clienta se sentía constantemente corregida por su madre, lo que la hacía dudar aún más de sus propias decisiones y aumentaba su autoexigencia.

¿Qué puedes hacer?

Para evitar que estas reacciones interfieran en tus relaciones, es importante aprender a manejar tus respuestas emocionales. No basta solo con ser consciente de tus heridas emocionales; también necesitas cambiar la forma en que interpretas las críticas y aprender a poner límites de manera efectiva. Estas habilidades se pueden desarrollar y fortalecer, por ejemplo, a través de cursos especializados en relaciones y límites.

Un curso práctico para mejorar tus relaciones

El curso de relaciones y límites (entre otros temas de desarrollo humano) que ofrezco es una herramienta práctica para mejorar tu respuesta a las críticas y dejar de sentirte mal por lo que hacen los demás. En unos cinco meses, puedes aprender a respetarte y valorarte, transformando tus relaciones personales, especialmente con figuras de autoridad.

Conclusión

Reconocer cómo reaccionas ante las críticas y trabajar en tus respuestas puede hacer una gran diferencia en tus relaciones y en tu bienestar emocional. Aprende a poner límites, a interpretar las críticas de manera constructiva y a fortalecer tu confianza para sentirte más seguro, tranquilo en tus interacciones diarias y vivir en paz ES POR AQUI

Como Recuperar Tu Espacio En Las Relaciones

¿En cuáles de tus relaciones sientes que debes adaptarte para que todo esté bien?

Reflexiona sobre esto. Seguramente hay alguien con quien esto te ocurre.

Por ejemplo, cuando le escribes a un amigo para proponerle un plan para mañana y no te responde, no sabes si puedes contar con él o no.

Esta incertidumbre te impide organizarte o buscar otras opciones. Sin embargo, sigues esperando su respuesta, sin tomar ninguna decisión por tu cuenta :-(.

Es decir, te adaptas a la otra persona en lugar de tomar tu propio espacio.

O tal vez empiezas a salir con alguien y poco a poco te adaptas a sus planes y aficiones, dejando de hacer las cosas que te gustaban y te hacían sentir bien.

Por ejemplo, ya no comes tan saludable, no haces ejercicio, cambias tus horarios de sueño, o dejas de ver a tus amigos…

Porque has aprendido que «para que estemos bien, yo debo adaptarme».

Que «si expreso lo que quiero, se enfadan».

Que «si pongo un límite, la relación se deteriora».

Así que piensas que no puedes decir nada y te adaptas constantemente.

¿Te identificas con esto?

Y ojo, esto puede pasar en cualquier relación: pareja, familia, amistades, trabajo…

¿Con quién te reprimes, te callas o te sobrecargas porque sientes que es necesario para mantener la paz?

Piensa en esa amiga a la que siempre llamas tú, a la que te adaptas para quedar y que siempre decide qué hacer.

O ese hermano que no ayuda con los problemas familiares porque está ocupado con su trabajo, y tú cargas con todo para mantener la armonía.

O ese jefe exigente que siempre demanda más y nunca está satisfecho, pero al que no pones límites por miedo a represalias o a generar tensión.

O esa madre del colegio que siempre tiene que tener la razón y salirse con la suya, obligando a los demás a seguirle como corderitos para evitar conflictos.

O tu padre. O tu madre. O tu suegra. O tu vecino.

¿Con quién no puedes ser tú mismo, relajado, diciendo lo que te molesta, lo que te gusta, lo que consideras bien o mal?

¿¿¿Con quién???

A veces, esto de adaptarse al otro es porque esa persona impone su carácter y tú automáticamente te colocas por debajo, renunciando a lo tuyo.

Otras veces, esta adaptación tiene que ver con tus experiencias de vida que te enseñaron a relacionarte así.

Por ejemplo, si creciste en un entorno donde no se validaban tus emociones y no se permitía expresar tus deseos, aprendiste que lo mejor era adaptarte.

O si careciste de amor incondicional y aprobación siendo tú mismo, sin esfuerzo…

O si en alguna relación anterior, cuando expresaste lo que sentías, te culparon de ser egoísta…

O si en tu infancia asumiste roles y responsabilidades de adulto, aprendiste que debías adaptarte.

Esto le pasó a una clienta cuando era niña y ahora se refleja en sus relaciones de pareja:

«De pequeña aprendí que, para evitar crisis, debía obedecer, no causar problemas y asegurarme de que todo fuera bien. Ahora elijo parejas inmaduras a las que debo cuidar y asumir responsabilidades que no me corresponden».

Así es. Y para mantener la relación, cuido y sostengo.

Yo me adapto.

Yo me esfuerzo.

Yo me sacrifico.

Para evitar roces, conflictos y malos rollos.

Y si estoy conociendo a alguien y un día cancela un plan sin proponerme otra cosa, aunque no me guste, me callo por miedo a agobiarlo y que se aleje.

Quizás al principio no me importe por la emoción del enamoramiento. Pero si las cosas que me molestan siguen ocurriendo, el malestar crecerá.

Tal vez intente decir algo, pero probablemente no encuentre el momento adecuado para hablar.

Porque cuando alguien realmente quiere encontrar el momento para algo, el momento aparece.

Es decir, si quiero decirle algo a una persona, de repente el momento está ahí, frente a mí.

Pero si temo lo que puede pasar al decir lo que pienso, no veré el momento aunque esté claro delante de mí.

Y seguiré adaptándome y sintiendo que debo fallarme a mí  para mantener la relación.

¿Te suena? ¿Ya identificaste con quién te adaptas para evitar problemas o no perder ese vínculo?

Pues no,  debes saber que los vínculos reales no se perderán porque empieces a decir lo que piensas.

Si estás dispuesta a comprobarlo, L.I.B.E.R.A. es el curso para que aprendas a quererte, a expresar lo que sientes y a ocupar tu lugar en tus relaciones.

Inscríbete ahora, lo haces online a tu ritmo en tres o cuatro meses, y tienes acceso a la plataforma para siempre.

Sí, quiero dejar de adaptarme.

 

Descubre el Secreto para una Confianza Inquebrantable

No hay límites para lo que puedes lograr. Enfrenta tus miedos y descubre tu poder interior.

Superando la Sensación de «No Saber Suficiente»

Imagina esta situación: estás en una reunión con amig@s o colegas, el tema de conversación deriva hacia un tema político o de actualidad. Todos parecen tener opiniones sólidas, argumentos bien articulados y una confianza palpable al expresar sus puntos de vista.

Y tú, ¿te quedas callada? ¿Te comparas con ellos, sintiendo que tus opiniones no tienen el mismo peso, que tus conocimientos no están a la altura?

Si alguna vez te has encontrado en este escenario, no estás sola. Muchas personas, especialmente mujeres, luchan contra la sensación de inferioridad intelectual, cuestionando constantemente su valía y su capacidad para participar en conversaciones significativas. ¿Por qué ocurre esto? ¿De dónde viene esta sombra de duda y autoevaluación negativa?

La Raíz de la Inseguridad Intelectual

La respuesta puede remontarse a experiencias pasadas, esos momentos en la infancia o la adolescencia donde nuestras opiniones fueron desestimadas, ridiculizadas o ignoradas. ¿Recuerdas alguna vez haber sido callado con un «tú no sabes de esto» o un «cuando seas mayor, entenderás»? Estas pequeñas interacciones pueden dejar una marca duradera, llevándonos a internalizar la creencia de que no somos lo suficientemente inteligentes o cultos para contribuir de manera significativa en las conversaciones.

Así es como nace esa sensación de «no saber lo suficiente», esa constante comparación con los demás y la duda persistente sobre nuestra propia valía. Nos encontramos en una encrucijada entre la necesidad de demostrar nuestro conocimiento y la vergüenza de admitir nuestras limitaciones. ¿Cómo podemos liberarnos de esta carga autoimpuesta y abrazar nuestro propio potencial intelectual?

Transformando la Relación con el Conocimiento y la Autovaloración

La clave está en cambiar nuestra relación con el conocimiento y la autovaloración. En lugar de asociar nuestro valor personal con la cantidad de información que poseemos o nuestra capacidad para expresar opiniones sofisticadas, te propongo aprender a reconocer y valorar nuestras propias experiencias y perspectivas únicas. Es hora de desafiar la idea de que «deberíamos saber más» y comenzar a celebrar lo que ya sabemos y lo que todavía estamos aprendiendo.

¿Cómo se traduce esto en la vida cotidiana? Piensa en esas situaciones en las que te sientes insegur@ para expresar tu opinión en el trabajo, en reuniones sociales o incluso en conversaciones casuales. ¿Qué pasaría si te permitieras ser vulnerable, admitir tus limitaciones y aprender de los demás en lugar de compararte constantemente con ellos?

Desafiando la Necesidad de Demostrar Constantemente el Conocimiento

El primer paso para superar esta sensación de «no saber lo suficiente» es reconocer que el conocimiento es un viaje continuo, no un destino final. Todos estamos en constante proceso de aprendizaje y crecimiento, y cada uno de nosotros tiene algo valioso que aportar al mundo. Es hora de dejar de lado la autocrítica y abrazar la confianza en nosotros mism@s.

Reconstruyendo la Autoestima: El método L.I.B.E.R.A

Encontrarás el apoyo y las herramientas necesarias para reconstruir tu autoestima y liberarte del peso de la comparación y la autoevaluación negativa. A través de ejercicios prácticos y experienciales  junto  reflexiones profundas, aprenderás a amarte a ti  incondicionalmente y a reconocer tu propio valor, independientemente de lo que los demás puedan pensar o decir.

Únete a Raquel y a Otr@s en la Transformación Personal

Muchas otras personas que han transformado su relación con el conocimiento y la autoestima a través de este método único.

No permitas que el miedo al juicio ajeno te impida expresar tu verdadero yo y contribuir de manera significativa a tu bienestar y al mundo de relaciones que te rodea.

 

¡Es hora de abrazar tu propio conocimiento y brillar con confianza!

La Envidia y la Admiración: Dos Caras de la Moneda

La envidia y la admiración son dos emociones complejas que juegan un papel significativo en la inteligencia emocional y en nuestras interacciones sociales. Ambas surgen como respuesta a las cualidades, logros o posesiones de los demás, pero difieren en su naturaleza y efecto en nuestras vidas. Veamos…un poco más….

Comprendiendo la Diferencia entre Envidia y Admiración

La envidia se manifiesta cuando percibimos que alguien tiene algo que deseamos y que, por alguna razón, no podemos alcanzar.

Esta emoción está impregnada de resentimiento y amargura, y a menudo se acompaña de un sentimiento de inferioridad personal.

Cuando experimentamos envidia, tendemos a compararnos negativamente con la persona en cuestión y podemos llegar incluso a desearle mal. La envidia puede ser destructiva tanto para nuestra salud mental como para nuestras relaciones interpersonales, ya que nos consume desde adentro y nos impide apreciar nuestras propias cualidades y logros.

Por otro lado, la admiración surge cuando reconocemos y valoramos las cualidades, habilidades o logros de otra persona. A diferencia de la envidia, la admiración está impregnada de respeto, aprecio y aspiración.

Cuando admiramos a alguien, nos sentimos inspirados por sus logros y hacemos todo lo que haga falta por aprender de ellos. Esta emoción nos impulsa a crecer y mejorar, ya que nos motiva a emular las cualidades que admiramos en los demás. La admiración fortalece nuestras relaciones interpersonales al fomentar la conexión y el apoyo mutuo, y nos ayuda a desarrollar una actitud positiva hacia el éxito y el talento de los demás.

Cultivando Relaciones Saludables a Través de la Admiración

La distinción entre envidia y admiración radica en nuestra percepción y respuesta emocional ante los logros o cualidades de los demás.

Mientras que la envidia está arraigada en la comparación y la falta de aceptación de uno mismo, la admiración se basa en el reconocimiento y la valoración genuina de las habilidades y logros de los demás.

Cultivar la habilidad de transformar la envidia en admiración es fundamental para desarrollar una inteligencia emocional sólida y construir relaciones saludables y enriquecedoras con los demás.

Transformando la Envidia en Admiración: Un Ejemplo Práctico

Imagina que tienes un compañero de trabajo que recientemente ha sido ascendido a un puesto de mayor responsabilidad y reconocimiento. Inicialmente, podrías sentir envidia al ver su éxito y preguntarte por qué él y no tú. Sin embargo, en lugar de permitir que la envidia te consuma, puedes optar por transformar esa emoción en admiración.

Para hacerlo, comienza por reflexionar sobre las cualidades y habilidades que han llevado a tu compañero a alcanzar ese ascenso. Reconoce sus esfuerzos, dedicación y talento, y valora la trayectoria que ha seguido para llegar a donde está. En lugar de compararte negativamente con él, reconoce que su éxito no disminuye tus propias habilidades ni tu valía como profesional.

Luego, busca aprender de su ejemplo.

Observa cómo maneja sus responsabilidades, cómo se relaciona con los demás y cómo aborda los desafíos que enfrenta en su nuevo puesto.

Identifica las estrategias y habilidades que utiliza y considera cómo podrías aplicarlas en tu propia carrera profesional.

Además, aprovecha la oportunidad para establecer una relación de apoyo y colaboración con tu compañero. Reconoce su éxito y felicítalo sinceramente por su logro.

Muestra interés en su experiencia y aprendizaje, y busca oportunidades para trabajar juntos y aprender el uno del otro.

Al transformar la envidia en admiración, no solo te beneficiarás personalmente al cultivar una actitud positiva y constructiva, sino que también fortalecerás tu relación con tu compañero y contribuirás a un ambiente de trabajo más positivo y colaborativo.

🌟¡Inscríbete en L.I.B.E.R.A Hoy Mismo!🌟

¿Estás listo para liberarte del peso de la autoevaluación negativa y abrazar tu propio conocimiento?

¡Inscríbete hoy mismo en  «LIBERA» y comienza tu viaje hacia una autoestima inquebrantable y una confianza interior sólida! Obtén más información y regístrate ahora mismo haciendo clic aquí.

 

 

Como celebrar tus pequeños logros

La celebración no es solo un evento; es un estado mental.

Encuentra razones para celebrar cada día y verás cómo tu vida se llena de gratitud y alegría

Earl Nightingale

 

 

Celebrar los pequeños logros es parte de amarnos. Y ya sabemos que, para poder demostrar amor a otros, necesitamos amarnos nosotros mismos. También es posible celebrar los pequeños logros de otros. No olvidemos hacerlo con nuestros hijos, compañeros de trabajo o de estudio. Haremos que el ambiente sea más agradable.

Con el correr del tiempo comenzamos a visualizar la vida de una manera distinta, nos hacemos parte de un camino que está condicionado por las reglas, y por todo eso que nos hace aferrarnos a una realidad que muchas veces nos incomoda. ¿Alguien podría decirnos dónde se consigue el manual para vivir la vida como la queramos vivir? Seguramente no existe, en ningún lugar. Y es que nadie nos dijo antes que, son los detalles y los pequeños logros los que marcan un presente inolvidable.

Eso lo aprendemos en los momentos en los que conseguimos algo, por mínimo que sea, cuando esto ocurre en nuestro rostro se dibuja una sonrisa que nos confirma que eso es vivir, disfrutar de la inexplicable sensación de celebrar un logro.

No importa qué tipo de logro hayamos conseguido; superar una prueba, terminar algo que empezamos, concretar ese viaje que tanto soñamos o conseguir el primer trabajo, todos, absolutamente todos, merecen ser celebrados.

Y con celebrar me refiero a detenernos por un minuto para sentir cómo la alegría y la satisfacción recorren cada rincón de nuestro cuerpo, despertando en nosotras el impulso de ir a por más, sin detenernos. Al contemplar esta placentera sensación nos mostramos a nosotr@s mism@s que eso es tan solo una parte, de lo mucho que podemos alcanzar.

Celebrar un logro es el momento perfecto para frenar, respirar y convencernos que somos capaces de muchísimo más, es el momento perfecto para mirar hacia atrás, e impulsar un andar con personalidad, con confianza, que hable de nuestra seguridad, y de cómo enfrentamos nuestro día a día de una mejor manera.

Y si  ya tienes claro todos los motivos que hay para celebrar nuestras pequeñas victorias, o ya has conseguido un mini objetivo que te habías marcado y ahora toca celebrarlo y no sabes cómo hacerlo…hoy  precisamente vamos a estar hablando de cómo celebrar las peques victorias que te acercan a tus metas.

Este tipo de celebraciones no tiene por qué ser un gran fiestón.

No tiene que ser algo que te robe muchísimo tiempo, ni energía, ni dinero.

Es algo que, de hecho, puedes escoger si quieres hacer a modo de celebración grupal, si lo quieres compartir con más personas, o si quieres que sea algo que hagas tú completamente sola.

 

Podríamos decir que los únicos requisitos pueden que ser:

  • Algo que te guste,
  • Que te haga sentir bien,
  • Que esté alineado con tu propósito, con esa meta más grande.
  • Que refuerce ese sentimiento de victoria y de progreso que estás experimentando.

 

¿Esto qué quiere decir?.

Que si, por ejemplo, tu gran meta es dar un giro completo a tu alimentación y empezar a comer de forma saludable (empezar a comer ecológico, empezar a comer productos no procesados, etc) y la mini meta que te has marcado es empezar a cambiar tu alimentación por los desayunos; una vez pasados 15 días estaría muy bien celebrar tus progresos; pero no tiene ningún sentido que la celebración sea un pack de croissants rellenos de chocolate, envasados y comprados a un pack de 12 a 1 euro!!!!

No puede ser que la celebración de esta pequeña victoria se lleve por delante todo lo que tú ya has hecho.

Si te has propuesto reducir tus gastos, eliminando una deuda o un crédito que estás pagando, al celebrar tus avances tampoco tendría sentido que te pusieras a comprar algo que cuesta un dineral y que no necesitas.

Hay que buscar esa celebración que, como ya he dicho, sea coherente con ese objetivo final que te has marcado.

Es importante tener en cuenta que las celebraciones no serán universales.

Precisamente por esto, porque cada uno tiene sus metas y sus objetivos y cada uno disfruta haciendo unas cosas u otras.

Entonces, siempre, importante, importante, que estén conectadas con tu forma de ser y con tu objetivo final.

Ideas para celebrar tus metas

De todos modos, te voy a dar algunos ejemplos para ver si conectan contigo, o te resuenan de forma que te conectan con otra idea que sí que podrías hacer:

  • Un clásico que nos gusta mucho en esta cultura, es comer fuera, no. Bueno, si estás es un proceso de cambio de hábitos alimenticios, también podrías usar esta opción, yendo a comer a un restaurante saludable, macrobiótico, vegetariano, natural…
  • Ir a tomar unos vinitos, unas cañas, unos smoothies
  • Regalarte una mañana o una tarde libre. Pues sí, eso es un gran regalo y no nos lo hacemos normalmente. Así que se trata de decir “Hoy, aunque tengo muchísima trabajo, no voy a hacer nada, me voy a dedicar a mí. Me iré a la playa, a mirar las olas, o a la montaña y abrazaré un árbol” ¿Vale?
  • Cualquier auto regalo que se te ocurra, algo que lleves tiempo queriendo comprar.
  • Otro ejemplo que a mí personalmente me fascina, comprar algo de papelería bonito. Hay muchísimas cosas bonitas, o de decoración, que a veces no las compramos simplemente porque dices… “Bueno, sólo es bonito, ¿para qué lo voy a comprar?” Pues éste es un buen momento. Si está alineado contigo, cómprate algo bonito, algo que haga tiempo que deseas tener y nunca lo compras porque hay cosas más importantes en las que gastar el dinero.

 

Ojo, que tener cosas bonitas a nuestro alrededor ayuda (y muchísimo!) a sentirnos bien. Y ostras, estar viendo cosas bonitas a tu alrdedor, es mucho más inspirador que estar contemplando cosas funcionales pero feas, ¿no? Si para ti toda la parte visual es importante, este puede ser un buen regalo.

  • Estar en contacto con la naturaleza también es un gran regalo.
  • Salir a correr, si es algo que te gusta hacer, pero no lo haces a menudo, pues sal a correr.
  • Compartir tus logros con personas afines. Eso es una excelente forma de celebrarlo y a veces pensamos “Pero cómo lo voy a compartir…si van a pensar que…que soy muy creída o que me estoy vanagloriando, que estoy presumiendo…”. Y no nos equivoquemos, a las personas que realmente les importamos, les encanta escucharnos diciendo lo bien que estamos y lo satisfechos que estamos con lo que hemos conseguido.

 

Así que nos convertimos en una fuente de inspiración y dar buenas noticias, es algo que va a hacer sentir bien a las personas que realmente nos quieren. Así que comparte tus logros con esas personas.

Luego también es necesario aceptar y disfrutar los cumplidos y felicitaciones que te vayan a caer. Por supuesto. No quites peso a lo que has conseguido. Si al saber de tus avances alguien te dice “Wooow eres una crack, eres es un ejemplo a seguir, cómo me gusta, cómo me inspiras…”…… Nada de decir “No, no es nada”. No!!!!!! Sí que es. Acepta los cumplidos, pues responder con un “Gracias, me esfuerzo mucho y estoy muy satisfecha con lo que he conseguido”.

  • Otra forma de celebrarlo, que también es muy inspiradora y conecta muchísimo con vivir una vida significativa, es ayudar a otra persona a conseguirlo. Si hay algo que tú ya has conseguido o que ya vas un paso por delante; te va a hacer sentir súper bien, poder apoyar a otra persona que todavía no ha llegado hasta ahí. Eso es otra forma de hacer un regalo y hacerlo a toda la humanidad.

 

  • Masajes, baños relajantes, un spa…
  • Comprarte unas flores, comprarte una plantita que te guste…
  • Salir una tarde, o una noche, o lo que te dé de si la vida, o la disponibilidad de tus niños, con tus amigas.

 

Registra lo que estás logrando

 

Además de la celebración en sí, estaría genial llevar un registro de todo lo que estás consiguiendo.

Puede ser un diario de éxito, o una libreta que escojas específicamente para esto, o puedes usar tu agenda y crearte una pestañita que sea como… “Aquí van todos mis logros”… y lo vas centrando todo allí.

Porque a pesar de que hay cosas que nos cuestan mucho, en cuanto empezamos a hacerlas nos acostumbramos, y acaban saliendo de forma natural por lo que a veces las pasamos por alto, ya no lo celebramos ni nos damos cuenta de lo mucho que nos costaban antes.

Es así, a veces, nos cuesta mucho ver todo lo que hemos conseguido.

Así que en caso de duda, o en ese momento en el que te sientas mal, o que no estés inspirada, o te falte la motivación, o tengas ganas de abandonar… Estaría genial tener ese sitio que refleje todo lo que ya has conseguido.

Que también te puedan servir pues como un momento de inspiración y decir… “Es verdad, ostras, mira todo lo que he alcanzado”.

Así que si empiezas este tipo de diarios, te sorprenderá la cantidad de cosas que llegarás a anotar.

A medida que lo conviertas en un hábito te darás cuenta de que tienes mucho por agradecer y que hay mucho que ya has conseguido, y empezarás a valorar e incluir más cosas cada vez.

También es un buen momento para reflexionar si ese pequeño hito que has conseguido está contribuyendo a tus metas más ambiciosas. Hay que tener como ese momento de reconexión y de sentirte completamente orgullosa por lo que estás consiguiendo.

 

Cuando llevar a cabo la celebración

 

Importante, muy importante: Estas pequeñas celebraciones tienen que ser automáticas, a continuación de haberlo conseguido.

No puede ser que digas “Ey mira, he conseguido esta mini meta pero hoy no me va bien celebrarlo, así da igual, voy a seguir con lo siguiente”…

Noooo! Porque al final te vas a acabar olvidando, al final vas a decir… “Bueno, si ya estoy con otra cosa… ¿para qué voy a celebrar lo que ya hice o ya conseguí la semana pasada?”.

Precisamente por eso te animo a que incluyas en tu programación y en tu planificación ese tiempo para celebrarlo.

Es un cambio de enfoque importante: Ya no se trata sólo incluir todas las tareas que quieres hacer, sino de incluir también en tu lista de tareas también las celebraciones de tus pequeñas victorias.

Así ya no habrá excusa para el “Ay, es que no tengo tiempo ahora de celebrarlo…”.

Y también es muy recomendable que conviertas estas celebraciones en un ritual; en algo que puedas hacer incluso de forma recurrente, o a lo que puedas invitar a más gente.

Resumiendo:

Para decidir qué vas a hacer o cómo lo vas a hacer, necesitas tener en cuenta:

  • Qué quieres hacer.
  • Cuándo lo vas a hacer (en qué momento lo puedes hacer).
  • Dónde.
  • Y con quién lo vas a a compartir.

La vida da muchas vueltas, pero en la que decidimos embarcarnos hoy, ha sido la de celebrar los pequeños logros con un objetivo único, construir este presente de únicos momentos.

Y es que cada día es una aventura nueva por vivir, pero sobre todo por celebrar…

Escribe la mejor historia de tu vida y conviértete en su principal protagonista, mientras esto ocurra.

IMPORTANTE:

Si quieres derribar los bloqueos internos que te mantienen estancada y desarrollar una nueva mentalidad que te llevará a dar forma a tus proyectos más ambiciosos de una vez por todas es AQUI

 

✴️ ...si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo! clic aqui 

 

Descubre tu Propia Melodía de la Felicidad

COMPRENDIENDO LA PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD

La felicidad, esa misteriosa y escurridiza emoción que persigue a la humanidad desde tiempos inmemoriales. ¿Qué es realmente? ¿De dónde viene? ¿Cómo podemos alcanzarla?

Imagina la felicidad como una hermosa melodía que cada uno de nosotros compone a su manera. Algunos la interpretan como una sinfonía de alegría, mientras que otros la ven como un ritmo de melancolía. ¿Y sabes qué? Tú eres el compositor de esa canción, tienes el lápiz y el papel para escribir cada una de sus notas.

Piensa en la lluvia. ¿Es una bendición refrescante que nutre la tierra y renueva la vida, o es una carga que empaña nuestros planes y entristece nuestro ánimo? La respuesta, como siempre, está en la interpretación que le damos y en las circunstancias que la rodean.

Pero aquí está el quid de la cuestión: la felicidad puede ser tanto un sustantivo como un verbo. Para algunos, es algo que persiguen incansablemente, como un tesoro oculto al final del arcoíris. Ven la felicidad como una meta distante, un sueño que se desvanece al despertar. Pero para otros, la felicidad es una danza constante, un movimiento perpetuo en el aquí y ahora.

Los buscadores de la felicidad la ven como una isla inalcanzable en el horizonte, mientras que aquellos que la viven la experimentan en cada sonrisa, en cada abrazo, en cada decisión. Porque la felicidad no espera en el futuro, se vive en el presente, en la coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

Como dijo Gandhi, «La felicidad es la coherencia entre lo que uno piensa, siente y hace».

Es tan simple como desear un helado de chocolate, sentir su dulzura en cada lamida y saborearlo con cada bocado.

Pero aquí está la verdadera magia: no necesitas depender de otros para ser feliz. La felicidad es tu responsabilidad, tu tarea cotidiana. No esperes a que alguien más te traiga la felicidad en bandeja de plata, sé el arquitecto de tu propia alegría, el artífice de tu propia fortuna.

Entonces, ¿por qué esperar? Es hora de tomar las riendas de tu propia vida, de convertir la felicidad en una práctica diaria, en un mantra que repites con cada respiración. Deja de buscar y comienza a construir tu propia armonía interior.

¡Sé el arquitecto de tu propia felicidad y comparte tu luz con el mundo! 🌟

La búsqueda de la felicidad es un viaje único y personal para cada persona, una odisea que nos lleva a explorar las profundidades de nuestro ser en busca de esa plenitud interior. Pero, ¿qué es realmente la felicidad y cómo podemos alcanzarla en medio de las complejidades de la vida cotidiana?

La felicidad no es un destino al que llegamos, sino un camino que recorremos día a día. Es un estado de ánimo que surge cuando nuestras acciones, pensamientos y emociones están en armonía, cuando nos sentimos en paz con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Sin embargo, encontrar esa armonía puede ser todo un desafío en un mundo lleno de distracciones, responsabilidades y presiones.

¿Qué tal si te cuento algo?

La felicidad puede ser tanto un sustantivo como un verbo:

  1. Para algunos, es un objetivo que persiguen incansablemente, como un tesoro escondido al final del arcoíris🌈. Piensan que serán felices cuando alcancen ciertos hitos en sus vidas: un trabajo soñado, una relación perfecta, una casa lujosa. Pero una vez que alcanzan esas metas, descubren que la felicidad sigue siendo esquiva, siempre un paso más allá de su alcance.
  2. Por otro lado, para aquellos que ven la felicidad como un verbo, es una experiencia en constante movimiento. Es algo que se cultiva a través de pequeños actos de amor y bondad, de momentos de gratitud y conexión con los demás. No esperan a que la felicidad llegue a ellos, sino que la crean activamente en su día a día. Son conscientes de que la felicidad no se encuentra en las posesiones materiales o en el éxito externo, sino en la calidad de sus relaciones, en su conexión con la naturaleza y en su capacidad para vivir en el presente.

¿Cómo podemos cultivar la felicidad en nuestras vidas diarias?

Aquí te dejo dos ejemplos VIVENCIALES:

  1. Practica la gratitud: La gratitud es una poderosa herramienta para cultivar la felicidad en nuestras vidas. Toma unos minutos cada día para reflexionar sobre las cosas por las que te sientes agradecido. Puede ser algo tan simple como el sol brillando en el cielo o una conversación significativa con un ser querido. Mantén un diario de gratitud y anota tres cosas positivas cada día. Con el tiempo, notarás un cambio en tu perspectiva y comenzarás a apreciar más las pequeñas alegrías de la vida.
  2. Cultiva relaciones significativas: Las relaciones personales son una fuente importante de felicidad y bienestar. Dedica tiempo y energía a nutrir tus amistades y relaciones familiares. Escucha activamente a los demás, muestra empatía y apoyo, y comparte momentos de alegría y diversión juntos. Establecer conexiones significativas con los demás te brindará un sentido de pertenencia y te ayudará a enfrentar los desafíos de la vida con mayor resiliencia.

Recuerda, la felicidad no es un destino al que llegamos, sino un camino que recorremos cada día. Cultiva la gratitud, nutre tus relaciones y encuentra alegría en los pequeños momentos de la vida. Al hacerlo, descubrirás que la verdadera felicidad reside en tu interior y que tienes el poder de crearla en cada momento. ¡Elige ser feliz hoy y todos los días que siguen! 🌟

DESCUBRE y sumérgete en el proceso de cultivo personal gracias al método L.I.B.E.R.A. y haz florecer todo tu potencial.