Como dejar atrás la preocupación

 

Tu pasado no define tu futuro, tus acciones actuales sí. Robin Sharma

 

 

Prepárate para descubrir:

  1. El poder del momento presente: Exploraremos cómo vivir plenamente en el ahora puede transformar radicalmente tu forma de pensar y actuar, permitiéndote tomar decisiones más conscientes y efectivas.
  2. Estrategias para dejar atrás las preocupaciones: Te proporcionaré técnicas probadas para identificar y superar las preocupaciones que quizás te impiden avanzar.
  3. El arte de enfocarse en las soluciones: Aprenderás cómo cambiar tu enfoque de los problemas a las soluciones puede abrir nuevas oportunidades y desatar todo tu potencial creativo.
  4. Cultivar la resiliencia: Descubriremos cómo enfrentar los desafíos con valentía y determinación puede fortalecerte y prepararte para superar obstáculos.
  5. Abrazar la prosperidad: Exploraremos cómo liberarte del peso de las preocupaciones puede abrir las compuertas hacia la abundancia y la plenitud.

Nos atormentamos por el pasado, nos angustiamos por el futuro y nos vemos atrapados en un ciclo interminable.

Pero  ¿y si te dijera que puedes romper este ciclo y abrir las puertas hacia una vida de prosperidad y plenitud?

¿Estás list@ para descubrir cómo el poder del momento presente puede cambiar radicalmente tu vida?

 

INSPIRADORA EXPERIENCIA PERSONAL DE ESTHER

En darse permiso para abrir puertas hacia una la prosperidad y plenitud

 

¡El poder de cambiar está en tus manos!

En el viaje de la vida, cada uno de nosotros carga consigo un fardo invisible pero poderoso: las preocupaciones.

Permíteme llevarte por un viaje de autodescubrimiento, donde aprenderás a liberarte del peso de las preocupaciones y a desatar todo tu potencial.

  • El poder del momento presente: La clave para superar las preocupaciones radica en el aquí y el ahora. El momento presente es tu punto de poder, el lugar donde todas las posibilidades se encuentran. Si permites que las pre- ocupaciones consuman tu mente, estarás sacrificando tu capacidad de tomar decisiones claras y efectivas.

 

  • Un ejercicio EXPERIENCIAL revelador: Te desafío a realizar un ejercicio simple pero transformador.

Toma un papel y

  1.  haz una lista exhaustiva de todas tus preocupaciones, sin censura ni juicio.
  2.  con valentía, elimina aquellas relacionadas con el pasado y el
  3.  paso elimina también las relacionadas con el futuro.

Lo que queda son tus pre- ocupaciones reales, aquellas sobre las que puedes actuar de manera significativa. 🔥 ¡Es hora de OCUPARSE! 🔥

Me encantan  los ejercicios que Robin Sharma sugirió en su libro “Lecciones sobre la vida del monje que vendió su Ferrari”

  • Desenmascarando las ilusiones: Descubrirás que la mayoría de tus pre- ocupaciones son meras ilusiones, sombras que se disipan ante la luz de la verdad. Al identificar y enfrentar estas pre- ocupaciones, se convierten en ocupaciones y te liberarás del peso que te impedía avanzar.

 

  • Enfócate en las soluciones: Cambia tu mentalidad de pre- ocupación a acción. Cada desafío es una oportunidad disfrazada, una puerta que se abre hacia nuevas posibilidades. En lugar de obsesionarte con los problemas, enfoca tu energía en encontrar soluciones creativas y efectivas.

 

  • El poder de la resiliencia: A medida que practiques el arte de dejar ir las pre- ocupaciones, cultivarás una mayor resiliencia frente a los desafíos de la vida. Te sorprenderá descubrir cuánta más energía y claridad mental tienes cuando no estás constantemente atormentado por ellas.

 

  • El camino hacia la prosperidad: Al liberarte del peso de las preocupaciones, abrirás las compuertas hacia la prosperidad. La abundancia fluye hacia aquellos que tienen una mente clara y abierta, listos para recibir todas las bendiciones que el universo tiene reservadas para ellos.

 

  • El momento de actuar es ahora.
  • No pospongas tu felicidad y tu éxito para un futuro incierto.
  • El momento de tomar las riendas de tu vida es ahora mismo.
  • Libérate de las cadenas del pasado, despeja tu mente y camina con confianza hacia un futuro lleno de posibilidades infinitas.

 

¡Ve por ello!: Tu destino está en tus manos.

 

¡Es hora de empezar tu viaje hacia una vida más plena y satisfactoria!

 

El cargador de agua

Y tú ¿sabes reconocer tus cualidades y posibilidades o te enfocas sólo en lo que consideras tus defectos?

Cuenta la leyenda que…

Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros.

Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador así, diciéndole:

«Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.»

El aguador, le dijo compasivamente: «Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino.»

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchísimas flores hermosas a lo largo, pero de todos modos se sentía apenada porque al final, solo quedaba dentro de si la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces «¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.»

Y tú, ¿sabes reconocer tus cualidades y posibilidades o te enfocas sólo en lo que consideras tus defectos?

Tendemos a enfocarnos, principal o únicamente en los aspectos negativos de lo que creemos que somos y de lo que hacemos o sentimos, sin darnos cuenta de que con ello, nuestra autoestima baja, aún más.

Dedícate con atención a cambiar de actitud, buscando lo positivo, no sólo en ti, sino también en los demás y verás un cambio importante en tu vida.

 

El enojo que resuelve

EL ENOJO NO ES UN FIN EN SÍ MISMO, SINO UN MEDIO PARA RESOLVER UN PROBLEMA 

Anna BeuSam

Cómo procesar y utilizar esta energía que es el enojo

De hecho, tanto las tradiciones religiosas como las diversas corrientes psicológicas, han intentado ofrecer respuestas que resolvieran los vastos problemas que esta emoción presenta.

    • ¿Qué causa el enojo?
    • ¿Cuál es su naturaleza?
    • ¿Cuáles son los modos en que lo expresamos y cómo influyen nuestras creencias?
    • ¿Qué necesitamos aprender para pasar del enojo que destruye al enojo que resuelve?

La causa

El enojo es el resultado de un impulso, deseo o necesidad frustrados. Ese deseo o impulso puede estar relacionado con un hecho particular o referirse a una situación global. Es particular cuando el deseo está dirigido sobre un hecho puntual: me han prometido algo y no han cumplido; deseo hacer un trámite y el empleado no está en su puesto; deseo viajar y el tránsito está atascado, etc.

Es global cuando lo que se afecta es la necesidad de preservar la integridad física o psíquica: una persona me empuja o amenaza apoderarse de algo que me pertenece o me humilla y maltrata psicológicamente..

Cualquiera sea la situación, si evocamos nuestras memorias de enojo comprobaremos que siempre están precedidas de una frustración. Cuando la energía del deseo que se direcciona hacia su realización encuentra un obstáculo, la obstrucción que este produce genera una sobrecarga energética dentro de ese deseo. A esta sobrecarga es lo que llamamos enojo. La función original de esta sobrecarga de energía es asegurar y garantizar la realización del deseo o la necesidad amenazada.

¡Acompáñame mientras exploramos el camino hacia una vida más plena y satisfactoria!

Dime, qué imaginas? Te diré si te enojas o te apenas

La sobrecarga energética del deseo, que es el enojo, puede albergar diferentes calidades más o menos destructivas. Esto dependerá de las conclusiones que mi mente produzca en relación con la naturaleza del obstáculo. Si me doy cuenta  que existe una intención contraria que se está oponiendo a mi propósito, mi frustración se hará enojo destructivo.

Por lo tanto trataré de hacerle a ese obstáculo destructivo lo que imagino que él quiere hacerme a mí. Esa voluntad de destrucción recíproca es la esencia de la batalla. Si llego a la conclusión de que ese obstáculo no responde a ninguna voluntad específica de perjudicarme sino que como la lluvia en el día que deseo ir a la playa, es algo que ocurre pero que no se opone deliberadamente a mí, entonces mi frustración será frustración pero difícilmente evolucione hacia el tipo de enojo destructivo.

Si le pido dinero prestado a un amigo y él me dice que no puede hacerlo porque no dispone de esa suma, y le creo, mi frustración será frustración pero no se hará enojo contra él. Si en cambio creo que me miente, que tiene el dinero pero que no me lo quiere prestar, entonces la frustración tiene las puertas abierta hacia el enojo. Ante cada frustración producimos, consciente e inconscientemente, conclusiones acerca de la causa que la produce y rápidamente evaluamos si hay una intención adversa o no.

Muchas personas tienen la tendencia a atribuir sus frustraciones a una voluntad adversa que se opone a sus propósitos. Dichas personas no tienen más remedio que vivir crónicamente enojadas y resentidas. Otro elemento interesante que está presente en este tema es que en el marco de una guerra, de una batalla, de una lucha, todo obstáculo es efectivamente el resultado de una intención interior adversa. Precisamente, la del rival de turno.

De modo que para quien vive en una atmósfera psicológica de batalla, todo obstáculo pone en marcha la reacción en cadena de frustración- enojo destructivo. Por el contrario los obstáculos que son evaluados como incógnitas a resolver, enfocados a las posibles soluciones, con preguntas, que efectivamente frustran y demoran los logros deseados, pero no generan enojos u odios destructivos.

En este momento, en el que los valores y las modalidades de la cultura competitiva sobrecargan tanto el tono emocional de cada una de nuestras relaciones humanas, estamos muy expuestos a interpretar cada obstáculo en el curso de una relación como la manifestación efectiva de esa relación adversa de nuestro rival de turno (sea mi mujer, mi vecino, el portero del consorcio, mi compañero de trabajo, etc.) que quiere oponerse a mi propósito y vencerme.

No es de extrañar, entonces, que el clima emocional de una incesante batalla sea el que fatigue nuestros días y deje exánimes a nuestro deseo y nuestra posibilidad de entusiasmo y alegría. A este componente cultural se agrega otro de origen biológico que, si no es adecuadamente comprendido, puede confundir aún más este problema y si deseas avanzar en un entreno para el autoconocimiento esto te puede interesar!

El fondo biológico

Desde el punto de vista químico, ante la presencia de un obstáculo vivido como amenaza, el organismo segrega adrenalina y noradrenalina, neurotransmisores que posibilitan todos los comportamientos de confrontación y lucha, de actividad y alerta.

En épocas primitivas de la humanidad, cuando la amenaza a la integridad territorial se dirigía en una confrontación física, en una lucha cuerpo a cuerpo, esta respuesta era, sin duda, la más adecuada porque en aquellos casos era necesario incrementar la fuerza física para encarar la batalla. Todos conocemos, sea por experiencia personal o por los innumerables ejemplos de personas que dan testimonio, cómo en una situación de ira me dispone a una magnitud de fuerza mayor que la habitual.

La tarea que necesitamos realizar es observar cómo utilizamos ese plus de energía que, por automatismos  arcaicos, el organismo produce frente a una frustración o una amenaza. El desajuste se produce cuando sigo utilizando una respuesta biológica de ira generada en situaciones antiguas, para situaciones actuales que no requieren tanta respuesta con adrenalina: lo que ocurre es seguimos poniendo en juego este tipo de respuesta y así olvidamos del problema que la generó.

Esto se agrava, además cuando se genera la creencia limitante de que el enojo, per se, incrementa la eficacia. Por lo tanto, se termina propiciando el patrón primitivo de respuesta de ira, como si todo fuera una amenaza al territorio que ocupo.

El enojo es útil para aumentar la fuerza física pero no es útil para resolver problemas. Imaginemos aun cirujano que encuentra obstáculos durante una operación y se enoja. Su ira entorpecerá, sin duda, su capacidad de resolver el problema que enfrenta. Este ejemplo resulta obvio, pero sin embargo existe una creencia, bastante generalizada, de que el enojo da potencia.

Un conocido periodista de tenis, cuando transmite los partidos de Gabriela Sabatini, repite frecuentemente: “Me gustaría verla a Gaby más enojada. Así Jugaría mejor.” El, como representante de esta creencia limitante, supone que enojándose contra el rival ganaría en eficacia. Y, en realidad, es todo lo contrario: la coordinación y la precisión que son necesarias para una buena jugada encuentran su mejor caldo de cultivo en la relajación y la calma. Esta observación, que parece tan obvia al describirla, está, sin embargo, prácticamente ausente en la evaluación de quienes orientan técnicamente y psicológicamente a los deportistas.

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Resumiendo

Podemos decir que la secuencia frustración-enojo-acusación, se produce en el contexto de una batalla y que, cuando vivimos en ese clima emocional imaginario, cada frustración dispara la respuesta de enojo destructivo que convierte cada problema en otra batalla.

Los diferentes modos de expresar enojo

En la medida en que concebimos al enojo como una señal que indica la presencia de una amenaza, de un obstáculo, podemos examinar cuáles son las actitudes que mejor utilizan la señal que ofrece el enojo. Habitualmente solemos creer que la expresión del enojo es una conducta homogénea que no tiene componentes diferenciables.

Sin embargo, si miramos con mayor detenimiento la reacción del enojo, como si ubicáramos sobre ella una lente de aumento para ver con más detalle cómo es, encontraremos cuatro componentes bien diferentes que vale la alegría de discriminar.

Para hacerlo más claro tomemos un ejemplo sencillo: me cito con un amigo y llega tres cuartos de hora más tarde.

Mi deseo de encontrarme con él a la hora convenida, que se frustra, acumula un plus de energía, y ese plus necesita descargarse. Este es, precisamente, el primer componente: la descarga. Podemos observar entonces todas las reacciones propias de esa necesidad: puedo moverme, gritar, protestar con insultos, dar un golpe sobre la mesa, patear, etc. El propósito de este tipo de reacciones es descargar al sistema nervioso de la sobrecarga a la que está sometido.

La función de la descarga es equivalente a abrir la válvula de escape de una olla de presión. La descarga permite que el sistema vuelva a recuperar el estado más adecuado para su funcionamiento. Esta fase es muy importante y es la que permite encarar en mejores condiciones las otras etapas de la resolución del problema que generó el enojo. Es un hecho cada vez más reconocido, que no todas las personas contamos con los canales disponibles para expresar y descargar la ira.

Toda la tradición cultural que propició y valoró la contención del enojo terminó suprimiendo los canales de su expresión. Si le pusiéramos palabras a tal actitud, sería: “Expresar enojo está mal, no es correcto o es señal de debilidad”.

hubungan-sosial-buat-tubuh-lebih-sehat-YGsLa actitud de suprimir la emoción agrava el problema, porque la falta de hábito en la experiencia de la expresión de esa emoción hace que uno no cuente con la capacidad de graduarla en su justa medida: esto se alcanza cuando uno ha ejercitado repetidamente una respuesta.

Por lo tanto, uno vive la ira frecuentemente en términos de “todo o nada”. Cuanto más se ejercita algo, mejor se puede calibrar y disponer de todos los matices de respuesta según requiera la situación.

La graduación de la reacción es una conquista evolutiva, que es a su vez producto de la práctica.

El hecho de ser los lobos animales muy combativos permitió que, a lo largo de su historia, pudieran ritualizar la descarga y el castigo, y lograran rescatar lo esencial del combate entre ellos, que es decidir quién se va a quedar con el territorio.

 

Por esta razón, cuando en el transcurso de una pelea el que está perdiendo ofrece su cuello al rival, se genera en el vencedor un reflejo que lo aparta de su contendiente, le hace buscar el lugar más alto de la región y se instala allí. Han resuelto el problema de la distribución de territorio con la mayor economía posible.

Esto ha sido denominada lucha ritualizada. Los pajaritos, por su parte, que no tienen la experiencia habitual de lucha porque apelan al rápido vuelo como respuesta al peligro, no cuentan con el recurso del enojo ritualizado y calibrado. Por lo tanto, cuando combaten en una jaula, las luchas terminan sólo con la muerte de uno o ambos antagonistas.

El segundo componente es hacerle saber al otro el impacto que su acción ha producido en mí y como me siento yo frente a lo que hizo.

Es decir , expreso, doy a conocer lo qué siento ante esa situación. Si volvemos al ejemplo de la cita con mi amigo, le diré: “Estás llegando 45 min. Tarde. Me siento irritado, molesto, decepcionado, harto de esperar, etc., etc.” Estas podrían se las palabras, pero la expresión global de lo que siento también estará en mi mirada, etc.

Como se puede observar, en este caso no hay ningún enjuiciamiento, descalificación, ni conclusión acerca de la conducta del otro. Meramente se la nombra sin juicio y se describe la propia reacción ante ella. Es decir, para que se produzca una modificación en la conducta del otro, es necesario que él conozca, del modo más completo posible, el efecto que su acción produce en mí.

Este componente está estrechamente asociado al que te conté anteriormente como acción de descarga, porque en el acto de nombrar, asumir, expresar lo que siento también realizo un movimiento de descarga.

Aunque estos dos componente pueden ser diferenciarse, porque en la descarga participan más elementos motores, frecuentemente ambos se intercalan y también esta fase está teñida por las creencias limitantes que afirman que reconocer el impacto que me produce lo que el otro hace es señal de debilidad.. El ejemplo que mejor ilustra esta actitud se presenta cuando alguien dice: “No le voy a dar el gusto de decirle cómo me afectó su comportamiento».

Más adelante veremos cómo la represión en la expresión de una o ambas fases que estamos describiendo contribuye a que la expresión del enojo tome uno de los canales más perturbadores: el intento de suprimir al mínimo la propia reacción y producir sobre el otro el máximo castigo!.

Otro componente necesario en la expresión del enojo para que este cumpla su función resolutiva, es la formulación de la propuesta para reparar lo reparable en esa situación y la construcción de un proyecto que asegure en lo posible que ese problema no va a repetirse. Volviendo al ejemplo anterior, podría decirle, por ejemplo, a mi amigo: “ Mira, ahora no puedo hablar del tema para el cual nos citamos porque estoy muy sobrecargado de malestar y tensión.

Vamos a caminar para descargarme, hablemos ahora de este problema y luego podremos conversar del tema por el cual nos citamos. Quiero que sepas que a mí me irrita mucho esperar cuando marco una cita a cierta hora, de modo que quisiera arreglar contigo una manera para que esto no se vuelva a repetir”.

Desde el punto de vista del enojo como señal, este conjunto de respuestas expresan una manera de aprovechar esta señal para resolver el problema que detecta. Si en este sencillo ejemplo de mi amigo lo que me afecta es la espera a la que me somete su impuntualidad, a través de estas reacciones utilizo mi enojo y el plus de energía que aporta para intentar resolver ese problema.

Si de esta lectura surge alguna duda, ¡cuenta conmigo!

Recapitulando ahora los tres componentes, estos son:

  1. Realizo la catarsis necesaria para descargar mi sistema.
  2. Le doy a conocerla, clara y abiertamente, lo que siento para que él conozca el efecto que produce en mí lo que él ha hecho (no enfoca en el ser).
  3. Incluyo una propuesta para reparar la situación presente y para tratar de evitar que se produzca en el futuro.

Para comprender mejor la significación de esta secuencia es útil recordar que detrás de todo enojo siempre hay un problema que se debe resolver. La confusión se produce porque el enojo mismo suele convertir los problemas en batallas y entonces el reconocimiento del problema y sus vías de solución se pierden.

Es decir, existe un 4º componente que vamos a examinar: es el deseo de castigar al otro por lo que hizo.

Aquí el centro está puesto en hacer sufrir al otro. Lo hacemos mediante insultos, enjuiciamientos y descalificaciones. Cuando mi amigo llega tarde , le digo: “Eres un egoísta, un irresponsable, un desconsiderado, contigo no se puede pactar nada, es imposible confiar en ti, no lo voy a hacer, así que me voy. Adiós”.

Esto puedo decirlo hasta con un tono de voz relativamente tranquilo, de modo que la descarga en sí de mi estado es mínima y simultáneamente el efecto sobre el otro es máximo. Aquellas personas que están habituadas a expresar su enojo de esta manera creen verdaderamente que expresar enojo es eso: acusar y reprochar. Cuando les revelo otra alternativa, muestran una extraordinaria sorpresa al enterarse de una modalidad que no estaba presente en absoluto en su forma habitual de vivir y expresar su ira.

Esta evidencia pone de manifiesto hasta qué punto el tema de la ira es también un importante aprendizaje que necesitamos realizar como miembros de la «especie humana» y protagonistas de esta cultura. La misma modalidad castigadora la podemos encontrar cuando al escuchar algo que nos enoja “le colgamos el teléfono” como respuesta o “damos un portazo” y nos vamos.

Esta modalidad es muy frecuente y hay personas que se reconocen a sí mismas como expertas en “poner el dedo en la llaga”, es decir, producir con la mínima descarga, el

máximo daño. Una clienta, Elena, me contaba: “Mi marido no me consultó de cómo quería yo que se hicieran los arreglos en la terraza y eso me enojó mucho.

Cuando me preguntó a qué hora iba a estar yo para que el albañil viniera a hacerlos, le dije que esa semana iba a estar muy ocupada y no iba a estar en casa. El tuvo que quedarse para recibirlo y luego se volvió loco para recuperar el trabajo atrasado… y yo lo disfruté muchísimo”

En la medida en que Elena no disponía de los recursos emocionales como para expresarle a su marido su desacuerdo por su actitud inconsulta y proponerle a su vez que la incluyera para poder emitir su

opinión, ella no tuvo más remedio que desembocar en la situación en la que expresaba su malestar mediante acciones que dañaran a su marido. Esta actitud perversa, está relacionada con ese conjunto de respuestas que consiste en realizar una acción que intenta lograr que el otro sienta lo que yo hasta ese momento sentí, y a su vez, multiplicado.

El régimen de multiplicación depende de cada uno y ese es el sistema que “va fabricando la bomba atómica”. Depende de cada uno, quiere decir que no sólo está relacionado con lo que el otro hizo sino también con todas las veces en que me sentí herido, del dolor que me produjo y de las conclusiones que saqué acerca del por qué ocurrió. Este es el resultado de los denominados actos de venganza.

La venganza, en esencia, es eso: hacer algo para que el otro padezca lo que me hizo padecer. Observado desde afuera, se puede creer que el vengador está haciendo sufrir al otro mucho más de lo que uno supone que él ha padecido. Sin embargo, este aparente soltar, depende de las memorias de dolor que el vengador albergue, que le hacen configurar muchas veces un régimen de multiplicación del sufrimiento altamente virulento.

Un elemento agregado que conviene recordar aquí es que, cuanto más represión acumules, tus canales de expresión y descarga de tu enojo, más utilizas el modo del “máximo castigo con la mínima descarga”. A partir de estos hechos, la actitud de: “lo que más me descarga es que el otro sufra”, se revela como una brutal distorsión en el proceso de la expresión del enojo. Además, como el otro va a reaccionar a su vez ante mi acción que le ha hecho sufrir, si él tiene el mismo mecanismo de hacerme sufrir por lo que le he hecho, entre los dos ponemos en marcha una interacción que agrava el problema y multiplica el daño.

Esa es “la bomba atómica”. Así es como se fabrican peleas que culminan en actos de violencia de una magnitud tal que resultan, mucho más graves en relación con el motivo que las generó.. Lo que acabo de describir es un sólo un  ejemplo de las situaciones en las que el enojo, en lugar de resolver un problema, lo agrava y multiplica. Un elemento a nombrar es que cuando le digo a mi amigo que llegó tarde: “eres un irresponsable…., etc.”, estoy actuando de un modo tal en el que he dejado de tener un problema con un amigo y la persona de mi amigo ha pasado a ser mi problema.

Dejo de estar con alguien con quien resolver un problema, para empezar a estar con un puro adversario a quien quiero destruir.

Este movimiento de amplificación desde un problema con un amigo a la persona total de mi amigo como problema, es típica de la reacción del enojo. Es lo que se suele llamar comúnmente: “la calentura del enojo”. Es aquí dónde las habilidades para «ventilarse» son bienvenidas tales como las formas de descarga que hemos comentado más arriba.

Indagación personal amable

Utilizando el parámetro de los cuatro componentes, te propongo que observes en un enojo que viviste reciente o antiguo,  cuáles estuvieron presentes: si hubo reacción de descarga, si diste a conocer lo que sentías ante lo que te hicieron, si formulaste alguna propuesta para resolver la situación, y si intentaste castigar al otro por lo que le hizo. La experiencia muestra que en una gran mayoría de los casos de expresión del enojo sólo están presentes las acciones que intentan castigar al otro, sea con insultos, reproches o descalificaciones.

No está de más repetir que ese es uno de los canales más dolorosos e hirientes para la resolución del problema que ha despertado enojo. Si este fuera tu caso en el ejemplo, trata de imaginar que vuelves a esa escena y observa cómo sería incluir los otros tres parámetros de este análisis. Algo que es bueno recordar aquí , es que

  • Cuantos más recursos tengo para resolver el problema que mi enojo señala, más se encauza la energía del enojo en la dirección de su resolución. A tal punto que, en sus formas más extremas, el enojo prácticamente no se presenta ni se lo experimenta como tal.
  • Por el contrario, cuantos menos recursos tengo para resolver un problema, cuanto más impotente me siento, más intenso es el enojo y más destructiva su calidad.

 

¿Qué cambiaría en tu vida con este orden propuesto? ¿Qué harías diferente? Te leo en comentarios!

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.

🌟 Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo! 

 

Orgullo de ti

 

«Cuando te sientes orgullos@ de quién eres, no tienes necesidad de compararte con los demás.» – Tony Robbins

 

  1. ¿Cuántas veces te has dado las gracias por ser como eres?
  2. ¿Cuántas veces te has felicitado por todo lo que haces en lugar de criticarte por tus errores?
  3. ¿Cúantas veces te alegras por ser quien eres…?

Eres incondicional

Siempre buscamos ese amor incondicional.

El que siempre está ahí, a pesar de los hechos, de las palabras, del tiempo. A veces lo buscamos en el sitio incorrecto: en los demás.

Déjame decirte que eres incondicional. Tienes en ti la capacidad de amarte como eres, con lo que eres y lo que eres capaz de ser.

Deja de decirte palabras duras, como «sólo soy bueno si lo consigo», o «no lo merezco».

  • Mereces todo lo bueno.
  • Eres incondicional a ti, y para ti.
  • Puedes quererte como eres.

 

 

Mereces «amar-te» sin condiciones

Ahora, tienes una excelente oportunidad. Te propongo que te escribas una carta, como si la estuvieras escribiendo a otra persona, como si quien fuera a recibirla fuera una amiga o amigo a quien aprecias de verdad y sabes que tu carta le alegrará y llenará de orgullo.

Adelante…!!! ¡¡¡¡Manos a la obra!!!

Para que te motives…. voy a dejarte la carta que me he escrito a mi misma agradeciéndome quien soy.

Estimada Anna:

Estoy muy orgullosa de ti. Realmente me llena de satisfacción como has sabido manejar tu vida, sobreponerte a los problemas, manejar las situaciones para conseguir tus objetivos.

Estoy muy orgullosa porque siempre has seguido tus valores : la familia, el respeto, la integridad, la honestidad, el arrepentimiento, el perdón, la alegría.

Estoy verdaderamente orgullosa por todo lo que estas consiguiendo en tu vida. Aprecio como has sabido crecer sola, sin tus padres, desde los 19 años; como has formado una familia. Aprecio tu valor y tu decisión para luchar por tu amor, para luchar por tu matrimonio, para perdonar a pesar de todo lo que pasó y por saber pedir perdón por todos tus errores.

Anna, estoy orgullosa de tí y de tus logros. Me llena de satisfacción ver como has conseguido enfocar escribir tu libro, como tienes la decisión para actuar y como nada te detiene, y como eres capaz de actuar a pesar de considerarte a ti misma tímida y vergonzosa. Me enorgullece como siempre encuentras una solución creativa y una puerta abierta hacia tu meta.

Aprecio que seas una mujer decidida, una mujer cariñosa, una madre comprensiva, una compañera fiel, una trabajadora incansable, una persona optimista.

Estoy realmente orgullosa, porque has sabido vencer tus miedos, porque has derribado tus barreras mentales, porque has superado tus conflictos interiores para ser una mujer asertiva y con una buena autoestima.

Me llena de satisfacción ver que eres consciente que tu futuro solo depende de tus decisiones actuales, de los pasos que seas capaz de dar, me alegra verte responsable de tu propia vida, sin buscar excusas cuando fallas, sino encontrando aprendizajes en los errores.

Me alegra ver que eres una persona decidida, disciplinada, persistente, tenaz, proactiva, alegre y llena de luz.

Te felicito por haberte sabido levantar despues de cada caida, sin quedarte en el rol de víctima. Estoy orgullosa de que seas la protagonista de tu vida.

Con amor, Anna

Te toca a ti

escribirte una carta de gratitud, de satisfacción y de apreciación por quien eres y por todo lo que has sido capaz de lograr. Te aseguro que cuando la releas… sentirás algo en tu corazón que no tengo palabras para describir

PD: Una buena dosis de cosas en las qué reflexionar!

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.

✴️ Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo!

 

Hablamos pronto, ¡deseo que tengas un día genial lleno abundancia, amor y de paz interior!

Te abrazo con gratitud,

Anna BeuSam

3 pasos para superar la frustración

autoestima

  1. ¿Te irritas con facilidad cuando no consigues lo que quieres?
  2. ¿Experimentas una rabia incontrolada si los demás no actúan de acuerdo a tus expectativas?
  3. ¿Tienes explosiones de ira ante situaciones banales, como un atasco de tráfico?

Si tu respuesta es afirmativa en los tres casos, ¡alerta, puede que sufras el síndrome de «escasa tolerancia a la frustración»!

Lo cual puede ser un serio obstáculo para alcanzar tus objetivos . La persona que tiene una escasa tolerancia al fracaso no suele correr muchos riesgos. No se concede a sí misma el derecho a equivocarse –no se lo puede permitir- y si fracasa o cometer un error se condena duramente por ello. Se trata de una persona que se valora en función de sus logros.

O sea, que la consecución de sus objetivos es lo que le concede su valor como persona, mientras que el fracaso se lo quita….

Esto explica su baja tolerancia a la frustración: su autoestima depende de ello. Para este tipo de persona, no arriesgar es la apuesta más segura, la única que le permite proteger la imagen que tiene de sí misma.

Cualquier otra persona con un concepto más elevado de sí misma puede arriesgarse, porque su lógica le dice que lo peor que le puede pasar es no conseguir su objetivo. ¡Pero sabe que hay más objetivos! ¡Y que sólo es una piedra en el largo camino!

No porque se fracase una vez se ha de fracasar en todo. Sin embargo, para la persona con un auto-concepto débil, lo peor no es solo no conseguir su objetivo sino lo que emocionalmente le va a costar: cuotas de frustración, sentimiento de indignidad y vergüenza. Una persona que se valora en virtud de sus éxitos o fracasos está siempre en la cuerda floja, porque sitúa su valor en factores externos sobre los que no tiene ningún control.

En cambio, si renuncia a valorarse por sus logros, siempre podrá considerarse un ser humano valioso, independientemente de si ha tenido éxito o no. Para ello, es preciso que se acepte incondicionalmente, incluso cuando comete errores. Por otro lado, este tipo de persona necesita sentirse aceptada por los demás para poderse aceptar a sí misma.

Esto limita mucho su campo de acción ya que es probable que renuncie a sus objetivos si cree que pueden acarrearle algún tipo de rechazo por parte de la gente que le rodea. La persona que tiene una baja tolerancia al fracaso y no se acepta incondicionalmente, ante la posibilidad de lanzarse a lograr una meta para él, suele sentirse indefenso y profundamente ansioso.

Pierde objetividad y focaliza toda su atención en las posibilidades inútiles en lugar de las útiles. No se le ocurre decir: «Está bien, me arriesgo». «Lo peor que puede pasarme es que me salga mal». «Tengo mucho que ganar y muy poco que perder». Sino que piensa: «No puedo hacerlo». «Si me sale mal me moriría de pena, vergüenza», etc. No evalúa las posibilidades negativas contrastándolas con las positivas.

De hecho, fracasar no es caer, sino negarse a levantarse y volver a intentarlo de nuevo. Las personas con poca tolerancia al fracaso tienen un pensamiento tremendista que le impide saber que no sólo existen posibilidades de fracaso, sino también de éxito. Cree que si fracasa en una cosa concreta, el fracaso se extenderá como una gota de aceite a toda su persona. No es extraño que en él, la fuerza proteccionista que apunta a la pasividad sea superior a la fuerza que tiende hacia la superación y el logro.

Nos enojamos cuando algo nos frustra: desde algo tan pequeño como un atasco de tránsito hasta una amenaza a mi integridad física o mi honor. Los motivos son variadísimos y los grados de intensidad también, pero todos tienen un elemento común: debajo de cada enojo hay una frustración.

Para este síndrome no hay vacunas ni medicamentos (por el momento) pero, afortunadamente, puedes eliminar tu baja tolerancia a la frustración si eres consciente Y te decides a sanarlo. Aquí te dejo un plan para resolverlo.

 

Te pongo un ejemplo:

Un amigo me prometió que me devolvería un libro y cuando llegó el día, se olvidó. En este caso, mi deseo de recuperar el libro se frustra y ese deseo frustrado se convierte en enojo. La función esencial del enojo es darme más energía para enfrentar el obstáculo que produce mi frustración. El tema fundamental aquí es si yo he aprendido a canalizar adecuadamente esa fuerza, o no. Ese aprendizaje es una de las tareas más significativas que los seres humanos necesitamos realizar.

La frustración juega en contra, pero es energía al fin y al cabo, has creado energía, hasta ahí todo bien, pero ahora toca canalizarla, y darle un giro. Piénsalo: ¿qué ocurriría si canalizaras esa energía para construir en lugar de destruir? Se trata de darse cuenta, ser consciente de que el problema no es la frustración sino en qué la conviertes. Si te sientes frustrado por no conseguir lo que quieres, felicítate y no te dejes llevar por la rabia, la ira o el abatimiento, sino todo lo contrario.

Indaga y pregúntate cómo convertirlo en algo bueno, que valga tu alegría.

La sociedad vive hipnotizada de la gratificación inmediata.

La publicidad bombardea con la promesa de que es preciso obtener rápidamente todo lo que quieras: Por un click, por adelgazar sin esfuerzo, por convertirte en una persona atractiva con un perfume, obtener la felicidad por conducir un coche, etc… Cuentos de Caperucitas y lobos, ahora que he vuelto a leerlo gracias a mis nietos Elena y Marc me doy cuenta de lo generadores de frustación que son. Volvamos al ejemplo del libro que mi amigo no trajo.

El enojo que siento puedo encauzarlo en dos grandes direcciones. Puedo decirle: ¡Eres un egoísta, siempre el mismo irresponsable…eres un falso… en ti no se puede confiar…! En ese caso he utilizado mi enojo para herir, castigar y hacer sufrir a mi amigo por lo que hizo. Cuando hago eso, no es por maldad. Es porque creo que sentir y expresar enojo es así: insultar, castigar y hacer sufrir.

Cuando reacciono de ese modo, provoco en el otro, en este caso mi amigo, un efecto rechazo. Él se siente herido por lo que le digo y responde, generalmente, con otro agravio: “¡Y tú siempre el mismo autoritario, crees que todos somos tus esclavos, eres un déspota!” Entramos en una espiral destructiva. La frustración se convierte en una emoción tan potente que rápidamente nos consume, puede hundirnos y fácilmente desembocar en el odio más acérrimo.

Fue justo al alcanzar ese momento emocional cuando mi amigo me recuerda otras situaciones anteriores en las que yo quizá le herí. Y me dice: “tú eres el egoísta irresponsable y manipulador. ¡Eres un hipócrita!”… Y así seguimos, de insulto en insulto. La intensidad continúa creciendo, cada vez nos herimos más, y al rato estamos los dos lastimados y resentidos. Ninguno quiere saber más nada con el otro… y el libro no lo recuperé.

Y es que, veces alejan más las actitudes que las distancias

Este es un ejemplo del típico enojo que destruye. Es muy común oír después de una gran pelea en la que todos han quedado muy heridos: ¿Por qué era que empezó esta discusión? Demasiadas veces este tipo de mensajes cala hondo en las mentes ingenuas, creando el espejismo de que es posible conseguir lo que se quiera solo aplicando el enfado.

Reaccionando a la frustración sin control, algunos esperan que la realidad cambie y se ponga a su servicio. A su necesidad y voluntad. Sin ningún cambio personal. Es el todo por nada. Y es falso. Pero hay otra manera de encarar el ejemplo del libro: aceptando y asumiendo. Saber asumir y superar las frustraciones es esencial para poder ser feliz en lo cotidiano y, por supuesto, cuándo se plantean otros objetivos ambiciosos y más a largo plazo.

Es sencillo: dirige ese plus de energía sobre el obstáculo que te fruste, NO sobre la persona.

En este mismo ejemplo le puedo decir a mi amigo, con toda la intensidad con la que lo sienta: Estoy muy frustrado y enojado. Me prometiste que me ibas a traer el libro y yo contaba con él. Lo necesito. Vamos a ver cómo me lo puedes traer. O llamas a alguien para que lo traiga o llamamos a un mensajero.

¡Fijate qué se te ocurre…! Y ahí me quedo esperando y demandando una respuesta. Cuando concentro mi energía en esa dirección el enojo cumple su propósito esencial: darme más energía para  resolver el obstáculo que me frustra.

Este tipo de enojo se apoya en 2 pilares:

  1. expresar lo que siento ante lo que sucede y
  2. demandar la respuesta que me “des-enojaría».

Expresar la frustración y el enojo que me produce la situación es necesario para mí, para desahogar lo que me pasa y es necesario para el otro, para que pueda saber lo que me ocurre a mí ante lo que hizo, porque ese es además uno de los motores que lo ayudarán a cambiar su actitud. Otro ejemplo: cuando se cuánto le molesta a una persona mí impuntualidad eso es algo que me ayuda a que lo tenga en cuenta y me dispone a tratar de ser más puntual.

Expresar lo que siento no quiere decir enjuiciar al otro. Son dos respuestas muy distintas que es necesario aprender a distinguir con claridad.

Una cosa es decir: ¡estoy muy enojado por lo que hiciste! y otra muy distinta es decir: ¡Eres una basura, eres destructivo, una mala persona, una porquería! etc. En última instancia la esencia del enojo que resuelve es autoafirmarse con claridad, fuerza y respeto. Y para eso no es necesario descalificar ni agraviar, ni insultar. Me concentro en la acción que me frustra y demando una solución.

3 tres sencillos pasos:

  1. Asume que la escasa tolerancia a la frustración es un comportamiento poco maduro y caprichoso alentado por un ego inflado. Tu finalidad, a partir de ahora, es acabar con el control que ejerce el ego en tus asuntos.
  2. Aprende a relativizar. Es posible que des excesiva importancia a cosas que no la tienen pero que sacan a flote un dolor que ya estaba ahí desde mucho antes.
  3. Entrégate un poquito más (o muchísimo más). Si afrontas un proyecto importante (como liderar a otros, una carrera universitaria, superar una adicción, autoconocimiento o mejorar tu salud, ), has de aceptar que va a exigir entrega, disciplina, y paciencia si los resultados no llegan tan pronto como se esperan.

Cuando uno aprende a enojarse respetuosamente y lo hace, se da cuenta con más claridad de la diferencia entre un enojo y otro: si es resolutivo o destructivo (o cuánto hay de cada uno). Entonces puede distinguir qué parte de verdad puede haber en ese enojo y que reparación requiere y cuanto hay de enjuiciamiento, agravio o maltrato, que es parte de la inmadurez y la ignorancia de quien se enoja así. Cuando establezco esa distinción ya estoy en mejores condiciones de no quedar sometido al modo destructivo del enojo del otro. Además, de que el otro hace lo mejor sabe en sus circunstancias y yo también.

Dejar ir no significa darse por vencido, sino aceptar que hay cosas que no pueden ser.

Para reducir la baja tolerancia al fracaso, conviene gestionar tu mente y detener la percepción que te aleja de tu objetivo  y elevar la aceptación de lo que esta siendo en ese mismo momento, para encajar una negativa o un retraso.

En el Tao Te Ching está escrito: «Lo duro y rígido se romperá; lo blando y flexible prevalecerá».

Aprende a ser flexible, paciente y constante, no hay secreto. Conseguirás comprender que dice tu emoción y podrás afrontar los problemas con serenidad y enfocarte a la solución.

Si te gustaría saber qué es lo que tienes qué hacer en concreto según la situación y fase de tu vida y no ir a palos de ciego, de forma reactiva.  Cuando no consigues algo a la primera es para que aprendas que no es esa la manera y quizá ni el momento. Pero que sí es posible de otra manera y en otro momento.

El error ocasional no es un fracaso que te condena. El error es semilla de éxito.

 3 pautas:

  1. durante 24 horas no tomarás ninguna decisión,
  2. buscarás inspiración y
  3. diseñarás tu plan para una segunda intentona.

Consciencia verbal

“El optimista tiene siempre un proyecto. El pesimista, una excusa.” (Iosu Laoz)

Tu mente cree todo lo que le dices. Háblale bonito, háblale con fé, háblale de amor, háblale de gratitud. Para un cambio de verdad, es muy importante ser conscientes de cómo nos hablamos por dentro, cómo nos tratamos a nosotros mismos.

Si realizaste el ejercicio para crear a tu yo futuro ¿cuál era tu forma de relacionarte contigo mismo? ¿Te querías, te aceptabas, te perdonabas, te cuidabas, confabas contigo mismo? Supongo que sí.

Pues bien, puede que por ahora no seas capaz de convertirte en su totalidad en este personaje futuro, pero sí puedes empezar a hacer algo que está en tu mano: pensar o hablarte a ti mismo de otra manera. Desde la consciencia que yo tengo de mi en este momento, es con la que me relaciono con el otro. Porque tu mente se cree todo lo que le dices, háblale bonito, háblale de fé, háblale de amor, háblale de gratitud…

Cómo te hablas a ti mismo

¿Eres consciente de ello?  Descúbrelo a través de estos sencillos pasos de práctica experiencial:

 

  1. Durante una semana, pon al menos 3 alarmas al día en tu teléfono móvil, en horarios diferentes y en momentos que sepas que puedes atender cada alarma (no en momentos de trabajo o de sueño, obviamente). Puedes incluso ponerle un nombre especial a la alarma: CONSCIENCIA VERBAL o como prefieras llamarlo, si tienes un Smpartphone.
  2. Cada vez que suene la alarma, lo único que tienes que hacer es observar la voz que ha estado sonando en tu cabeza el momento antes. Y darle un nombre: ¿es una voz positiva, negativa, protectora, benevolente, voz que critica, voz que te tranquiliza, voz que te preocupa, que te abre caminos, voz de creatividad, confianza , miedo, amor, etc.?
  3.  Cada vez que suene la alarma y prestes la atención a tu voz, dale un nombre, como he indicado más arriba y anótalo en un cuaderno o tu propio móvil.
  4. La idea es que al cabo de la semana hayas anotado tantas voces como puedas. Incluso si ocurre, que sin que te suene la alarma, te has dado cuenta de que hay una voz nueva dentro de ti, dale un nombre, apúntala también.
  5.  Finalmente, cuando acabe la semana, haz una lista con todas estas voces. Es probable que te sorprendas de la cantidad de voces que hay en tu cabeza día tras día.

 

Y aquí me despido, espero te haya resultado interesante y sobre todo practico, es muy importante experimentar más que pensar, por eso te invito a pasar a la práctica.Si de

🌟 Y si de esta lectura surge alguna duda, cuenta conmigo! 

 

Siete emociones y para qué son útiles

LA VIDA ES UN BALANCE ENTRE TOMAR Y DEJAR IR

Anna BeuSam

Las siete emociones y para qué son útiles.

¿Emociones? ¿Cuán consciente eres de ellas? ¿En qué emoción estás ahora mismo? ¿Qué te permite esa emoción? ¿A qué acciones te acerca? ¿A qué resultado? ¿De qué te aleja? ¿En qué emoción están las de las personas que te rodean? Si la suma total de todas tus experiencias conforma el tapiz de tu vida, son las emociones que has experimentado las que dan color a ese tapiz. Nuestras emociones realmente dan color a nuestras vidas.

Las emociones son como un carro de caballos: puedes dejar que el carro de caballos tire de ti y se convertirá en el controlador de tu destino;  puedes coger el carro de caballos y guardarlo en el establo, reprimiendo o evitando, así, tus emociones. O puedes coger las riendas de los caballos y conducir el carro, convirtiéndote en quién, conscientemente, gestiona lo que siente, siempre desde lo que piensas. Tú eres quién decide de qué manera administra tus propias emociones.

Todos sentimos muchas emociones a lo largo del  día. La emoción de pre-ocupación es, en nuestra cultura, quizá la  forma mas habitual que nos lleva a experimentar ansiedad y miedo. La preocupación es el mecanismo que te mantiene inmovilizado ante algo que está en el futuro y sobre lo que, normalmente, careces de control. Piensas en ello, no puedes dominarlo, y te preocupa: el trabajo, el dinero, los hijos, el éxito… Todo siempre en condicional. La preocupación está íntimamente ligada con las expectativas. Te propongo OCUPARTE, en lugar de pre-ocuparte.

En  el extremo opuesto de la preocupación tenemos la reflexión constructiva acerca de un problema  que nos permite dar con la solución adecuada y con ello convertirlo en reto.

La pregunta es: ¿ESTA EMOCIÓN PUEDE CONMIGO? Si percibes que una situación, es más grande que tú, es decir, que no sabes todavía como conectar  con tus recursos para afrontarla, o que no sabes cómo gestionarla, es entonces cuando surge la ansiedad o sientes miedo. El miedo y la ansiedad tienen dos respuestas habituales: la paralización o inmovilización (no reaccionas), o la conducta de evitación: evitas aquella situación, persona, lugar… que te genera estas emociones. A mí me sirve preguntarme: ¿cómo puedo VER paz en lugar de esto?

Toda preocupación se asienta en el estado de alerta ante un peligro potencial. Nosotros tenemos un cerebro hecho para sobrevivir. Somos más emocionales que racionales. Digamos, que si el cerebro fuese un iceberg, la lógica o la razón sería la punta del iceberg. Primero decide tu cerebro emocional y después el racional lo procesa y lo explica.

Nuestro cerebro funciona a partir de las emociones, y aunque podemos razonar muchas de las cosas que nos pasan, tenemos mecanismos de defensa trasmutados en miedos y creencias que nos limitan para conseguir lo que queremos y que nos condicionan a nivel emocional. Nos restringen el acceso a nuestras voluntades convirtiendo el miedo en un obstáculo casi insalvable. Si quieres superar tus miedos, pero tienes dificultades para conseguirlo, aquí tienes un plan para resolverlo. Aquí tienes un plan para resolverlo, dale un vistazo a esto ¡te puede interesar participar!

Explicación científica

Para entender nuestras emociones, es importante conocer previamente el funcionamiento biológico de nuestro cerebro:

 

NEOCORTEX

El neurocientífico Paul D. MacLean  en si libro The Triune Brain in Evolution (El Cerebro Triuno en Evolución), nos explica como el cerebro consta de tres partes: el Complejo Reptiliano, el Sistema Límbico y el Neocórtex.

El Complejo Reptiliano, nuestro cerebro más primitivo, sería el responsable de que tengamos comportamientos y pensamientos instintivos para sobrevivir. Es el que actuaría en situaciones límite, donde no necesitas pensar, sino reaccionar rápidamente, como cuando ves que alguien te puede robar y sales corriendo o cuando retiras tu mano porque te vas a quemar.

En el Sistema Límbico  está el origen de tus emociones. Su premisa es huir del dolor y acercarse al placer. En él se encuentra la amígdala, que son dos estructuras que se sitúan detrás de nuestros ojos, y donde quedan registradas la carga emocional de cada una de las cosas que vivimos. Así mismo, la información de los recuerdos quedaría registrada en otra estructura llamada Hipotálamo. Éste asocia los recuerdos, con las emociones. Por ejemplo: si escuchas una canción que te recuerda a una persona especial, tu hipotálamo diría: recuerdo (canción) y tu amígdala diría: emoción (nostalgia, melancolía, alegría, tristeza…)

Por último el Neocórtex o corteza cerebral sólo se encuentra en los mamíferos más evolucionados, y en los humanos y es el responsable de hablar, razonar, de la percepción y de la abstracción.

En resume:  tu cerebro primitivo o Complejo Reptiliano  es el que decide, tu Sistema Límbico o emocional siente, y el nuevo cerebro o Neocórtex, piensa.

Si quieres superar tus miedos, tu ansiedad, o aquello que no te deja seguir adelante, tendrás que traerlo al plano consciente, asumiendo lo que es racional; lógico, analítico y verbal.  En ese escenario se pueden tomar decisiones, reflexionar, elegir tus actividades y tus actos, razonar, analizar y sintetizar. La palabra consciente, darse cuenta, tiene aquí un significado literal: tú eres consciente de que utilizas tu espíritu para hacer algo. Se trata de comprobar cómo te influye y las consecuencias posibles para luego decidir (elegir) luego cómo actuar.

Recuerda que si no sabes como comenzar tu sólo, siempre puedes pedir ayuda a un profesional. A medida que lo vayas haciendo, te darás cuenta que cuando cambias tu forma de ver las cosas, las cosas cambiarán. Y de cómo la coherencia entre lo que deseas y lo que consigues es cada vez mayor.

¿Para qué es importante aprender a gestionar tus emociones?

Para poder ser tú el que conduzca tu carro de caballos. Porque si bien no sabemos con exactitud dónde se almacenan la actitud, la conciencia, las creencias, las decisiones o la experiencia, sí sabemos que se pueden cambiar. Y que cuando las cambias, lo que ves, sientes, piensas o decides hacer, también cambia.

En muchas ocasiones, hablar de emoción, especialmente en el entorno laboral, sigue siendo algo tabú, prohibido e incómodo. Estamos más acostumbrados a manejarnos en entornos que pretenden ser asépticos, que aspiran a quirúrgicamente extirpar el lado emocional de las situaciones. Pretenden y aspiran, que no logran. Tales intenciones nunca prosperan..

Científicamente se ha demostrado que las emociones no son de humo; que las emociones son del cerebro; que las emociones están y que no hablar de ellas, o no reconocerlas, no las hace desaparecer. Y también se sabe que una emoción no se evapora: si no se se acepta, sino que se reprime, saltará por los aires en un grado superlativo.

En mi experiencia he aprendido, vivido y logrado que es posible transformar la emoción.  Sabemos que para hacer determinadas acciones hay que estar en determinada emoción. Que hay una relación entre emoción y acción y por tanto, resultado. Que se puede transformar la manera de enfrentarse a una emoción.

Para avanzar es imprescindible conocer exactamente nuestra emoción. Detectarla y analizarla. Lo que es posible desde una determinada emoción es imposible desde la emoción contraria o inversa: si queremos reír, no podemos llorar a la vez. Por lo tanto, si queremos alcanzar el reto deseado se hace imprescindible conectar con la emoción adecuada que permite el cambio necesario. Cambio, crecimiento, aprendizaje y resultados son nuestro material de trabajo de cada día. Saber gestionar las emociones involucradas en cada momento nos permitirá avanzar hacia su aceptación y una vida plena desde la paz interior.

Esta es una relación básica entre emoción y acción. Las siete emociones que comparten tu vida, con sus utilidades y las acciones que provocan.

Después de leerla. ¿En qué emoción estás? Reconócela, acéptala sin juicios. ¿En cuál necesitas estar para alcanzar el objetivo?

Y ahora, ¿qué vas a hacer para generar esa emoción? Sí,  esa es tarea tuya. Si pensamos que la mayor responsabilidad de una persona es generar el contexto adecuado para que las cosas sucedan, en mi opinión el contexto emocional que la persona genere tiene un peso específico y es preciso abordarlo en profundidad.

EXPERIMENTA Y PRACTICA:

«Los grandes viajes empiezan con un primer paso» Lao Tse.

  1. Apunta durante una semana aquello que te produce bienestar o placer.
  2. Programa varias alarmas a lo largo de la semana para acordarte del reto.
  3. Agradece. Escríbelo y comparte. O haz fotos que refejen esos momentos especiales y crea un collage. O grábate en un vídeo contando en voz alta esos momentos que te hacen feliz. El resultado podría ser algo así como un imagen de tu propio inicio.
  4. Define ¿Cuál es tu propio reto ahora?